El tiempo en la era digital

(Trobareu la versió en català més avall)

Hace un siglo, el economista John Maynard Keynes imaginó que, a comienzos del siglo XXI, en los países desarrollados sólo tendríamos que trabajar tres horas al día para cubrir todas nuestras necesidades. Eso sería gracias al aumento de la productividad que comportaría el progreso técnico. La gente, entonces, podría tener una vida contemplativa y feliz. En cambio, en realidad, ha ocurrido lo contrario. En la sociedad de la información y la comunicación, las máquinas no nos han liberado del trabajo y hay una creciente sensación de falta de tiempo en la vida cotidiana. Ese es el enigma que Judy Wajcman explora en su reciente libro traducido al castellano por la editorial Paidós Esclavos del tiempo. Vidas aceleradas en la era del capitalismo digital: “que vivimos en una sociedad de la aceleración en la que el incremento tecnológico no produce más tiempo libre y tiempo de inactividad, sino, de hecho, un ritmo de vida cada vez más rápido”.

Judy Wajcman, conocida pionera en los estudios sociales de la tecnología, nos sorprende de nuevo con este análisis profundo sobre la forma cómo la tecnología participa de forma esencial en la configuración del concepto y de la práctica del tiempo en la sociedad. La clave para entender la tensa y compleja relación entre tecnología y tiempo, sugiere la autora, es el concepto de soberanía temporal, es decir, la capacidad de decidir cómo distribuimos nuestro tiempo. En este libro de lectura fácil y apasionante a la vez, la autora nos descubre caminos de reflexión por los que no imaginábamos transitar. Su tema es, en apariencia, la sociedad de la aceleración.

Desde la invención del telégrafo, momento en que, por primera vez, una máquina podía desligar la comunicación del medio de transporte, permitiendo que la información se moviera de manera independiente al transporte -de manera similar a Internet hoy-, la proliferación de TIC cada vez más eficientes debían ayudar a controlar el tiempo. Entonces, ¿cómo es que parecen controlarnos a nosotros? ¿Cómo es que cada vez parece que tengamos menos tiempo personal? La autora hace un extenso estudio de las diversas formas en las que la tecnología reconfigura el tiempo; un estudio que nos sorprenderá, nos inquietará y nos esperanzará a la vez.

Se analiza el tiempo de trabajo y su reformulación en la era digital, ya que el modo cómo empleamos nuestro tiempo se basa, sobre todo, en la forma en que trabajamos. La idea de que el trabajo se regule por el tiempo lineal de reloj, nos recuerda la autora, es una característica relativamente reciente de las sociedades industriales. La búsqueda de la máxima velocidad y eficiencia, el uso disciplinado del tiempo, sólo se hicieron hegemónicos en una economía de mercado donde el tiempo es dinero. Hoy en día, cada vez menos trabajadores fichan al entrar y salir del trabajo, pero aquella idea del tiempo industrial todavía configura el modo en que entendemos el tiempo de trabajo.

En esa lógica del tiempo, cada vez más personas utilizan las apps de gestión del tiempo para aprovecharlo mejor y para determinar exactamente qué se hace durante el día. Bajo la creencia de que perder tiempo es malo y deberíamos maximizar nuestra productividad, estas apps, a menudo, opina Wajcman, reducen el tiempo a una métrica estándar.

Judy Wajcman nos ilustra también sobre otros pensadores, como es el caso de la socióloga Juliet Schor, que clama contra la cultura de las largas jornadas, el crecimiento ilimitado y el consumo excesivo, y según la cual hemos perdido el control del ritmo de la vida cotidiana: se trabaja demasiado, se come deprisa, nos relacionamos poco, se conduce y se permanece en medio del tráfico durante demasiadas horas, se duerme poco, y aun así nos sentimos apremiados por el tiempo. Por eso, la articulación entre trabajo y vida es necesaria hoy más que nunca. En las empresas se están instaurando políticas de conciliación de la vida personal y laboral, pero a la vista de los resultados son todavía claramente insuficientes.

La tecnología, que debía habernos aliviado el tiempo de trabajo, sin embargo, consume tiempo. Familiarizarse y aprender a manejar dispositivos digitales exige dedicación. Incluso comprar on-line, que también promete ahorrar tiempo, puede acabar resultando una actividad que nos roba el tiempo antes reservado al descanso o al ocio (pensad, por ejemplo, en las horas dedicadas durante el Black Friday – Cyber Monday a la compra on-line).

