Retos analíticos de las universidades

Las empresas y las universidades son diferentes. La empresa se caracteriza por tener ánimo de lucro, es decir, tiene como objetivo obtener el máximo beneficio para distribuirlo entre los accionistas. Esto la lleva tanto a definir una cultura de valores y normativas internas orientadas a los objetivos estratégicos, como a establecer en sus misiones su razón de existencia, que es obtener un mayor beneficio económico. Por el contrario, la universidad se caracteriza por no tener ánimo de lucro [1], sigue una cultura orientada al aprendizaje continuado a lo largo de la vida y dispone de normativas reguladas a través de agencias externas para garantizar la calidad de sus servicios. Así, la razón de existencia de las universidades no es económica, sino social: hacer una sociedad más culta, crítica y preparada. Las universidades y las empresas han vivido bajo unas condiciones y entornos diferentes, como por ejemplo, en su forma de financiación. Gran parte de las universidades gozan de subvenciones de entes públicos, que garantizan su existencia aunque, en algunos casos, puedan no ser sostenibles económicamente. Mientras tanto, las empresas sólo existen si son rentables y su financiación proviene mayoritariamente de fondos privados. No obstante, el entorno de la universidad está cambiando, principalmente en términos de financiación y de competitividad [1]. Algunos de los factores que impulsan el cambio son el decremento de matrículas, el aumento de la oferta formativa, la internacionalización favorecida por los MOOC (Massive Open Online Course), la irrupción de universidades “lucrativas” que son gestionadas como empresas [2] (como por ejemplo la University of Phoenix) o el recorte de la financiación gubernamental. En la situación actual, los...

La emergencia del Chief Data Officer

En el contexto de Business Intelligence, Business Analytics y Big Data, están apareciendo toda una nueva serie de perfiles que necesitan nuevas competencias, como hemos discutido ya aquí, varias veces. Ya hemos hablado que estos perfiles tienen una gran demanda y que Thomas Davenport tilda estos perfiles como la profesión más sexy (aquí). Cerrada la convocatoria de octubre de nuestro Màster y posgrados, estamos considerando si repetirla en Febrero. Veremos. Muchos de estos perfiles están vinculados al desarrollo de proyectos o a la extracción de valor del dato, como el científico del dato, o data scientist, del que ya hablamos aquí y del que hablaremos más otro día. De todos ellos me quiero centrar en aquél más vinculado con la gestión: la emergencia del Chief Data Officer (CDO). En la reunión de expertos de Londres de hace unos meses, que recensionamos aquí, ya aparecía con carga vírica. Este rol tiene la responsabilidad de gestionar todas las iniciativas de datos en la organización y, como es posible suponer, cada vez más se está convirtiendo en un perfil imprescindible para las organizaciones. ¿En qué medida? Ya hemos comentado que según Brynjolfsson, Hitt y Kim, aquellas compañías que usan análisis basado en datos en lugar de la intuición tienen una productividad y unos beneficios de un 5% a 6% más altos que sus competidores. Por lo que contar con un buen estratega debe incrementar la probabilidad llevar a buen puerto estas iniciativas. Además de los anteriores, hace poco se han publicado nuevos estudios que refuerzan el valor de este rol. De hecho, según IBM, el 25% de las empresas pertenecientes al Fortune 500 ya cuentan...

¿Cansados del dato? Esto no ha hecho nada más que empezar

No hace mucho Randy Bean se preguntaba si estábamos cansados del concepto de Big Data. De hecho es una pregunta lícita puesto que por doquier nos encontramos el concepto. Gracias al Big Data, parece que un equipo de fútbol ha ganado el campeonato del mundo o un presidente las elecciones, o que si vamos a cambiar la agricultura. Parece, y en eso tenemos la culpa muchos, que Big Data ha llegado para cambiar el mundo. Al final lo que pasa es que se está haciendo mucho ruido con los mismos casos y, aunque las tecnologías de Big Data están mucho más maduras que antaño, lo cierto es que las organizaciones aún distan haber realizado grandes despliegues, como ya apunta Gartner en uno de sus últimos estudios. No nos debería sorprender: esto no quiere decir que las empresas no estén interesadas en Big Data, sino simplemente que es necesario articular una estrategia de calado más profundo, como ya hemos discutido en un par de entradas recientes (aquí y aquí). La realidad es que estamos en una explosión de fuentes de datos que va a empujar la necesidad de soluciones sofisticadas para la captura, el procesamiento, el almacenamiento y el análisis de datos. Y no pensamos sólo en los datos sociales, cuyo uso cada vez tienen peor fama por la explotación desproporcionada (aunque frecuentemente dentro de la regulación del país en curso) que hacen compañías como Facebook, Google, Linkedin, Twitter y, claro está, clientes y partners de los anteriores. A veces, el uso de los datos supera lo que como consumidores estamos dispuestos a soportar, puesto que se acerca demasiado a futuros como los...