Los Interesados

En un par de entradas recientes, el profesor José Ramón Rodríguez ha reflexionado sobre ¿Beneficios para qué? y ¿Beneficios para quién?, al tratar sobre el valor de los SI/TI.

Gráfica: Una tabla tentativa de interesados

En otra reciente entrada sobre COBIT 5, yo decía que:

  • COBIT 5 —Un Marco de Negocio para el Gobierno y la Gestión de las TI de la Empresa—, entre sus 5 Principios, tiene el de que “se rige por la persecución del valor para los interesados (stakeholders)”; y que
  • En toda organización, el órgano de gobierno es el responsable de interpretar el ‘entorno’ (mercado, competencia, cadena logística, reguladores, entorno político-económico y cultural) y el ‘interno’ (la propia organización) y, en particular, los intereses, las necesidades y el poder —cambiante— de los principales grupos de interés (stakeholders), para traducirlos en objetivos [valor a obtener] de la empresa (u organización).

Me propongo reflexionar aquí sobre ‘Los Interesados’ (stakeholders) y su gestión. No hay acuerdo sobre su mejor denominación en español: ‘partes interesadas’, ‘interesados’ o ‘grupos de interés’.

El concepto de ‘parte interesada’ (stakeholder) es un concepto moderno, de finales del siglo XX. El —a menudo contrapuesto— de ‘accionista’ (shareholder) tiene raíces mucho más antiguas (lo encontramos ya en las Compañías de Indias del siglo XVII, cuando diversos comerciantes y emprendedores acordaban asumir partes alícuotas en los gastos, riesgos y retornos de una o más expediciones). Entre ‘dueño’ (parcial: accionista) e ‘interesado’ ha habido toda una evolución, fruto de la cultura, el desarrollo y la diversificación, en las sociedades democráticas.

Por abreviar aquí, en el siglo XX el concepto omnímodo de ‘amo’ o ‘dueño’ ha venido evolucionando a una diversidad de matices de ‘partes interesadas’ en cualquier negocio o proyecto, hasta llegar a la definición probablemente más generalmente aceptada ahora de ‘interesado’, que es la de la norma UNE-ISO 31000:2010 Gestión del riesgo. Principios y directrices.

La ISO 31000 dice que (traducción mía del original inglés):

“2.15.
interesado.
persona u organización que puede afectar a, ser afectado por, o considerarse afectado por una decisión o actividad
NOTA: Un decisor puede ser un interesado
[Definición 3.2.1.1. de Guía ISO 73:2009]”

Definición que coincide con la del PMBOK, 5ª edición.

Con lo que se ha rizado el rizo de esa evolución, al llegarse a una definición ‘subjetiva’ (“considerarse afectado”), basta que yo declare sentirme afectado por algo que la empresa/organismo haga (u omita) para convertirme en parte interesada —cualquier espontáneo que lo desee puede torear en esta corrida. Otra cosa será lo que resulte en la práctica, y —en su caso— diga el juez.

De esta forma, la amplísima lista [ver Tabla] de los que tradicionalmente se han venido considerando interesados por profesionales y académicos queda ampliada, sin límite, a quien desee incluirse.

Las empresas / proyectos inteligentes gestionan a sus interesados. Esa gestión supone:

  1. Inventariarlos
  2. Analizarlos e identificar —quizá ayudándose de un ‘mapa térmico’:
  3. Seleccionar el núcleo (core) de interesados a  ser gestionados segregadamente; y la combinación (mix) de intereses a atender.
  4. Diseñar la estrategia de servicio a la combinación de intereses elegida. (Aquí es donde puede entrar en juego la ‘cascada de objetivos’ de COBIT 5).
    • Diseñar la estrategia de mitigación de eventuales efectos negativos de acciones/omisiones de interesados insatisfechos.
  5. Diseñar el plan de comunicación (probablemente segregada) de progreso en esa satisfacción de intereses.
  6. Ejecutar y ajustar las estrategias y planes.
  7. Iterar desde 1., conscientes de que los interesados, sus intereses, fuerza y debilidades probablemente cambien con las circunstancias (ej.: a lo largo de la vida de un proyecto).

Manolo Palao Garcia-Suelto es colaborador docente de las asignaturas de Planificación y Dirección Estratégica de Sistemas de Información de la Universitat Oberta de Catalunya y miembro de ISACA y del ITTrends Institute.

