Qué podemos aprender de las organizaciones profesionales

Una lectora agradecida, tirando del hilo de una de mis entradas recientes sobre la profesión y el negocio de los consultores, me hacía más o menos esta pregunta: ¿Qué puede aprender cualquier empresa de los modelos de gestión de las empresas consultoras o, más en general, de servicios profesionales? Le he recomendado los libritos de Tom Peters (1,2), uno de Maister (3) y la biografía de Marvin Bower (4). Son libros apasionados. Los consultores somos, a pesar de algunas apariencias, gente apasionada, inquieta y curiosa (o lo fuimos, no sé bien qué queda de esa profesión convertida muchas veces en una especie de tráfico temporal de seres humanos, como comentaba también un lector hace poco) (5). Los consultores están orientados al cliente, más que a su función o su producto. Tienen una vocación de resolver los problemas de los otros, de escucharlos y de encontrar una mejor solución, que puede ser además más barata. Los consultores necesitan cliente, pero no son el cliente. A los consultores les compran, no venden. Normalmente, un consultor es capaz de conservar un cliente durante tiempo, gana su confianza con trabajos bien hechos, buenas relaciones y capacidad de identificar oportunidades para ayudar. Todas las empresas tienen clientes externos e internos a los que servir con pasión. Pero el trabajo del consultor se organiza por proyectos, o sea, esa cosa distinta de las operaciones y de la gestión, que consiste en un esfuerzo único, con principio y final, enfocado a obtener productos y resultados, en una organización ad hoc, diferente cada vez. Una empresa necesita proyectos para estructurar su estrategia, dar forma a nuevos objetivos,...

En fin, hablemos de Facebook

Facebook acaba de presentar una oferta pública de acciones, o sea, se propone salir a bolsa por valor de 5.000 Millones de dólares, la mayor oferta pública en la historia de Internet y una de las mayores de cualquier compañía tecnológica en el tiempo. Espera obtener entre 75.000 y 100.000 Millones, situándose en el club selecto de las mayores compañías del mundo por valor de mercado. No está mal, si tenemos en cuenta que la compañía no tiene más de 7 años de historia, sus ingresos son de poco más de unos 5.000 Millones, no fabrica productos, contenidos o servicios propios, se financia con una tasa de anuncios que no es precisamente impresionante con relación a la competencia, está lejos de triunfar en los mercados de más futuro como el de los móviles y está sujeta a toda clase de sospechas y denuncias sobre la privacidad de los datos de sus usuarios, que podrían llevarla algún día a la ruina. Encima, el grueso de las acciones de control las retiene su fundador, Mark Zuckerberg, o sea que uno se hace propietario de una compañía en la que manda el amo y mandará para siempre. Según datos más o menos contrastados, Facebook compite casi con Google en número de páginas visitadas (aproximadamente un trillón al mes), pero no tanto en usuarios únicos (Facebook declara 845 millones en su informe para la SEC, pero las fuentes independientes lo reducen a una tercera parte, debido al gran volumen de usuarios inactivos). La financiación de los dos se basa mayoritariamente en los anuncios, genéricos o personalizados, pero con un ratio de uso (CTR...

Datos para todos

Entre todas las tendencias tecnológicas y sociales que señalan los analistas, y a las que nos hemos referido últimamente (por ejemplo aquí y aquí), sin duda el tópico del año es la presencia masiva y ubicua de los big data, el diluvio de datos que se produce cada nanosegundo, y cuyos usos individuales, empresariales y sociales apenas comenzamos a imaginar: datos de buscadores, clicks en la web, palabras en los correos electrónicos y las redes sociales, llamadas, textos y conversaciones en el móvil, datos de sensores de toda clase en la calle y en la “internet de las cosas”, o las aportaciones voluntarias de la gente en eso que se llama ahora crowdsourcing. El volumen de datos se multiplica por tres cada dos años, desafiando cualquier ley anterior: 2,5 quintillones de datos al día, según un informe de IBM. El Foro Económico Mundial, que se ha celebrado en Davos hace unos días, la reunión de todos los que mandan e influyen en el mundo mundial, y que no suele dedicar mucho rato a las tecnologías de la información, ha tratado este tema en varios coloquios públicos y reuniones privadas, y ha dado a conocer un estudio propio, titulado “Big data, Big Impact: New Possibilities for International Development”. Otra novedad: los “grandes datos” salen del universo más reducido de los matemáticos y tecnólogos, pasan por su adopción no sencilla en el mundo de la empresa, y aparecen ahora como un instrumento de desarrollo económico y social a gran escala. En teoría, el uso inteligente de este volumen de datos debería permitir identificar más rápido tendencias mundiales, regionales o locales y...

Saber cerrar: lecciones de Emilio

La lectura y el estudio de los libros de Rita Mulcahy son casi una guía infalible para certificarse como practicante de la gestión de proyectos. Dice Rita (los practicantes y adeptos dicen “Rita”) que el arte de gestionar proyectos es la manera como los jefes de proyecto usan la ciencia de gestionar proyectos (1). ¡Ole! Yo no lo entiendo mucho, la verdad, ni tampoco considero que la gestión de proyectos sea una ciencia de nada. En cualquier caso, Emilio, de quien ya he hablado en un post anterior es un artista, que domina, entre otras cosas, la gestión de los dos momentos más complicados de cualquier proyecto: saber abrir y saber cerrar. Hoy hablaremos de lo segundo. Cerrar, según Rita, es cumplir las expectativas de clientes e interesados, en tiempo, calidad y coste. Cerrar, en mi opinión, es hacer eso razonablemente, o sea dejar lo menos insatisfechos posibles a los clientes y reducir las desviaciones de alcance, tiempo y coste. Pero, sobre todo, cerrar es asegurar que los clientes están en condiciones de cumplir los objetivos de negocio que se propusieron, los usuarios saben y pueden usar los sistemas y los responsables técnicos y funcionales (los “amos” de la tecnología y de los procesos) saben y pueden entender y mantener con autonomía lo que se ha hecho (2). La tendencia natural de usuarios, técnicos y de los propios proveedores es no cerrar nunca, si es posible. Siempre queda algo por hacer, siempre aparece un nuevo requerimiento o un cambio que sólo se ve a última hora, un aspecto de presentación que a los diseñadores multimedia les gusta más, formación...