La maldición del jefe

Jim Barton, el héroe emergente del manual-novela de Austin, Nolan y O’Donnell (1), el nuevo CIO, escribe pronto en su pizarra privada: TNWYDN (to know what you don’t know), “saber lo que no sabes”. O sea, la clave de aprender a ser director de información y sistemas debería ser reconocer pronto todo aquéllo de lo que no tienes ni idea. La informática, como profesión, como disciplina, es una colección de especialidades que intentamos estructurar en vano: bases de datos, matemática computacional, encriptación, seguridad, redes y servidores, ingeniería del software, aplicaciones multimedia, señales, física o economía, expertos (muy expertos) en tal o cual producto… La informática, acaso sólo igual que la medicina, está en los detalles… y en los que conocen los detalles.

Uno de mis colegas usa una camiseta que pone: “Soy informático, pero no me pidas que arregle tu ordenador”. ¿Qué decir del CIO, del director de las TIC?

Según la teoría de la dirección (2), precisamente lo característico del directivo es la desestructuración de su trabajo. El CIO se desempeña en trabajos de relación interpersonal (con sus jefes y sus iguales, con sus equipos); en otras actividades en que hace de nervios o nudos de información frecuentemente informal y desintegrada que procede de casi cualquier fuente; o, y no lo más importante, como decisor sobre materias que conoce poco. Y, sin embargo, es el que da la cara, al que los suyos miran y los de fuera reclaman, sobre todo si las cosas van mal dadas. El CIO no es en ésto muy diferente de otros directivos: “IT management is about management”, fundamentalmente.

José Luis Álvarez, profesor de dirección general en varias de las mejores escuelas de negocios del mundo, lo llama la “maldición del director general”. Las crisis, la reestructuración de las empresas, la renovación generacional ha ido dejando fuera de sus puestos a muchos directivos muy valiosos, y a bastantes fuera del mercado. ¿Qué pueden ofrecer? El directivo sabe, por decirlo groseramente, “mandar”; pero ¿de qué sabe? El directivo sabe un poco de cada vez más cosas hasta saberlo todo de nada. Una buena amiga lo llama la “dimensión desconocida”: eres demasiado bueno para según qué y demasiado malo para todas las demás cosas. Y eres más viejo.

Peter Drucker, en un artículo único, de los de la librería corta que hay que releer con frecuencia (3), decía que a partir de los 40, uno no debería tener todos los huevos en la misma cesta y habría de conservar un espacio de valor único que poder ofrecer a la sociedad. Todos deberíamos reflexionar sobre eso, en especial los que hemos ocupado u ocupamos puestos de dirección. Pasar el duelo y reinventarse después no es posible para todos.

En la continuidad prometida del personaje de Jim Barton, CIO finalmente de algún éxito, le ofrecen la dirección general de una empresa (4). “Más duro de lo que pensaba”, dice el título. ¡Y tanto! ¿Creéis que debería aceptar la oferta?

Notas:

1. Austin R, Nolan R, O’Donnell S. (2009). The Adventures of an IT Leader (Harvard Business Press). Nos hemos referido a este libro en una entrada anterior.
2. Mintzberg H (1973). The Nature of Managerial Work (Harper Collins) y Mintzberg H (2010). Managing (Berret-Koehler).
3. Drucker P (2005). “Managing Oneself” (Harvard Business Review, January 2005)
4. Harder than I thought: Adventures of a 21st century CEO El libro está pendiente de publicación.

1 Comment

  1. ¡Chapeau!, señor Rodríguez. ¡Chapeau!

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