Pantallas y retinas

¿Cuántas horas nos pasamos al día delante de una pantalla de móvil u ordenador? ¿Puede tener este hábito un impacto en nuestra salud visual? Probablemente habrás oído estas preguntas antes. De hecho, no es una pregunta nueva: si eres de mi generación (ya he cumplido los cuarenta), quizás recuerdes a alguien que te decía cuando eras un niño: “no te pongas tan cerca de la televisión que te vas a quedar ciego”. Esta es una pequeña broma, pero está claro que la exposición a fuentes de luz nos preocupa desde hace mucho tiempo, y parece que desde que los dispositivos móviles han llegado para quedarse hay nuevos argumentos para reavivarla: nos pasamos muchas horas delante de una pantalla, y la tecnología LED que está detrás de estas pantallas en sus diferentes variantes cada vez produce luz más intensa.

De hecho, esta preocupación ha llegado a crear un nicho de mercado. Actualmente existen varias empresas que han lanzado al mercado diversos productos que están destinados a proteger nuestros ojos de la luz de estos dispositivos: filtros para tablets o móviles, o lentes de gafas que aseguran que nos protegen de la luz de las pantallas [1]. En general, estos productos están destinados a bloquear la luz azul que llega a nuestra retina, ya que hay diferentes estudios que hablan de que la luz azul de las fuentes LED tiene efectos en la salud de las personas [2].

¿Por qué preocupa especialmente la luz azul?

La luz es una onda electromagnética y, dependiendo de su color, puede ser más o menos energética: la luz azul es más energética que la luz roja, y se comporta diferente en cuanto a los efectos que puede tener en nuestra retina. La luz roja puede generar efectos térmicos en la retina: si una luz roja muy potente, por ejemplo la de un láser, llega a la retina, puede llegar a quemarla, generando una lesión que puede ser permanente. Es lo que llamamos el efecto fototérmico. En general, este efecto se considera que es inmediato: si el haz de luz genera un daño, lo hará en el momento de la exposición.

Con la luz azul el efecto fototérmico está presente de la misma manera que en la luz roja: un haz de luz azul llegando a la retina nos puede generar daños de manera inmediata si es lo suficientemente potente. Pero, si recordáis, hemos dicho que la luz azul es más energética que la luz roja, y tiene la capacidad de, además de calentar la retina, generar una serie de reacciones químicas que pueden dar lugar a unos subproductos o residuos que son tóxicos para la retina. Esto es lo que llamamos el efecto fotoquímico. A diferencia del efecto fototérmico, el efecto fotoquímico es acumulativo: si exponemos la retina a luz azul un día, puede que no pase nada. Si lo hacemos dos días, quizás tampoco. Pero al irse acumulando, puede llegar un día en el que, efectivamente, se genere una lesión al haberse acumulado muchos de estos subproductos o residuos de las reacciones químicas que genera la luz azul en la retina. Además, la luz azul se relaciona con la aparición de enfermedades degenerativas de la retina, como la Degeneración Macular Asociada a la Edad (DMAE).

Y de aquí es de dónde viene la preocupación con el uso de tecnología LED: la intensidad de la luz que emiten las pantallas de los teléfonos móviles puede ser muy intensa, y si además las utilizamos durante mucho tiempo, la controversia está servida.

¿Debo preocuparme?

Hay estudios realizados en diferentes grupos de investigación que han observado el efecto de la luz azul en la retina de animales, principalmente ratones [3], pero también con células de retinas humanas en cultivo [4]. Las conclusiones son que, efectivamente, se ha observado un aumento de los residuos generados por la luz azul. Incluso, en algunos de estos estudios se han generado estas alteraciones de la composición de la retina utilizando únicamente la luz de pantallas de tablets. Estos experimentos parece que apuntan en una dirección que, efectivamente, es preocupante. Pero no seamos alarmistas: los ratones no son humanos, y las condiciones a las que han sido sometidos no son las mismas que nos encontramos nosotros en la oficina, o viajando en transporte público mientras miramos la pantalla de nuestro móvil. De hecho, la Sociedad Española de Oftalmología ha lanzado un comunicado recientemente en el que intenta tranquilizar a la población sobre este problema, aunque sí que animan a profundizar la investigación para dar una respuesta más fundamentada [5].

Por mi trabajo, he tenido que leer mucho sobre la seguridad de la retina cuando se expone a luz de diferentes colores, y personalmente este tema me preocupa. Por eso, lo que intento es fijar el brillo de mi pantalla del móvil, tablet y ordenador al mínimo posible que me permite ver cómodamente. A mí esto me tranquiliza. Si este es un tema que a vosotros también os interesa, probablemente deberíais hablarlo con vuestro oftalmólogo. Eso sí, en este momento, no sé si hay un consenso avalado por datos fiables sobre cuáles son los verdaderos efectos sobre la retina de la exposición continuada a las pantallas de móviles, tablets y ordenadores.

