Aprendizaje móvil (II): ¿dónde estamos?

En una entrada anterior conocimos más de cerca cómo han evolucionado los dispositivos móviles y de qué tecnología disponemos actualmente. En esta segunda entrada vemos de qué manera estamos aprovechando la tecnología móvil para la educación y cuál es el su alcance actual.

El aprendizaje móvil o mobile learning (m-learning) lo podemos definir de manera intranscendente como el uso de dispositivos móviles para la enseñanza-aprendizaje. Esta es la definición más extendida actualmente e incluso es bastante cercana a la definición formal de m-learning. Por otra parte también parece lógico definir el m-learning como un subconjunto del aprendizaje virtual tradicional (e-learning) mediante dispositivos móviles. Esta perspectiva es la que se aplica mayoritariamente en las plataformas de e-learning actuales, que ya están aprovechando en mayor o menor medida los dispositivos móviles para ofrecer una nueva vía de acceso a sus servicios educativos más habituales.

La capacidad de poder acceder a estos servicios en cualquier momento – como ya sucede en e-learning – y además desde cualquier lugar mediante un móvil, la podemos considerar (y es) una evolución importante. Hay muchos estudios que demuestran el incremento de visitas a los entornos e-learning desde dispositivos móviles. Por ejemplo, un estudio reciente de la UPCT sobre su plataforma e-learning basada en Moodle revela que las visitas desde dispositivos móviles en relación al total han crecido desde el 1% en el curso 2009-10 a más del 23% en el 2012-13. Según el último informe de la UOC, el número de visitas desde dispositivos móviles experimentó un aumento del 150% en el último curso, desde 23.000 visitas en el curso 2009-10 a 135.000 en el 2011-12 (meses de máximo impacto). Aunque ambos estudios – especialmente el segundo – incluyen consultas de información general en el sitio web de la plataforma, se intuye una clara tendencia del uso de dispositivos móviles para la educación.

App UOC móvil. Imagen (c) de la UOC.

Llegados aquí, debemos reflexionar si el simple acceso a los servicios de una plataforma e-learning desde un dispositivo móvil lo podemos considerar una experiencia m-learning auténtica, y en caso afirmativo, cuál es su valor añadido. Veamos, por una parte el acceso al aula virtual desde el autobús de vuelta a casa nos permite ganar tiempo en las tareas académicas en comparación con el acceso tradicional mediante el PC al llegar a casa o la oficina. Por lo tanto, desde la perspectiva del factor tiempo, el proceso de aprendizaje es más eficiente si disponemos de acceso para móviles. Por otra parte, leer o enviar un post a un foro de discusión del aula virtual desde el autobús no implica que el foro tenga que ser distinto ni que el modelo pedagógico que sustenta la actividad (aprendizaje colaborativo) cambie por el hecho de usar un dispositivo móvil.

Vemos que la situación actual del aprendizaje móvil, aun siendo un logro importante, no genera nuevos servicios educativos ni fomenta nuevos modelos pedagógicos que sustenten y aprovechen estos servicios, y en general los mismos marcos pedagógicos de referencia de e-learning sirven para m-learning. Desde este punto de vista, el uso de dispositivos móviles para la enseñanza y aprendizaje no genera un valor añadido y estamos todavía lejos de extraer todo su potencial en términos pedagógicos.

Por fortuna, los investigadores llevamos tiempo trabajando para aprovechar los constantes avances de la tecnología móvil para la educación, con un impacto más profundo del conseguido hasta el momento. Existen infinidad de proyectos de investigación en todo el mundo que estudian el aprovechamiento del móvil en diferentes entornos y ciclos del aprendizaje, desde la escuela primaria hasta la universidad, creando nuevos modelos pedagógicos o extendiendo otros existentes.

Ciertamente, la portabilidad y ubicuidad que permiten los dispositivos móviles abre enormes posibilidades para ciertos modelos pedagógicos como el paradigma situacional, donde el aprendizaje tiene lugar en el mismo contexto donde es aplicado. Los alumnos pueden, por ejemplo,  descargar información en su dispositivo móvil sobre una obra de arte durante una visita escolar a un museo, analizar ciertos aspectos relevantes de la obra e incluso ser evaluados in situ mientras están examinando la propia obra de arte. En este contexto, el nivel de conocimiento adquirido con este paradigma es mucho más profundo y efectivo que de la manera tradicional. Además, estos nuevos modelos pedagógicos que aprovechan la tecnología móvil añaden otros beneficios potenciales también muy interesantes, como la motivación e implicación de los alumnos en su proceso de aprendizaje, y facilitar la personalización de los contenidos y el ritmo en su absorción.

