Patentes … ¿de corso?

Últimamente, la actualidad tecnológica está plagada de noticias sobre los litigios entre compañías: Samsung, Apple, HTC, Google, Microsoft, Oracle, … Parece que no eres nadie si no estás en una demanda por infracción de patentes. Y el arma principal en estas batallas legales son las patentes.

La idea general detrás de las patentes es sensata: un inventor que invierte esfuerzos y logra descubrir una nueva técnica/tecnología/método consigue un periodo de protección durante el que tiene ciertos derechos en exclusiva sobre su invención. Esta protección pretende incentivar la innovación, evitando que las ideas de un inventor sean “robadas” por competidores que se aprovechan de la invención sin contribuir a su descubrimiento. Además, la patente obliga al inventor a describir su invención con cierto detalle, de forma que las invenciones quedan documentadas públicamente y pueden ser aprovechadas por otros cuando la patente expira.

Para implementar este concepto, debe existir un organismo (oficina de patentes) que revise las invenciones y pueda decidir sobre si merece recibir protección o no en base a criterios como:

  • Novedad: La invención debería aportar algún elemento innovador relevante, en lugar de ser una reiteración de ideas ya conocidas.
  • No obviedad: La invención no debería ser evidente o trivial.
  • Concreción: La invención no debería ser un concepto abstracto o genérico sino  aportar información precisa sobre qué se pretende patentar (los llamados claims). Por ejemplo, no suele admitirse patentar hechos o bien conceptos matemáticos.

La teoría es bonita y tiene sentido cuando se explica. El problema es que, como siempre, la implementación de la idea exhibe muchos problemas en la práctica. En particular, las oficinas de patentes reciben muchas solicitudes para registrar nuevas invenciones, en todos los ámbitos de conocimiento. Resulta difícil concebir que las oficinas puedan disponer de suficientes expertos en todos los ámbitos para revisar todas las patentes. Así pues, diariamente vemos noticias sobre nuevas patentes que resultan absurdas por ser ideas trilladas (la rueda), triviales (guardar documentos en formato XML) o tan genéricas (un menú en una página web) que dan miedo. Especialmente porque, una vez concedida una patente, no es sencillo demostrar que es inválida.

Para alegría de los bufetes de abogados, los conflictos sobre patentes se resuelven en los tribunales con un coste económico considerable. Las grandes multinacionales están deseosas de disponer de un buen arsenal de patentes, que construyen realizando I+D o bien a golpe de talonario, adquiriendo empresas por su portafolio de patentes. Una vez adquirido, el arsenal sirve como arma defensiva para disuadir a posibles agresores (“si me demandas, te demando”) u ofensiva para realizar ataques preventivos sobre los productos del competidor (“tendrás que dejar de comercializar este producto que infringe la patente que acabo de comprar”). Los objetivos que se persiguen pueden variar, desde expulsar los productos del competidor del mercado a exigir una compensación económica por el uso de la patente.

Aquí llega el punto donde las patentes, que supuestamente deberían incentivar la innovación, pasan a utilizarse para frenar nuevos productos. Y existen tantas patentes que es muy difícil desarrollar un nuevo producto sin infringir alguna patente. Por eso, hay compañías que pueden desistir de innovar por el riesgo de acabar en la ruina en los tribunales.

Aunque no se infrinja ninguna patente, tampoco se está exento de riesgo. Un competidor puede decidir demandar respecto a cualquier patente aunque no proceda, esperando que la empresa objetivo no pueda asumir los costes legales de la defensa. Otro modelo de negocio, conocido como patent troll, son los bufetes de abogados que adquieren patentes dudosas que utilizan para extraer royalties de empresas pequeñas (o no tanto) bajo la amenaza de una costosa demanda. Además, los patent troll se aprovechan de que al no desarrollar ningún producto, no infringen ninguna patente por lo que las grandes multinacionales no pueden usar sus patentes como arma defensiva. Auténticos parásitos del sistema…

Así pues, ¿sirven las patentes para incentivar la innovación? Tal vez sí, pero hoy en día se utilizan más como una licencia para atacar legalmente a las compañías rivales dentro un país.  Una licencia para atacar a los enemigos… ¿Os suena de algo? Había hace tiempo otro tipo de patentes, las patentes de corso, que otorgaban a los particulares licencia para atacar a los barcos enemigos de un país.

Tantos años hablando de la piratería del software y va a resultar que aún son más peligrosos los corsarios…

CC BY-NC-SA 4.0 Patentes … ¿de corso? por robert está licenciado bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

2 Comments

  1. Enhorabuena, brillante y muy buen escrito.
    Hay una variante de todo ésto que ocurre en el mundo sanitario. Las nuevas moléculas tienen una fecha de vencimiento a partir de la cual se convierten en productos genéricos. Las patentes son nacionales y la legislación internacional es dudosa y de difícil aplicación a veces. Las compañías multinacionales persiguen de muchas maneras a los países en vías de desarrollo que producen y distribuyen moléculas iguales o similares que pueden salvar muchas vidas.
    En los países llamados desarrollados, los aseguradores privados y públicos incentivan el uso de productos genéricos. De manera que las compañías multinacionales propietarias de la patente pagan sumas astronómicas a compañías de productos genéricos para retrasar la salida y comercialización del genérico. Su beneficio económico para puede ser mayor, menos arriesgado y más inmediato que entrar a competir con la patente.

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  2. Excelente artículo con un análisis más que brillante. Yo pienso que en todo esto hay algún compontente un tanto forzado, que permite a los participantes en las demandas y contradmendas participar en la publicidad. Seguro que ese aspecto lo tienen estudiado.

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