Notas

[1] Consumo Claro, “Lentes con filtros bloqueadores de la luz azul: ¿sirven de algo?” [Online]. Available: http://www.eldiario.es/consumoclaro.

[2] M. Kim, “Blue glow from electronics can keep you from sleeping, and it’s particularly hard on teenagers,” Washington Post, 01-Sep-2014. https://www.washingtonpost.com/national/health-science/blue-light-from-electronics-disturbs-sleep-especially-for-teenagers/2014/08/29/3edd2726-27a7-11e4-958c-268a320a60ce_story.html

[3] C.-H. Lin et al., “Editor’s Highlight: Periodic Exposure to Smartphone-Mimic Low-Luminance Blue Light Induces Retina Damage Through Bcl-2/BAX-Dependent Apoptosis,” Toxicol. Sci., vol. 157, no. 1, pp. 196–210, May 2017.

[4] E. Chamorro, C. Bonnin-Arias, M. J. Pérez-Carrasco, J. M. de Luna, D. Vázquez, and C. Sánchez-Ramos, “Effects of Light-emitting Diode Radiations on Human Retinal Pigment Epithelial Cells In Vitro,” Photochem. Photobiol., vol. 89, no. 2, pp. 468–473, Mar. 2013.

[5] “Filtros azules para pantallas de visualización (Comunicado oficial SEO).” https://www.oftalmoseo.com/filtros-azules-para-pantallas-de-visualizacion/

David Merino es doctor en Físicas e imparte esta asignatura en varios programas de la Universitat Oberta de Catalunya. Además de la docencia, David se dedica a la investigación en temas relacionados con las técnicas de imagen de alta resolución aplicadas a la oftalmología.

Los cuatro pilares de la estrategia de sistemas de información

La estrategia de sistemas de información (SI) tiene que ver con los usos que hacen las empresas de la tecnología para aumentar su valor y mejorar su posición competitiva. La estrategia de SI tiene que ver con la demanda del negocio. La estrategia tecnológica (TI) tiene que ver con la infraestructura y las herramientas, con la oferta de informática, decía Michael Earl hace 30 años. Quizá ahora esa diferencia en parte se diluye, en la medida que las tecnologías de la transformación digital (las tecnologías de lo social, la nube, los móviles, la Internet de las Cosas, los big data o la Inteligencia Artificial, entre otras) no solamente soportan las operaciones sino que también indican nuevas oportunidades para el negocio.

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Los cuatro pilares de la estrategia de sistemas de información

Hacer estrategia de SI, en la definición un poco más abierta que hacían Lederer y Sethi más o menos por la misma época, es “proporcionar a una organización un conjunto integral de activos de IT para dar soporte a sus procesos de negocio y facilitar su transformación, para adquirir ventajas competitivas duraderas.”

La estrategia de SI está en el filo de las ciencias sociales y de la informática, de las escuelas de negocios y de las de ingeniería, de la práctica profesional y de la literatura científica. Probablemente por eso es, al mismo tiempo, una ciencia, un conjunto de técnicas y un arte. Este raro artefacto tiene cuatro componentes o fundamentos.

  • La visión explica el futuro del negocio, transformado por el uso de la información y la tecnología. Es un relato compartido, un espacio de diálogo entre la informática y la empresa. A diferencia de otras funciones empresariales (el marketing, la producción o las finanzas), los sistemas de información están embebidos en todos los procesos de la organización. Por eso la planificación de SI es estratégica y su gobierno es corporativo.
  • La arquitectura es la pieza que relaciona la misión, la estructura y los procesos empresariales con la tecnología y determina la forma que tiene la informática en la empresa.  La arquitectura (a alto nivel: la “arquitectura de empresa“) une lo permanente y necesario (la misión y los procesos fundamentales que explican cada organización) y lo urgente y oportuno (las prioridades del negocio en un momento o para un periodo). Relaciona lo viejo (el legacy) y lo nuevo. Dijimos una vez aquí que era el “eslabón perdido” entre hombres y máquinas.
  • Visión y arquitectura son los fundamentos de la ejecución, pero no sirven para ejecutar si no existe una estrategia para construir el futuro, una estrategia de ejecución, una hoja de ruta, un plan. Un plan no es un diagrama de Gantt ni una colección de proyectos más o menos ordenada, un “programa”. A mí me gusta imaginar el plan como una “agenda” inteligente y enfocada, formada por un conjunto pequeño de proyectos estratégicos o palancas de cambio (normalmente, la construcción e integración de las grandes piezas de la arquitectura), una colección de mejoras sobre los sistemas y prácticas actuales, una serie de decisiones y acciones inmediatas que visualizan el cambio y tienen un efecto tractor y un programa de sustitución o abandono de ruido técnico y organizativo.
  • El gobierno (o la gobernanza, que se dice ahora) de la estrategia, del plan, de la IT en su conjunto, es la condición para ejecutar. Como decían Ward y Peppard hace unos años, el éxito de la estrategia de SI “requiere de una aproximación estratégica y continuada par la gestión de todos los aspectos que se derivan, desde la justificación de las inversiones hasta la implementación y el uso efectivo de la información, las aplicaciones y la tecnología”. Y más: “Frecuentemente el fracaso a la hora de conseguir la estrategia establecida es el resultado de manejar inadecuadamente cuestiones organizacionales, políticas y culturales.” Gobierno quiere decir muchas cosas; pero, sobre todo, quiere decir, creo yo, escoger la gente adecuada, distribuir efectivamente las responsabilidades y derechos de decisión y asegurarse que las cosas pasan.