Aprendizaje situacional en un museo con un dispositivo móvil como soporte. Imagen de Lesley Langa utilizada bajo el criterio Fair use.

Sin embargo, estos beneficios potenciales del m-learning no han sido todavía validados completamente mediante su generalización en el día a día de las aulas. Muchas iniciativas de m-learning son todavía experimentales y/o conducidas por la propia curiosidad y motivación personal del docente e investigador, y no tienen continuidad más allá de los recursos y del tiempo disponible. Por otra parte, lejos de ser una ventaja, los avances vertiginosos de la tecnología móvil representan un obstáculo para los siempre largos procesos de la investigación formal. En el momento que se consiguen resultados verificables del uso de una tecnología móvil para propósitos académicos, resulta que esta tecnología ha cambiado en gran medida, y estos resultados quedan rápidamente obsoletos. Ejemplo de ello son los muchos proyectos de m-learning realizados no hace mucho con teléfonos móviles y PDA no conectados a Internet donde se proponía por ejemplo la posibilidad de consultar dudas el profesor mediante SMS. Hoy día estas experiencias han sido superadas por los avances tecnológicos y sólo se encuentran activas en países en vías de desarrollo.

Por último está el coste de las nuevas tecnologías móviles, tanto para introducirlas en las aulas como para formación a docentes sobre su uso y aprovechamiento, y el uso incorrecto e inseguro que hacen especialmente los alumnos más jóvenes, que se distraen y aíslan del entorno (en muchos centros educativos está prohibido el uso de móviles durante las clases). Todo ello impide la integración formal y generalizada de dispositivos móviles en las aulas y su consolidación en los currículos académicos, donde todavía existen importantes vacíos en materia de normativa académica para regular el m-learning.

No hay una solución trivial a todos estos problemas. Una buena estrategia es intentar anticipar las próximas tecnologías móviles que se usarán en la enseñanza y aprendizaje (por ejemplo mediante el informe Horizon); acortar los tiempos de investigación; y entrar en un ciclo permanente de investigación-explotación-formación que coincida con los ciclos de consolidación tecnológica. Esto nos puede ayudar a visualizar más el enorme potencial educativo de la tecnología móvil y a relativizar sus costes en términos de problemas de distracción, aislamiento, seguridad, etc., para finalmente generalizar la adopción del m-learning en los currículos académicos. Con todo, el fenómeno m-learning se va expandiendo poco a poco.

En la próxima y última entrada veremos cuáles serán las tecnologías móviles que tendrán repercusión en el campo de la educación en los próximos años y contaremos algunos trabajos representativos en las líneas de investigación actual que, aún siendo material de laboratorio, nos permitirá aventurar cómo será la siguiente generación del m-learning.

Santi Caballé es Ingeniero y Doctor en Informática por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Director académico del Postgrado en Ingeniería del Software de la UOC y profesor de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de esta misma universidad. Sus líneas de investigación más activas son: e-Learning, aprendizaje colaborativo e ingeniería del software. Web: http://cv.uoc.edu/~scaballe

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18 respuestas a Aprendizaje móvil (II): ¿dónde estamos?

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  3. Eva Patrícia Gil dijo:

    Muy buen post. Por lo que yo percibo de los estudiantes, estos usan los dispositivos móviles como una forma más de acceso y bien poco como una forma nueva de estudio… Tanto es así que exigen, con toda la razón del mundo, un acceso multidispositivo perfectamente optimizado, puesto que es lo que necesitan en el día a día de sus estudios.

    • Santi Caballé dijo:

      Estoy de acuerdo, hasta que no se supere el umbral de utilizar dispositivos móviles sólo para acceder a la plataforma e-learning, los usuarios pedirán más comodidad en estos accesos, de modo que puedan visualizar el contenido e-learning correctamente en cualquier dispositivo (por ejemplo, con HTML5). Todavía esta fase del m-learning que nos encontramos no está plenamente consolidada.

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  8. Ventura Alcalde dijo:

    El contenido, muy pertinente y actual.
    El dispositivo móvil es como un caballo salvaje: es potente e incluso seductor. Sólo necesita brida y montura.

    • Santi Caballé dijo:

      Y también necesita tiempo. El m-learning es otro caso donde los avances tecnológicos son tan rápidos que van por delante de encontrar la manera de sacarle provecho.

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