Datos para todos

Entre todas las tendencias tecnológicas y sociales que señalan los analistas, y a las que nos hemos referido últimamente (por ejemplo aquí y aquí), sin duda el tópico del año es la presencia masiva y ubicua de los big data, el diluvio de datos que se produce cada nanosegundo, y cuyos usos individuales, empresariales y sociales apenas comenzamos a imaginar: datos de buscadores, clicks en la web, palabras en los correos electrónicos y las redes sociales, llamadas, textos y conversaciones en el móvil, datos de sensores de toda clase en la calle y en la “internet de las cosas”, o las aportaciones voluntarias de la gente en eso que se llama ahora crowdsourcing. El volumen de datos se multiplica por tres cada dos años, desafiando cualquier ley anterior: 2,5 quintillones de datos al día, según un informe de IBM.

El Foro Económico Mundial, que se ha celebrado en Davos hace unos días, la reunión de todos los que mandan e influyen en el mundo mundial, y que no suele dedicar mucho rato a las tecnologías de la información, ha tratado este tema en varios coloquios públicos y reuniones privadas, y ha dado a conocer un estudio propio, titulado “Big data, Big Impact: New Possibilities for International Development”. Otra novedad: los “grandes datos” salen del universo más reducido de los matemáticos y tecnólogos, pasan por su adopción no sencilla en el mundo de la empresa, y aparecen ahora como un instrumento de desarrollo económico y social a gran escala.

En teoría, el uso inteligente de este volumen de datos debería permitir identificar más rápido tendencias mundiales, regionales o locales y actuar sobre ellas de forma más inmediata y eficiente, sean fenómenos meteorológicos, desastres naturales o humanos, enfermedades y epidemias, necesidades de nutrición o de educación… O tendencias de consumo o de moda, naturalmente.

En la actualidad, las barreras y desafíos para la adopción de la inteligencia de negocio derivada de los grandes datos no son principalmente tecnológicas, sino empresariales, políticas y sociales. El camino para tener un “Data Commons”, o sea para compartir abiertamente la información procedente de esta multiplicidad de fuentes, presenta riesgos y preocupaciones sobre la privacidad y seguridad de datos y comunicaciones, dificultades para personalizar y localizar la información individual (incluida la voluntad de las personas y empresas para exponerla al dominio público), incentivos económicos o no para compartir los datos y, no en último lugar, la escasez de capacidades y conocimientos que deben aportar “científicos sociales”, un tipo muy raro de gente capaz de hacer o ayudar a hacer las buenas preguntas y saber encontrar las respuestas.

Según el estudio del Foro Económico Mundial, los gobiernos pueden actuar como catalizadores de este movimiento, estableciendo regulaciones sobre privacidad y seguridad que no inhiban la innovación, promocionando el desarrollo de la infraestructura técnica y el capital humano y, en particular ofreciendo libremente la información que poseen para uso público, y aplicaciones para poder utilizarla inteligentemente. Este es el movimiento llamado de “datos abiertos” u open data, que desde hace unos pocos años han promocionado organizaciones internacionales (como la ONU o el Banco Mundial), gobiernos nacionales (como el de Kenia) o ciudades (como Chicago o, entre nosotros, Barcelona).

Sin embargo, en mi opinión, la mayor barrera para la adopción de la inteligencia de datos, tanto a nivel empresarial como social, son los privilegios de la ignorancia o, como dicen los anglosajones, el fenómeno HIPPO (el valor de la opinión del que manda más o está mejor pagado, the highest-paid person opinion): bastantes directivos de la empresa y el gobierno están encantados de opinar y tomar decisiones que no se basan ni en la información ni en la inteligencia, y seguidamente culpar a la falta de información por sus decisiones equivocadas.

1 Comment

  1. Es tanta la información que agobia un poco pensar en ello. Lo que es descorazonador es que casi siempre la información se ha utilizado primero con fines militares y de “seguridad” o mejor dicho con el fin de controlar a las personas y los países. Ahora no va a pasar nada excepcional, las potencias utilizaran esta información con los mismos fines.

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