Se dice ahora que la estrategia se construye cada día a lo largo de la ejecución, “strategy as a practice“. Es verdad, pero tampoco funciona sin estos cuatro pilares.

José Ramón Rodríguez es profesor de dirección de las TIC en diferentes programas de la UOC y consultor independiente. Investiga la planificación y gestión de proyectos de transformación empresarial facilitados por los sistemas y tecnologías de la información.

El tiempo en la era digital

(Trobareu la versió en català més avall)

Hace un siglo, el economista John Maynard Keynes imaginó que, a comienzos del siglo XXI, en los países desarrollados sólo tendríamos que trabajar tres horas al día para cubrir todas nuestras necesidades. Eso sería gracias al aumento de la productividad que comportaría el progreso técnico. La gente, entonces, podría tener una vida contemplativa y feliz. En cambio, en realidad, ha ocurrido lo contrario. En la sociedad de la información y la comunicación, las máquinas no nos han liberado del trabajo y hay una creciente sensación de falta de tiempo en la vida cotidiana. Ese es el enigma que Judy Wajcman explora en su reciente libro traducido al castellano por la editorial Paidós Esclavos del tiempo. Vidas aceleradas en la era del capitalismo digital: “que vivimos en una sociedad de la aceleración en la que el incremento tecnológico no produce más tiempo libre y tiempo de inactividad, sino, de hecho, un ritmo de vida cada vez más rápido”.

Judy Wajcman, conocida pionera en los estudios sociales de la tecnología, nos sorprende de nuevo con este análisis profundo sobre la forma cómo la tecnología participa de forma esencial en la configuración del concepto y de la práctica del tiempo en la sociedad. La clave para entender la tensa y compleja relación entre tecnología y tiempo, sugiere la autora, es el concepto de soberanía temporal, es decir, la capacidad de decidir cómo distribuimos nuestro tiempo. En este libro de lectura fácil y apasionante a la vez, la autora nos descubre caminos de reflexión por los que no imaginábamos transitar. Su tema es, en apariencia, la sociedad de la aceleración.

Desde la invención del telégrafo, momento en que, por primera vez, una máquina podía desligar la comunicación del medio de transporte, permitiendo que la información se moviera de manera independiente al transporte -de manera similar a Internet hoy-, la proliferación de TIC cada vez más eficientes debían ayudar a controlar el tiempo. Entonces, ¿cómo es que parecen controlarnos a nosotros? ¿Cómo es que cada vez parece que tengamos menos tiempo personal? La autora hace un extenso estudio de las diversas formas en las que la tecnología reconfigura el tiempo; un estudio que nos sorprenderá, nos inquietará y nos esperanzará a la vez.

Se analiza el tiempo de trabajo y su reformulación en la era digital, ya que el modo cómo empleamos nuestro tiempo se basa, sobre todo, en la forma en que trabajamos. La idea de que el trabajo se regule por el tiempo lineal de reloj, nos recuerda la autora, es una característica relativamente reciente de las sociedades industriales. La búsqueda de la máxima velocidad y eficiencia, el uso disciplinado del tiempo, sólo se hicieron hegemónicos en una economía de mercado donde el tiempo es dinero. Hoy en día, cada vez menos trabajadores fichan al entrar y salir del trabajo, pero aquella idea del tiempo industrial todavía configura el modo en que entendemos el tiempo de trabajo.

En esa lógica del tiempo, cada vez más personas utilizan las apps de gestión del tiempo para aprovecharlo mejor y para determinar exactamente qué se hace durante el día. Bajo la creencia de que perder tiempo es malo y deberíamos maximizar nuestra productividad, estas apps, a menudo, opina Wajcman, reducen el tiempo a una métrica estándar.

