¿El final de “La Firma”? (I)

No sé si os gustan los libros y películas de abogados, en particular las cosas que hace John Grisham. A mí, algunos y algunas me gustan. The Firm (que se llamó aquí injustamente La Tapadera) es uno de ellos. Fue el libro más vendido del  mundo en 1991 y Sidney Pollack hizo una peli entretenida. En el argumento, una compañía de abogados es la tapadera de una trama mafiosa.

En el sector de los servicios profesionales, en el que he trabajado muchos años, “la firma” es una expresión ritual. Una “firma” no es una empresa y sus clientes (the client) no son consumidores (the customer; en español creo que no existe la distinción). La relación entre el cliente y la firma es supuestamente profesional, no comercial. El centro  de ese intercambio profesional es la confianza y el consejo, basado en la aportación de gente de gran talento que cobra honorarios muy altos por el tiempo dedicado, frecuentemente (pero no siempre) dentro de un proyecto.

Las “firmas” se organizan en cooperativas de socios (partnerships), una forma de franquicia más sofisticada. Su estructura se basa también en la confianza, la solidaridad y el intercambio. Son “firmas” las compañías de abogados, los auditores, muchas consultoras, empresas de diseño y publicidad y hasta bancos de inversión.

He explicado estas cosas en algunos posts hace tiempo (1, 2).

En la consultoría tecnológica, los modelos tradicionales son unas pocas boutiques de estrategia, que aún funcionan en su mayoría como partnerships, y un conjunto de compañías de servicios basadas principalmente en la venta e implantación de soluciones, en la externalización o en la cesión temporal de personas. Este último fenómeno es parte de lo que quiero explicar hoy.

Clayton Christensen y otro par de profesores de Harvard acaban de publicar un artículo sobre la disrupción del negocio de consultoría, que en seguida se ha convertido en el más leído y comentado del mes. Hemos hablado de Christensen alguna vez por aquí, pero menos de lo que merece. Christensen, antiguo socio por cierto del Boston Consulting Group, es probablemente el autor más reconocido en los temas de estrategia empresarial después de Michael Porter, y el que ha hecho de la innovación un concepto serio más allá del folklore político. Entre sus libros, The Innovator’s Dilemma (1997) tiene ya la condición de clásico.

Disruptive technology. Imagen de dominio público, liberada por su autor, Megapixie.

Recientemente, hemos preparado con Ignacio Lamarca, colaborador incondicional de las asignaturas de la Dirección Estratégica de Sistemas de Información de los másters homologados, un nuevo material sobre la Innovación y los nuevos modelos de negocio basados en las TIC, en los que la obra de Christensen y su teoría de la innovación disruptiva son algunas de las referencias más centrales.

Según su teoría de la difusión de las innovaciones, en todos los sectores económicos, desde la manufactura a la electrónica de consumo, el turismo o la publicidad, se produce cada cierto tiempo un conjunto de cambios (una innovación disruptiva) que transforma radicalmente la estructura del sector y la manera de competir: aparecen nuevos competidores con nuevos modelos de negocio; los incumbentes (los actores tradicionales que dominan la industria) los ignoran o se mueven a posiciones que consideran de mayor margen o valor añadido; y el disruptor va mejorando la calidad de su producto y la penetración en el mercado hasta minar las fortalezas del incumbente y marginalizándolo. Samsung frente a Nokia, Apple frente a Sony y quizá en algún momento Android frente a todos los demás son algunos ejemplos.

Los servicios profesionales y, en particular, la consultoría parecían hasta ahora inmunes a este proceso o quizá la información era oscura e impenetrable o simplemente nadie se había ocupado de estudiarlos en profundidad. En los últimos años Christensen, Wang, van Bever, Gardner, Eccles y otros los han ido cercando a través de la observación, la relación con los agentes (clientes y proveedores) del sector y de un conjunto de investigaciones cualitativas y cuantitativas.

En la segunda parte de esta entrada, discutiremos las principales conclusiones de su análisis.

CC BY-NC-SA 4.0 ¿El final de “La Firma”? (I) por Jose Ramon está licenciado bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

Trackbacks/Pingbacks

  1. ¿El final de “La Firma”? (y II) | iNFoRMáTiCa++ - […] la primera parte de esta entrada, presentábamos rápidamente la estructura del sector de servicios profesionales y su […]
  2. Leer a Christensen | iNFoRMáTiCa++ - […] una entrada reciente prometí hacer justicia a Clayton Christensen, uno de los mayores contribuyentes, junto con […]
  3. Leer a Christensen | Diseño Web en Valencia | Posicionamiento Web en Valencia | Empresas de diseño Web en Valencia | Empresas de Posicionamiento Web en Valencia | Empresas Seo en Valencia | Diseñadores Web en Valencia | Posicionadores Web en Valencia | - […] una entrada reciente prometí hacer justicia a Clayton Christensen, uno de los mayores contribuyentes, junto con […]

Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Leer entrada anterior
Alan Turing (III): el ocaso de un gran hombre

Más Conocimiento Nuevo Al mismo tiempo que avanzaba en sus ideas sobre la inteligencia, de su mente brillante emergió un...

Cerrar