Según la autora, los datos masivos (Big Data) prometen un futuro de compras continuas, y toda una serie de herramientas on-line, servicios y apps, nos rastrearán y obtendrán información sobre nuestros deseos y necesidades, asegurándonos que nuestro consumo se hará más racionalizado y eficiente. Sin embargo, Amazon se está acercando ya a los envíos realizados el mismo día de la compra, y la gente se acostumbra fácilmente a la gratificación inmediata, de forma que cada vez será más difícil obtener una satisfacción “sin prisas”. Una posible solución es la de la vía del “vivir despacio”, propuesta por movimientos como el Slow Food, centrado en el contraste entre comida rápida y lenta, en un intento de dedicar más tiempo a actividades “vitales”, preservar zonas lentas, etc. Esta filosofía, sin embargo, requiere más innovación tecnológica.

Y, en efecto, concluye la autora: las nuevas tecnologías del futuro próximo que poblarán el mundo  de robots y sujetos posthumanos mejorados por la tecnociencia pueden llevarnos a una vía evolutiva hacia “una existencia ciborgiana transformada”. Pero habrá que estar atentos porque la tecnología configura no solo las máquinas sino también los marcos culturales para entendernos a nosotros mismos. Los órdenes sociotécnicos no están predeterminados, sino que son resultado de la unión de humanos y no humanos para construir la sociedad.

Muy a menudo se hace una crítica negativa sobre el impacto de los dispositivos digitales en la vida. Aunque Judy Wajcman hace un análisis exhaustivo de la forma cómo estos han acelerado nuestra sociedad, también defiende que las tecnologías rápidas e inteligentes proporcionan una gran oportunidad para alcanzar una sociedad más justa y humana. El ritmo de vida ajetreado no depende de los artilugios en sí, sino de las prioridades que nosotros establecemos. Por eso, la crítica reflexiva sobre la forma cómo esa tecnología afecta nuestro tiempo es tan importante. Y seguro que nos ayudará a “tomar el control de nuestro tiempo durante más tiempo”.

M. Antonia Huertas es doctora en Matemáticas por la Universidad de Barcelona (UB). Licenciada en Matemáticas por la Universidad de Barcelona y en Humanidades por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Es profesora de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la UOC. Su trabajo de investigación se centra en Lógica y en e-Learning.

El temps en l’era digital

Fa un segle, l’economista John Maynard Keynes va imaginar que, al començament del segle XXI, als països desenvolupats només hauríem de treballar tres hores al dia per cobrir totes les nostres necessitats. Això seria gràcies a l’augment de la productivitat que comportaria el progrés tècnic. La gent, aleshores, podria tenir una vida contemplativa i feliç. En canvi, en realitat, ha passat el contrari. En la societat de la informació i la comunicació, les màquines no ens han alliberat de la feina i hi ha una creixent sensació de manca de temps en la vida quotidiana. Aquest és l’enigma que Judy Wajcman explora en el seu recent llibre traduït al castellà per l’editorial Paidós Esclavos del tiempo. Vidas aceleradas en la era del capitalismo digital: “que vivim en una societat de l’acceleració en la qual l’increment tecnològic no produeix més temps lliure i temps d’inactivitat, sinó, de fet, un ritme de vida cada vegada més ràpid”.

Judy Wajcman, coneguda pionera en els estudis socials de la tecnologia, ens sorprèn de nou amb aquesta anàlisi profunda de la forma com la tecnologia participa de manera essencial en la configuració del concepte i de la pràctica del temps en la societat. La clau per entendre la tensa i complexa relació entre tecnologia i temps, suggereix l’autora, és el concepte de sobirania temporal, és a dir, la capacitat de decidir com distribuïm el nostre temps. En aquest llibre de lectura fàcil i apassionant alhora, l’autora ens descobreix camins de reflexió pels quals no imaginàvem transitar. El seu tema és, en aparença, la societat de l’acceleració.