Judy Wajcman nos ilustra también sobre otros pensadores, como es el caso de la socióloga Juliet Schor, que clama contra la cultura de las largas jornadas, el crecimiento ilimitado y el consumo excesivo, y según la cual hemos perdido el control del ritmo de la vida cotidiana: se trabaja demasiado, se come deprisa, nos relacionamos poco, se conduce y se permanece en medio del tráfico durante demasiadas horas, se duerme poco, y aun así nos sentimos apremiados por el tiempo. Por eso, la articulación entre trabajo y vida es necesaria hoy más que nunca. En las empresas se están instaurando políticas de conciliación de la vida personal y laboral, pero a la vista de los resultados son todavía claramente insuficientes.

La tecnología, que debía habernos aliviado el tiempo de trabajo, sin embargo, consume tiempo. Familiarizarse y aprender a manejar dispositivos digitales exige dedicación. Incluso comprar on-line, que también promete ahorrar tiempo, puede acabar resultando una actividad que nos roba el tiempo antes reservado al descanso o al ocio (pensad, por ejemplo, en las horas dedicadas durante el Black Friday – Cyber Monday a la compra on-line).

Según la autora, los datos masivos (Big Data) prometen un futuro de compras continuas, y toda una serie de herramientas on-line, servicios y apps, nos rastrearán y obtendrán información sobre nuestros deseos y necesidades, asegurándonos que nuestro consumo se hará más racionalizado y eficiente. Sin embargo, Amazon se está acercando ya a los envíos realizados el mismo día de la compra, y la gente se acostumbra fácilmente a la gratificación inmediata, de forma que cada vez será más difícil obtener una satisfacción “sin prisas”. Una posible solución es la de la vía del “vivir despacio”, propuesta por movimientos como el Slow Food, centrado en el contraste entre comida rápida y lenta, en un intento de dedicar más tiempo a actividades “vitales”, preservar zonas lentas, etc. Esta filosofía, sin embargo, requiere más innovación tecnológica.

Y, en efecto, concluye la autora: las nuevas tecnologías del futuro próximo que poblarán el mundo  de robots y sujetos posthumanos mejorados por la tecnociencia pueden llevarnos a una vía evolutiva hacia “una existencia ciborgiana transformada”. Pero habrá que estar atentos porque la tecnología configura no solo las máquinas sino también los marcos culturales para entendernos a nosotros mismos. Los órdenes sociotécnicos no están predeterminados, sino que son resultado de la unión de humanos y no humanos para construir la sociedad.

Muy a menudo se hace una crítica negativa sobre el impacto de los dispositivos digitales en la vida. Aunque Judy Wajcman hace un análisis exhaustivo de la forma cómo estos han acelerado nuestra sociedad, también defiende que las tecnologías rápidas e inteligentes proporcionan una gran oportunidad para alcanzar una sociedad más justa y humana. El ritmo de vida ajetreado no depende de los artilugios en sí, sino de las prioridades que nosotros establecemos. Por eso, la crítica reflexiva sobre la forma cómo esa tecnología afecta nuestro tiempo es tan importante. Y seguro que nos ayudará a “tomar el control de nuestro tiempo durante más tiempo”.

M. Antonia Huertas es doctora en Matemáticas por la Universidad de Barcelona (UB). Licenciada en Matemáticas por la Universidad de Barcelona y en Humanidades por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Es profesora de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la UOC. Su trabajo de investigación se centra en Lógica y en e-Learning.

El temps en l’era digital

Fa un segle, l’economista John Maynard Keynes va imaginar que, al començament del segle XXI, als països desenvolupats només hauríem de treballar tres hores al dia per cobrir totes les nostres necessitats. Això seria gràcies a l’augment de la productivitat que comportaria el progrés tècnic. La gent, aleshores, podria tenir una vida contemplativa i feliç. En canvi, en realitat, ha passat el contrari. En la societat de la informació i la comunicació, les màquines no ens han alliberat de la feina i hi ha una creixent sensació de manca de temps en la vida quotidiana. Aquest és l’enigma que Judy Wajcman explora en el seu recent llibre traduït al castellà per l’editorial Paidós Esclavos del tiempo. Vidas aceleradas en la era del capitalismo digital: “que vivim en una societat de l’acceleració en la qual l’increment tecnològic no produeix més temps lliure i temps d’inactivitat, sinó, de fet, un ritme de vida cada vegada més ràpid”.

