Aprendizaje móvil (I): un poco de historia

Empezamos una serie de tres entradas donde hablaremos del uso de dispositivos móviles para la educación. En esta primera entrega contamos los antecedentes de la tecnología móvil que es la base del m-learning o aprendizaje móvil.

Precisamente este año se cumple el 40 aniversario de la primera llamada desde un teléfono móvil personal. Ni Martin Cooper, directivo de Motorola, había imaginado en sus mejores sueños la repercusión que tendría su famosa llamada realizada en 1973 con un prototipo del Motorola DynaTAC 8000x desde una calle de Nueva York a su gran rival de AT&T, en su carrera particular para proclamarse el inventor de una tecnología que llegaría a revolucionar el mundo.

Martin Cooper es considerado el padre del teléfono móvil – Fuente: Rico Shen, Licencia: CC BY-SA 2.0

Mucho ha llovido desde aquellos caros y vetustos aparatos de los años ’70 y ’80 al alcance de muy pocos, con unas comunicaciones  analógicas de poca calidad y cobertura muy limitada. Tenemos que avanzar hasta los ‘90 para encontrar los primeros teléfonos móviles como los conocemos hoy, y especialmente las primeras redes de telecomunicaciones digitales para la transmisión de voz de calidad y datos con amplia cobertura, lo que catapultó definitivamente la telefonía móvil.

A partir del 2000 se añadió capacidad de computación y conectividad, convirtiendo el teléfono móvil en los primeros smartphones, unos dispositivos que servían para muchas cosas, y también para realizar llamadas. La conexión a Internet en estos dispositivos despertó a las empresas tecnológicas que empezaron a desarrollar servicios en Internet para clientes móviles, desde consultar el tiempo a conocer los índices de bolsa. Para mantener la calidad de estos servicios que demandaban un número de clientes en aumento constante, las operadoras de telefonía empezaron a realizar grandes y continuas inversiones en dimensionar las redes de telecomunicaciones. A su vez las empresas tecnológicas aprovechaban las nuevas capacidades de las redes para desarrollar servicios para móviles cada vez más complejos y con mayor exigencia de conectividad. Sin duda este círculo virtuoso – vicioso para las operadoras – llevó a avances sorprendentes y rápidos en este campo.

Desde el 2010, con los avances en dispositivos móviles y con unas prestaciones de conexión y trasmisión de datos cada vez mayor, los servicios para móviles han continuado su crecimiento exponencial de la mano de desarrolladores de software y herramientas de desarrollo de aplicaciones para móviles.  Aquellos servicios iniciales para móviles se convirtieron en las populares apps que todos usamos en nuestros días para jugar, consultar el tiempo, buscar información y mapas, relacionarnos en las redes sociales, escuchar música, leer noticias, entretenernos, encontrar restaurantes y ver vídeos, en este preciso orden según un informe reciente. Este mismo informe indica que actualmente el 82% de conexión a Internet con el móvil se produce a través de una app.

Todo ello ha convertido los dispositivos móviles en una de las tecnologías más revolucionarías de nuestro tiempo. Se calcula que en el 2013 hay casi tantas subscripciones de telefonía móvil como habitantes en el mundo (6.800 millones de líneas) con un ratio de penetración global medio del 96% (89% en países en vías de desarrollo), y un 40% o 2.700 millones de subscripciones tienen conexión a Internet mediante un smartphone, según el informe ICT.

[S1] El futuro próximo se avecina todavía más frenético en los tres ejes mencionados: dispositivos, redes y aplicaciones para móviles. Aparecen dispositivos más pequeños y próximos a los usuarios, como relojes y gafas (lo que se llama “tecnología vestible” o wearable technology). Por otra parte, siguen los avances en redes de telecomunicaciones – actualmente en la cuarta generación o 4G – con un ancho de banda y calidad de servicio impensable hace sólo unos pocos años. Y el mercado de las apps no para de crecer, aprovechando todas las ventajas que ofrecen tanto la potencia de los dispositivos como la velocidad de las nuevas redes.

Reloj inteligente de Sony (Smartwatch MN2) – Fuente: Bim in Garten, Licencia: CC BY-SA 2.0

Todos estos avances nos llevaran a disponer de más y mejores servicios en cualquier momento y lugar, con una interacción con el dispositivo cada vez más transparente, e incluso desaparecer del todo gracias a la interconectividad entre dispositivos y el entorno (lo que se llama Internet of Things) para propósitos de, por ejemplo, geo-referencia y sensibilidad con el contexto. Todo ello redundará en una ayuda indispensable en muchas de nuestras tareas y actividades cotidianas, en algunos casos sin ni siquiera solicitarla.

Gafas inteligentes de Google (GLASS) – Fuente: Tedeytan, Licencia: CC BY-SA 2.0

En resumen, los teléfonos móviles han pasado de ser un simple dispositivo de comunicación a convertirse en el centro tecnológico de nuestras vidas. Nos hemos acostumbrado tanto a utilizar los servicios y aplicaciones móviles que se han convertido en imprescindibles, y los utilizamos para resolver todo tipo de actividades y necesidades, desde trabajo a ocio, salud, transporte, comercio, entretenimiento, y para relacionarnos de muchas maneras. Y por supuesto los utilizamos para la educación.

En próximas entradas hablaremos de cómo aprovechamos las tecnologías móviles para la educación.

Santi Caballé es Ingeniero y Doctor en Informática por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Director académico del Postgrado en Ingeniería del Software de la UOC y profesor de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de esta misma universidad. Sus líneas de investigación más activas son: e-Learning, aprendizaje colaborativo e ingeniería del software.

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