Hablando sobre Twitter, enanos y dragones

No, hoy no toca hablar de J.R.R. Tolkien ni del videojuego Dwarf Fortress. Pero la inminente salida a bolsa de Twitter, otra más en la larga lista de compañías tecnológicas que intentan montarse en el dólar, ha inspirado una pequeña fábula fantástica:

Érase una vez un pueblo de laboriosos enanos, conocidos en el mundo entero por la riqueza de sus minas y sus habilidades en la forja.

Los enanos disfrutaban buscando nuevos metales y gemas y creando auténticas obras maestras. Su pasión era tal que anhelaban poder dedicarse en exclusiva a la creación, dejando de lado otras tareas más mundanas.

En particular, este pueblo de enanos se lamentaba de la cantidad ingente de recursos que debían dedicar a proteger su reino de posibles ladrones o agresores. Los enanos se quejaban de tener que hacer guardia o entrenarse en el ejército cuando podrían estar tallando o martilleando.

Un enano (llamémosle A) propuso una solución que les dejaría con más tiempo en sus manos: pactar con un dragón para que protegiera su reino a cambio de riquezas. Muchos enanos se alarmaron terriblemente al oír esto, pues conocían la avaricia y la voracidad de los dragones. “Esto no funcionará”, dijo el enano B, “Son imprevisibles. Si le prometemos conseguirle 100 piezas de oro al mes, nos protegerá de los ejércitos enemigos… pero quizás se zampe a uno o dos de nosotros cuando tenga hambre. O quizás nos deje de lado si recibe una oferta mejor”.

Dragon... de origami. Fuente: jscreamb@deviantART - Licencia: CC BY-ND 3.0

Dragon… de origami. Fuente: jscreamb@deviantART – Licencia: CC BY-ND 3.0

Pero el enano A había pensado en una solución a este problema: prometerle al dragón una parte proporcional de las riquezas producidas por el reino. De esta forma, el dragón estaría interesado en el buen funcionamiento del reino y no descuidaría su protección ni atentaría contra el bienestar de sus ciudadanos. Esta solución no convenció al escéptico enano B, pero finalmente se puso en práctica.

Al principio todo iba como la seda: el dragón estaba satisfecho del acuerdo y se dedicaba en cuerpo y alma a cumplir su parte del trato protegiendo al reino. Y los enanos estaban encantados con el tiempo extra que podían dedicar a sus obras. Gracias a ello, el reino floreció y pudieron abrir nuevas galerías en sus minas y producir nuevas y extravagantes creaciones.

Sin embargo, la avaricia de los dragones no conoce límites. Muy pronto, el dragón empezó a mostrar su impaciencia con los términos del acuerdo. En su opinión, había  formas mejores y más inmediatas de conseguir riqueza que creando grandes obras faraónicas que tardaban años en completarse.

Como parte interesada, exigió formar parte del consejo regente y participar en la toma de decisiones. En las reuniones del consejo, pidió que se marcaran unos objetivos de producción a corto plazo y empezó a aplicar represalias cuando no se cumplían (zampándose a los responsables).

Así fue como los enanos se dieron cuenta que habían pasado de trabajar gracias al dragón a trabajar para el dragón. De lo que más se lamentaban es de no poder realizar creaciones como las de antaño, pues los objetivos de producción a corto plazo les impedían dedicarse a obras más ambiciosas.

El enano A se quejó amargamente de lo que había pasado, culpando a la avaricia del dragón de la desdicha del reino. Pero el enano B le replicó: “¿Qué esperabas? Ya sabes que los dragones son ambiciosos, es su naturaleza. La culpa es tuya por invitar a uno a nuestra casa y darle las llaves del reino”.

Aunque esta fábula pueda parecer poco relacionada con la tecnología, muchas empresas start-up (los laboriosos enanos) sienten la tentación de conseguir inversores externos, ya sean accionistas o fondos de capital riesgo (el dragón) para conseguir los fondos necesarios para sacar adelante su empresa y centrarse en la actividad creativa. O bien, desde el punto de vista de los propietarios, para recibir una compensación económica por el esfuerzo invertido en crear la empresa. Y claro está, los inversores lo observan todo desde la distancia intenta detectar oportunidades de ganar dinero.

En algunos casos, los empresarios pueden acabar lamentando esta decisión que, si bien les da más recursos para realizar su actividad, les puede restar capacidad de decisión y la posibilidad de dedicarse a proyectos a largo plazo. Sin embargo, puede ser la única forma de sacar adelante una empresa… y no todos los dragones tienen por qué ser malos. Esperamos que, en el caso de Twitter, sea un dragón amistoso.

CC BY-NC-SA 4.0 Hablando sobre Twitter, enanos y dragones por robert está licenciado bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

1 Comment

  1. La entrada de Robert viene al pelo de mis últimas entradas sobre innovación y la figura de Clay Christensen, aunque es mucho más divertida.
    En un famoso artículo de Christensen, Kaufman y Shih publicado en 2008 en la Harvard Business Review, identificaban la manera como los factores financieros pueden agostar o inutilizar la innovación. Su artículo se llamaba precisamente “Innovation Killers”. Las métricas con las cuales los inversores y gestors miden la inversión en innovación son injustas y miopes, casi siempre.

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