Judy Wajcman, coneguda pionera en els estudis socials de la tecnologia, ens sorprèn de nou amb aquesta anàlisi profunda de la forma com la tecnologia participa de manera essencial en la configuració del concepte i de la pràctica del temps en la societat. La clau per entendre la tensa i complexa relació entre tecnologia i temps, suggereix l’autora, és el concepte de sobirania temporal, és a dir, la capacitat de decidir com distribuïm el nostre temps. En aquest llibre de lectura fàcil i apassionant alhora, l’autora ens descobreix camins de reflexió pels quals no imaginàvem transitar. El seu tema és, en aparença, la societat de l’acceleració.

Des de la invenció del telègraf, moment en què, per primera vegada, una màquina podia deslligar la comunicació del transport, permetent que la informació es mogués independentment del transport -de manera similar a Internet avui-, la proliferació de TIC cada vegada més eficients havien ajudar a controlar el temps. Llavors, ¿com és que semblen controlar-nos a nosaltres? Com és que cada vegada sembla que tinguem menys temps personal? L’autora fa un extens estudi de les diverses formes en què la tecnologia reconfigura el temps que ens sorprendrà, ens inquietarà i ens esperançarà alhora.

S’analitza el temps de treball i la seva reformulació en l’era digital, ja que la manera com fem servir el nostre temps es basa, sobretot, en la forma en què treballem. La idea que el treball es reguli pel temps lineal de rellotge, ens recorda l’autora, és una addició relativament recent de les societats industrials. La recerca de la màxima velocitat i eficiència, l’ús disciplinat del temps, només es van fer hegemònics en una economia de mercat on el temps són diners. Avui dia, cada vegada menys treballadors fitxen en entrar i sortir de la feina, però aquella idea del temps industrial encara configura la manera en què entenem el temps de treball.

En aquesta lògica del temps, cada vegada més persones utilitzen les apps de gestió del temps per aprofitar-lo millor i per determinar exactament què es fa durant el dia. Sota la creença que perdre temps és dolent i hauríem de maximitzar la nostra productivitat, aquestes apps, sovint, opina Wajcman, redueixen el temps a una mètrica estàndard.

Judy Wajcman ens il·lustra també sobre altres pensadors, com és el cas de la sociòloga Juliet Schor, que clama contra la cultura de les llargues jornades, el creixement il·limitat i el consum excessiu, i segons la qual hem perdut el control del ritme de la vida quotidiana: es treballa massa, es menja de pressa, ens relacionem poc, es condueix i s’està enmig del trànsit durant massa hores, es dorm poc, i tot i així ens sentim apressats pel temps. Per això, l’articulació entre treball i vida és necessària avui més que mai. A les empreses s’estan instaurant polítiques de conciliació de la vida personal i laboral, però a la vista dels resultats són encara clarament insuficients.

La tecnologia, que ens havia d’alleujar el temps de treball, consumeix temps. Familiaritzar-se i aprendre a manejar dispositius digitals exigeix ​​dedicació. Fins i tot comprar on-line, que també promet estalviar temps, pot acabar resultant una activitat que ens roba el temps abans reservat al descans o a l’oci (pensaeu, per exemple, en les hores dedicades durant el Black FridayCyber ​​Monday a la compra on-line).

Segons l’autora, les dades massives (Big Data) prometen un futur de compres contínues, i tot un seguit d’eines on-line, serveis i apps ens rastrejaran i obtindran informació sobre els nostres desitjos i necessitats, assegurant-nos que el nostre consum es farà més racionalitzat i eficient. No obstant això, Amazon s’està acostant ja als enviaments realitzats el mateix dia de la compra, i la gent s’acostuma fàcilment a la gratificació immediata, de manera que cada vegada serà més difícil obtenir una satisfacció “sense presses”. Una possible solució és la de la via del “viure poc a poc”, proposada per moviments com l’Slow Food, centrat en el contrast entre menjar ràpid i lent, en un intent de dedicar més temps a activitats “vitals”, preservar zones lentes, etc. . Aquesta filosofia, però, requereix més innovació tecnològica.

I, en efecte, conclou l’autora: les noves tecnologies del futur pròxim que poblaran el món de robots i subjectes posthumans millorats per la tecnociència poden portar-nos a una via evolutiva cap a “una existència ciborgiana transformada”. Però caldrà estar atents perquè la tecnologia configura no només les màquines sinó també els marcs culturals per entendre’ns a nosaltres mateixos. Els ordres sociotècnics no estan predeterminats, sinó que són resultat de la unió d’humans i no humans per construir la societat.

