Quiero aprender a hacer una web (2): lo que necesitas saber

Decíamos, pues, que tocaba responder a la pregunta “¿qué tengo que aprender si quiero saber hacer una web?”. La respuesta es… casi de todo.

Los dos lenguajes principales sobre los que se apoya para presentar sus contenidos, HTML y CSS, son otro de los elementos a los que es necesario prestar muchísima atención. Una web es un producto muy visual. Dominar el lenguaje visual, el del diseño gráfico, es, por tanto, prácticamente imprescindible. Y si el trabajo habitual del diseñador gráfico es de por sí complicado, toda web moderna debería verse bien tanto en un pequeño smartphone de 3.5” como en un iPad como en un ordenador con una pantalla de 23” o en una tele de 55”. Y eso si tenemos “suerte” y a nadie se le ocurre acceder al contenido usando unas gafas de realidad virtual. O aumentada. O…

Naturalmente, una web es, casi universalmente, interactiva, por lo que más allá del diseño gráfico vamos a necesitar aprender a diseñar interfaces (algo para lo que, en la actualidad, tener unos conocimientos básicos de animación es bastante recomendable).

La web que hagamos, por sencilla que sea de salida, enseguida va a acumular gran cantidad de contenidos que iremos repartiendo en diferentes páginas del sitio. Quizá ya no sea una etiqueta de moda, pero la arquitectura de la información sigue siendo una necesidad. Y más allá de la arquitectura y retrocediendo hacia los interfaces, la usabilidad  y la experiencia de usuario son, de nuevo, piezas clave.

No hemos hablado, todavía, de la programación. En un blog que se llama iNFoRMáTiCa++, lo sé. ¿Se puede sobrevivir hoy en la web sin saber programar? Sí. Sobrevivir, sí. Pero por poco que queramos hacer algo sofisticado vamos a necesitar unos mínimos de programación.

Hablemos de programación. Fuente: Negative Space @ Unsplash

Hablemos de programación… Fuente: Negative Space @ Unsplash

Ya hemos mencionado los dos componentes básicos de la web, el HTML y el CSS, pero nos falta el tercer pilar: el JavaScript. (Disculpen si me descuelgo con otro paréntesis… JavaScript… ¿No es JavaScript el lenguaje de programación más odiado del mundo? Muy probablemente. Claro que la correlación entre “lenguajes más odiados” y “lenguajes más utilizados” es casi perfecta.) Cuando queremos añadir a una página web capacidades ricas de interacción, JavaScript es la solución. Y no podemos olvidar la infinidad de bibliotecas y frameworks JavaScript que facilitan nuestra labor y nos permiten ir cada vez más lejos desarrollando aplicaciones web (jQuery, Angular, React… demasiadas como para hacer ni siquiera una lista, sin invertir en ello horas y horas).

JavaScript es el lenguaje a aprender si nos queremos dedicar al front-end (es decir, a lo que pasa en el navegador). El back-end, lo que pasa en el servidor, es un campo de salida mucho más abierto: la cantidad de lenguajes de programación por los que podríamos comenzar es más que notable. Volviendo a mi paréntesis del JavaScript, mi recomendación es buscar el lenguaje más odiado. Y ese, casi unánimemente, es PHP. Por algo será. Pero uno puede programar en el servidor en Java, usando las tecnologías .NET de Microsoft, en cosas como Ruby on Rails y en una docena más de tecnologías. Como poco. Si ya tenemos una mochila de conocimientos de programación ‘atada’ a algún lenguaje de programación, hay una buena probabilidad de que éste sea también una alternativa viable para comenzar.

¿Me dejo algo? Buf… Allí donde hay una aplicación, hay una base de datos. O más de una. Elegir el tipo de base de datos que vamos a usar es, en sí mismo, una decisión crucial si nuestra futura aplicación web va a tener que dar servicio a miles de usuarios al día. Si queremos alcanzar miles de usuarios por minuto, la decisión es vital.

¿Más aún? Desde luego. No hemos hablado ni del “hierro” ni de los “tubos” que animan la web. Entender cómo funcionan los servidores web es, de nuevo, vital si queremos ser capaces de escalar y atender a públicos enormes. De la misma manera que lo es entender las redes por las que se van a mover nuestros contenidos. Y cómo servir esos contenidos de la mejor manera posible, especialmente si vamos a acompañar nuestros contenidos textuales de imágenes (¿Cuántas webs sin imágenes has visto hoy? ¿Una? ¿Ninguna?), audio o vídeo

Y estaremos todos de acuerdo que si una web puede llegar a ser un asunto complejo, mejor saber un poco de gestión de proyectos, ¿no?

Buf

Sí. Ya… Y me he dejado la ingeniería de software, los sistemas operativos, los sistemas distribuidos, los temas de comercio electrónico, la seguridad informática

¿Realmente necesito aprender todo eso?

Depende. ¿Quieres ser un especialista o un generalista? ¿Qué se te da bien? ¿De cuánto tiempo dispones? ¿En qué cosas estás dispuesto a adquirir servicios ofrecidos por otros? Miles de negocios funcionan sobre gestores de contenidos de código abierto como WordPress que corren a su vez sobre “pilas” de software libre como la archipopular LAMP (“Linux, Apache, MySQL, PHP”). Y no faltan soluciones comerciales de todo tipo que pueden, desde luego, suponer una solución fantástica. ¿Usar, desarrollar, integrar? Las posibilidades son inacabables…

Naturalmente, la mayoría de veces que se me hace a mí la pregunta, como profesor de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la UOC, es con respecto a alguna de nuestras ofertas formativas…

Si uno dispone del tiempo necesario para ello, la formación sólida que ofrecen nuestros grados es, naturalmente, una sugerencia fácil y segura. Si lo que te atrae es el aspecto exclusivamente tecnológico, nuestro Grado de Ingeniería Informática. Si quieres combinar código con diseño, nuestro Grado de Multimedia. Y en cuanto a alternativas a más corto plazo, especialmente si uno ya cuenta con una cierta experiencia en lo que a la programación se refiere, no puedo dejarme nuestro Posgrado de Desarrollo de Aplicaciones Web (que tengo el placer de codirigir, sí). O nuestro posgrado en Diseño de Experiencia de Usuario, si son los interfaces, la usabilidad y la experiencia de usuario lo que más nos atrae.

No querría, desde luego, obviar la casi infinita oferta formativa que se extiende más allá de las puertas de la UOC. Como siempre en estos casos, busque, investigue a fondo y compare… Tampoco querría minimizar la importancia de la autoformación, desde luego. Y menos aún en este caso, en el que la formación a lo largo de la vida y el reciclaje continuo son absolutamente imprescindibles.

En cualquier caso, sea cual sea la vía elegida, mucha suerte: habéis elegido un camino apasionante.

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