Los informáticos dejan de fumar

Hoy hace 120 días que no fumo después de casi 40 años fumando. Mi terapeuta me anima a publicarlo en el blog. Parece que ésto debería darte ánimos, provocar el apoyo de los demás y afirmar el compromiso; como los que salen del armario.

Escena de taberna, de David Teniers. Imagen de dominio público (en aquellos países en que los derechos de autor tienen una vida de 70 años o menos)

Reviso la epidemiología mundial y sólo encuentro un estudio americano no muy reciente acerca de los informáticos y el tabaco. Son, en cambio, frecuentes los papeles que se refieren a las profesiones sanitarias (mucho más fumadores que el resto del género humano) y las mujeres gestantes.

En 2009, la prevalencia del consumo de tabaco en España fue del 27% de la población, mientras que en Estados Unidos era del 25%. Si busco a los informáticos, el primer resultado me da “computer quit”, o sea, la gente que desea dejar la adicción al ordenador, los foros informáticos de autoayuda y las webs asociadas a determinados fármacos de deshabituación.  (Quizá los humanos somos adictos y, desde luego, la ansiedad y la depresión no existen por la privación de la dosis, es ridículo.)

Hay que llegar a una pregunta como “profession and/or occupation specific prevalence of cigarette smoking” para hallar algo que valga la pena. En fin, en lo que me voy encontrando, parece que en Estados Unidos un 12,8% de los informáticos fuman, un punto más que los sanitarios; casi tres veces menos que los albañiles, mineros y los temporeros ilegales mexicanos; un 16,3% de los ejecutivos fuma. Sólo fuma un 9% de posgraduados y máster. Imagino bajo las cifras inocentes una forma de lucha de clases, razas y sexos.

Recuerdo los centros de proceso de datos de hace 10 ó 15 años. Una nube de humo y un rumor tabernario atestaban el lugar, cigarrillos consumiéndose en el cenicero y corrillos de fumadores en reunión de crisis. Sabías que algo importante pasaba allí, un lugar para la sabiduría y la producción, entre la sala de máquinas y el puente de mandos. Hoy estos sitios están ocupados por gente con bata blanca, ambientadores que huelen a pomelo y pósteres de las Islas Maldivas. En los cubículos personales, cuando los hay, la gente coloca la foto del verano en Mallorca con el novio, un descenso en kayak y un chiste de Dilbert. Usan cascos insonorizados para escuchar músicas. No es lo mismo. Todo parece disminuido, silencioso y trivial, compatible con un aire de seriedad y trascendencia, como quien está a punto de tratar un cáncer incurable o avistar un tornado.

Cuando dejas el tabaco, nadie te explica lo que te va a pasar, los médicos menos que nadie. También te recomiendan vacunarte de la gripe y ellos no lo hacen. Compruebo en un foro mis efectos secundarios: creo que me ha pasado (y me pasa) de todo, menos quedarme embarazado. Los médicos aseguran que viviré más y mejor, que no sé qué quiere decir exactamente. (Un estudio del que he oído hablar, publicado en The Lancetpero que no he encontrado, parece mostrar que los médicos británicos dejaron efectivamente el tabaco de forma masiva a lo largo de 30 años, para pasarse al alcoholismo o al suicidio. No me extraña.)

En mi desgracia me acompaña Vicente Verdú, que vivió hace unos años una pérdida semejante.  Vicente y yo nos conocimos hace tiempo en Sevilla, los dos fumábamos Winston, el tabaco de los camioneros y los mecánicos en América. Dejó de fumar hace unos años y escribió un libro que es a la vez divertido y trágico. Encuentro otro artículo suyo en mi carpeta de las anteriores veces que he dejado de fumar. Dice que fumar es un empeño de titanes, gente que sobrevive a los males que nos aquejan a los demás. Quizá la informática histórica fue un oficio de titanes. Ahora la UOC y la UPC están haciendo un estupendo ciclo de historia, que coordinan Joan Antoni Pastor y Josep Maria Marco, pero no tocan este tema.

Ya no toso por las mañanas, respiro mejor, no me quema el estómago, puedo hacer más largos en la piscina, mi piel se ha abrillantado, soy mejor aceptado en los círculos sociales y profesionales y comienzo a participar en el off-topic de nuestra intranet como uno más.

Al principio estaba de peor humor y lo padecieron algunos colegas, me disculpo. Me abatían la melancolía y el infortunio. Diría que yo antes era más divertido, social y quizá brillante. Ahora me he sumido creo que para siempre en una cierta distancia, atontamiento, bondad y sobrepeso.

Nota: La obra de hoy es una de las tantas obras de tabernas y fumadores malencarados del extraño pintor flamenco David Teniers (1610-1690). Y este post está dedicado, sin el menor ánimo doctrinario, a Rafael Macau, uno de los últimos entre nuestros titanes.

CC BY-NC-SA 4.0 Los informáticos dejan de fumar por Jose Ramon está licenciado bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

2 Comments

  1. alguIen me ha preguntado en el pasillo quienes fuman mas.
    les digo que estudien business analytics y demografia.
    peter drucker, maestro, decia que demografia era lo unico que merecia la pena estudiar.
    segun la encuesta americana de salud, los mas fumadores son los ‘roofers’, gente que trabaja al aire libre y construye o arregla tejados.
    son trabajadores autonomos, normalmente de origen latino.
    la prevalencia de la adiccion entre roofers es del 58 por 100.

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  2. José Ramón, ¡ánimo! Si alguien puede conseguir este objetivo, ese eres tú. Si en algún momento necesitas que te atemos, eso sí, sólo tienes que pedirlo. :)

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