Molt sovint es fa una crítica negativa sobre l’impacte dels dispositius digitals en la vida. Encara que Judy Wajcman fa una anàlisi exhaustiva de la forma com aquests han accelerat la nostra societat, també defensa que les tecnologies ràpides i intel·ligents proporcionen una gran oportunitat per assolir una societat més justa i humana. El ritme de vida atrafegat no depèn dels artefactes en sí, sinó de les prioritats que nosaltres establim. Per això, la crítica reflexiva sobre la forma com aquesta tecnologia afecta el nostre temps és tan important. I segur que ens ajudarà a “prendre el control del nostre temps durant més temps”.

M. Antonia Huertas és doctora en Matemàtiques per la Universitat de Barcelona (UB). Llicenciada en Matemàtiques per la Universitat de Barcelona y en Humanitats per la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). És professora dels Estudis d’Informàtica, Multimèdia i Telecomunicació de la UOC. El seu treball de recerca se centra en la Lògica y l’e-Learning.

Información digital contra desastres: dos ejemplos

(Trobareu la versió en català més avall)

En las últimas décadas, el número de desastres en todo el mundo y sus impactos humanos y materiales han ido aumentado, con una cierta tendencia, muy reciente, a estabilizarse en los últimos años, según datos recogidos por el Center for Research on the Epidemiology of Disasters (Institut of Health and Society, Universidad Católica de Lovaina). Factores como, por ejemplo, una creciente presión humana sobre el medio ambiente y la complejidad de muchos sistemas tecnológicos han contribuido a su aumento. Pero, por otro lado, la aplicación creciente de las tecnologías y sistemas de información a su prevención y monitorización, así como a la respuesta a estos acontecimientos, ha contribuido a evitarlos y, si se tercia, a combatirlos. En este sentido, apuntaremos brevemente dos aplicaciones tecnológicas, una de ellas en el ámbito de la prevención y estudio, y otra en aquello que concierne a la respuesta.

Así, la base de datos EM-DAT International Disaster Database, del Center for Research on the Epidemiology of Disasters (Institut of Health and Society, Universidad Católica de Lovaina), almacena información sobre desastres en todo el mundo desde 1900 hasta la actualidad, con voluntad de recoger exhaustivamente todos aquellos acontecimientos que cumplan unos requisitos mínimos en cuanto a importancia. Ha ido acumulando registros referentes a unos 14.000 desastres naturales en todo el planeta y unos 8.400 desastres tecnológicos. Las tipologías de acontecimientos son bastante diversas: terremotos, erupciones volcánicas, inundaciones, temperaturas extremas, sequías, incendios, epidemias, plagas de insectos, impactos de meteoritos, atentados terroristas, escapes de sustancias tóxicas, etc. La base de datos dispone de diferentes facilidades de recuperación de datos y de presentación visual, por tipologías, ámbitos geográficos y períodos cronológicos, siendo una herramienta potente, por ejemplo, para facilitar la formulación de políticas de planificación y prevención de riesgos en un determinado territorio. La aplicación es de libre acceso para profesionales e investigadores sin ánimo de lucro y agradece el feedback de los usuarios. Si consultáis el informe anual más reciente que han publicado a partir de los datos que recogen, Annual Disaster Statistical Review 2016, podréis haceros una idea de las tendencias.

Por otro lado, hay un caso muy reciente de plataforma digital creada espontáneamente como respuesta a una crisis, se trata de #Verificado19S, levantada con el objetivo de verificar y organizar la información para hacer más eficiente la respuesta ciudadana al seísmo de México del pasado 19 de septiembre. Una potente red de voluntarios individuales y organizaciones de la sociedad civil, con el apoyo de empresas, creó este lugar web para canalizar la información que surgía en la red sobre las consecuencias del terremoto. El conocimiento y el trabajo de activistas sociales, programadores informáticos y periodistas se combinó para dar lugar a esta plataforma. Su output principal es un mapa de crisis en tiempo real con información contrastada y verificada, que incluye informaciones sobre: daños, centros de provisiones, centros de acogida, puntos de acceso de internet libre, etc. Asimismo, integraban información proveniente de otras plataformas. De forma que éste sobrevino el mapa de referencia para la gestión de la crisis, a pesar de no haber sido elaborado por instancias oficiales.

Estos son dos ejemplos de cómo las aplicaciones digitales pueden ayudar en todas las fases del ciclo de un desastre: prevención y preparación, respuesta, recuperación y reconstrucción, análisis y aprendizaje. Ambos casos muestran algunas tendencias crecientes en la aplicación de las tecnologías digitales en la gestión de desastres. Así, nacen de instituciones académicas o de plataformas creadas adhoc por la sociedad civil, que complementan el trabajo de las instituciones oficialmente encargadas de la gestión de desastres. Y remarcan la importancia de la intervención humana para clasificar, contrastar y verificar la información para que esta resulte de utilidad. Ejemplos, por lo tanto, de aplicaciones de tecnologías y contenidos digitales al servicio de las personas.

