Hablemos del Gobierno

Tip y Coll, genios del humor verbal, surrealista y del absurdo de los años de la transición democrática en España, prometían al final de cada número: “La próxima semana hablaremos del Gobierno”. Lo hicieron pocas veces, su mayor cliente era la televisión estatal y eran tiempos inciertos. En una vida anterior trabajé para el Gobierno, aquí y en otras partes, todavía lo hago a veces. Ser funcionario, directivo o consultor de las Administraciones no es grave, incluso lo considero entre las cosas decentes que uno puede hacer.

Curiosités de Antoine Vollon. Licencia: dominio público

Curiosités de Antoine Vollon. Licencia: dominio público

La última década de la informática pública fueron años en que la Administración trató de ponerse al día desde un atraso histórico, a base de inversión y a veces de inteligencia. Tiempos acelerados de mecanización de las operaciones, de creación de nuevos servicios al ciudadano y de profesionalización de la gestión. Eso se llamó “modernización” y luego e-Government.

Escribí hace tiempo sobre esa época dorada. Fueron tiempos en que el Gobierno se creyó diferente, y analistas, consultores y políticos crearon un discurso (un relato, se dice) de la diferencia, que se ha terminado llamando smart governmentEs más fácil ser diferente, incluso excéntrico, cuando tienes dinero.

La oferta, como pasa casi siempre con la tecnología, ha superado la demanda. Es difícil saber dónde acaba el logro técnico y donde empieza el marketing político; qué permanecerá como un progreso sin retorno y qué cosas quedarán como curiosidades en el desván de los premios subvencionados.

Algunos consiguieron, sin embargo, poner la informática en el centro de las operaciones y de la innovación con sentido, la informática usada porque es útil, la que incrementa la eficiencia y la calidad del servicio. En España, la administración tributaria, una parte de la informática sanitaria y de defensa, el control aéreo, las elecciones, algún Ayuntamiento… fueron una referencia en todo el mundo y hasta ayudaron al desarrollo de una industria local.

Y entonces llegó la economía y la ideología de la austeridad. Son tiempos duros ahora para la informática pública y casi para cualquier cosa pública, la verdad. Pero quizá sea un correctivo útil. La gran depresión (acaso permanente) debería pedir de la informática gubernamental un ejercicio de humildad, eficiencia operativa, optimización de costes y gestión del portfolio; mejora de su reputación entre los usuarios internos y externos; integración e ingeniería de los datos y los procesos; transparencia, uso y análisis de las ingentes cantidades de información de las que disponen los gobiernos; y una mejor colaboración entre lo público y lo privado.

Será complicado aplicar la economía de la austeridad inteligentemente y no perder el tren de las nuevas plataformas tecnológicas, que deberían contribuir precisamente a los objetivos anteriores. Los retos no son (no lo han sido nunca) tan diferentes de los de la empresa privada. Será complicado también que la ideología de la austeridad no convierta la colaboración con el sector privado en una manera de regalar conocimiento y recursos que ha costado tanto conseguir y abrir un nuevo espacio para la picaresca. Eso debería ser lo smart.

A lo mejor la semana próxima seguimos hablando del gobierno.

Nota: La obra de hoy se llama Curiosités, es del pintor realista francés Antoine Vollon (1833-1900) y se conserva en el Museo d’Orsay de París. Representa restos de las fantásticas colecciones reales de armas, armaduras y objetos decorativos… que hoy, en su mayoría, ya no están en Francia. Y si queréis pasar un buen rato os recomiendo (al comienzo del post) el enlace a uno de los mejores números de Tip y Coll, “Cómo llenar un vaso de agua”, con su traducción al francés, que me parece también adecuado al caso.

CC BY-NC-SA 4.0 Hablemos del Gobierno por Jose Ramon está licenciado bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

2 Comments

  1. Imagino que dependerá de la administración, o al menos eso quiero pensar. El caso es que muchas veces, esa sangre sudor y lágrimas, parafraseando el artículo, no se enfoca para el bien común ¿o acaso tiene sentido que cada administración tenga su propio gestor de expedientes?. Se dedican esfuerzos para desarrollar aplicaciones que solventen los problemas de cada administración, de forma aislada (incluso dentro de la misma administración), dando a situaciones en las que diferentes organismos invierten su dinero para solventar una misma problemática, y eso, a mi parecer, es desperdiciar el dinero de nosotros los contribuyentes. ¿O acaso con las TICs no se puede hacer lo mismo que con los medicamentos?

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    • Hola Angel, haces un buen punto que otras Administraciones en todo el mundo vieron hace tiempo. puestos a colaborar, colaboreñmos primero entre nosotros… gracias

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