Josep Cobarsí es ingeniero de Telecomunicación por la Universitat Politècnica de Catalunya y doctor en Organización de Empresas por la Universitat de Girona. Actualmente, es profesor de sistemas de información y de gestión del conocimiento en la Universitat Oberta de Catalunya.

Informació digital contra desastres: dos exemples

En les darreres dècades, el nombre de desastres arreu del món i els seus impactes humans i materials  han anat augmentat, amb una certa tendència a estabilitzar-se molt recent en els darrers anys, segons dades recollides pel Center for Research on the Epidemiology of Disasters (Institut of Health and Society, Universitat Catòlica de Lovaina). Factors com ara una creixent pressió humana sobre el medi ambient, i la complexitat de molts sistemes tecnològics han contribuït al seu augment. Però d’altra banda, l’aplicació creixent de les tecnologies i sistemes d’informació a la seva prevenció i monitorització, així com a la resposta a aquests esdeveniments, ha contribuït a evitar-los i si s’escau a combatre’ls. En aquest sentit, apuntarem breument dues aplicacions tecnològiques, una d’elles en l’àmbit de la prevenció i estudi, i una altra en allò que concerneix a la resposta.

Així, la base de dades EM-DAT International Disaster Database, del Center for Research on the Epidemiology of Disasters (Institut of Health and Society, Universitat Catòlica de Lovaina) emmagatzema informació sobre desastres arreu del món des de 1900 a l’actualitat, amb voluntat de recollir exhaustivament tots aquells esdeveniments que acompleixin uns requisits mínims pel que fa a importància. Ha anat acumulant registres referents a uns 14.000 desastres naturals arreu del planeta i uns 8.400 desastres tecnològics. Les tipologies d’esdeveniments són prou diverses: terratrèmols, erupcions volcàniques, inundacions, temperatures extremes, sequeres, incendis, epidèmies, plagues d’insectes, impactes de meteorits, atemptats terroristes, fuites de substàncies tòxiques, etc. La base de dades disposa de variades facilitats de recuperació de dades i de presentació visual, per tipologies, àmbits geogràfics i períodes cronològics, essent una eina potent, per exemple, per a facilitar la formulació de polítiques de planificació i prevenció de riscos en un determinat territori. L’aplicació és de lliure accés per a professionals i investigadors sense ànim de lucre, i agraeix el feedback dels usuaris. Podeu consultar l’informe anual més recent que han publicat a partir de les dades que recullen, Annual Disaster Statistical Review 2016, per a fer-vos una idea de les tendències.

D’altra banda, hi ha un cas molt recent de plataforma digital creada espontàniament com a resposta a una crisi, es tracta de #Verificado19S, aixecada amb l’objectiu de verificar i organitzar la informació per a fer més eficient la resposta ciutadana al sisme de Mèxic del passat 19 de setembre. Una potent xarxa de voluntaris individuals i organitzacions de la societat civil, amb el suport d’empreses, va crear aquest lloc web per tal de canalitzar la informació que sorgia a la xarxa sobre les conseqüències del terratrèmol. El coneixement i el treball d’activistes socials, programadors informàtics i periodistes es va combinar per donar lloc a aquesta plataforma. El seu principal output és un mapa de crisi en temps real amb informació contrastada i verificada, que inclou informacions sobre: danys, centres de provisions, centres d’acollida, punts d’accés d’internet lliure, etc. Així mateix, integraven informació provinent d’altres plataformes. De manera que aquest va esdevenir el mapa de referència per a la gestió de la crisi, tot i no haver estat elaborat per instàncies oficials.

Aquests són dos exemples de com els aplicatius digitals poden ajudar en totes les fases del cicle d’un desastre: prevenció i preparació, resposta, recuperació i reconstrucció, anàlisi i aprenentatge. Ambdós casos mostren algunes tendències creixents en l’aplicació de les tecnologies digitals en la gestió de desastres. Així, neixen d’institucions acadèmiques o de plataformes creades adhoc per la societat civil, que complementen el treball de les institucions oficialment encarregades de la gestió de desastres. I remarquen la importància de la intervenció humana per a classificar, contrastar i verificar la informació per tal que aquesta resulti d’utilitat. Exemples, per tant, d’aplicacions de tecnologies i continguts digitals al servei de les persones.

Josep Cobarsí és enginyer de Telecomunicació per la Universitat Politècnica de Catalunya i doctor en Organització d’Empreses per la Universitat de Girona. Actualment, és professor de sistemes d’informació i de gestió del coneixement a la Universitat Oberta de Catalunya.