Des de la invenció del telègraf, moment en què, per primera vegada, una màquina podia deslligar la comunicació del transport, permetent que la informació es mogués independentment del transport -de manera similar a Internet avui-, la proliferació de TIC cada vegada més eficients havien ajudar a controlar el temps. Llavors, ¿com és que semblen controlar-nos a nosaltres? Com és que cada vegada sembla que tinguem menys temps personal? L’autora fa un extens estudi de les diverses formes en què la tecnologia reconfigura el temps que ens sorprendrà, ens inquietarà i ens esperançarà alhora.

S’analitza el temps de treball i la seva reformulació en l’era digital, ja que la manera com fem servir el nostre temps es basa, sobretot, en la forma en què treballem. La idea que el treball es reguli pel temps lineal de rellotge, ens recorda l’autora, és una addició relativament recent de les societats industrials. La recerca de la màxima velocitat i eficiència, l’ús disciplinat del temps, només es van fer hegemònics en una economia de mercat on el temps són diners. Avui dia, cada vegada menys treballadors fitxen en entrar i sortir de la feina, però aquella idea del temps industrial encara configura la manera en què entenem el temps de treball.

En aquesta lògica del temps, cada vegada més persones utilitzen les apps de gestió del temps per aprofitar-lo millor i per determinar exactament què es fa durant el dia. Sota la creença que perdre temps és dolent i hauríem de maximitzar la nostra productivitat, aquestes apps, sovint, opina Wajcman, redueixen el temps a una mètrica estàndard.

Judy Wajcman ens il·lustra també sobre altres pensadors, com és el cas de la sociòloga Juliet Schor, que clama contra la cultura de les llargues jornades, el creixement il·limitat i el consum excessiu, i segons la qual hem perdut el control del ritme de la vida quotidiana: es treballa massa, es menja de pressa, ens relacionem poc, es condueix i s’està enmig del trànsit durant massa hores, es dorm poc, i tot i així ens sentim apressats pel temps. Per això, l’articulació entre treball i vida és necessària avui més que mai. A les empreses s’estan instaurant polítiques de conciliació de la vida personal i laboral, però a la vista dels resultats són encara clarament insuficients.

La tecnologia, que ens havia d’alleujar el temps de treball, consumeix temps. Familiaritzar-se i aprendre a manejar dispositius digitals exigeix ​​dedicació. Fins i tot comprar on-line, que també promet estalviar temps, pot acabar resultant una activitat que ens roba el temps abans reservat al descans o a l’oci (pensaeu, per exemple, en les hores dedicades durant el Black FridayCyber ​​Monday a la compra on-line).

Segons l’autora, les dades massives (Big Data) prometen un futur de compres contínues, i tot un seguit d’eines on-line, serveis i apps ens rastrejaran i obtindran informació sobre els nostres desitjos i necessitats, assegurant-nos que el nostre consum es farà més racionalitzat i eficient. No obstant això, Amazon s’està acostant ja als enviaments realitzats el mateix dia de la compra, i la gent s’acostuma fàcilment a la gratificació immediata, de manera que cada vegada serà més difícil obtenir una satisfacció “sense presses”. Una possible solució és la de la via del “viure poc a poc”, proposada per moviments com l’Slow Food, centrat en el contrast entre menjar ràpid i lent, en un intent de dedicar més temps a activitats “vitals”, preservar zones lentes, etc. . Aquesta filosofia, però, requereix més innovació tecnològica.

I, en efecte, conclou l’autora: les noves tecnologies del futur pròxim que poblaran el món de robots i subjectes posthumans millorats per la tecnociència poden portar-nos a una via evolutiva cap a “una existència ciborgiana transformada”. Però caldrà estar atents perquè la tecnologia configura no només les màquines sinó també els marcs culturals per entendre’ns a nosaltres mateixos. Els ordres sociotècnics no estan predeterminats, sinó que són resultat de la unió d’humans i no humans per construir la societat.

Molt sovint es fa una crítica negativa sobre l’impacte dels dispositius digitals en la vida. Encara que Judy Wajcman fa una anàlisi exhaustiva de la forma com aquests han accelerat la nostra societat, també defensa que les tecnologies ràpides i intel·ligents proporcionen una gran oportunitat per assolir una societat més justa i humana. El ritme de vida atrafegat no depèn dels artefactes en sí, sinó de les prioritats que nosaltres establim. Per això, la crítica reflexiva sobre la forma com aquesta tecnologia afecta el nostre temps és tan important. I segur que ens ajudarà a “prendre el control del nostre temps durant més temps”.

M. Antonia Huertas és doctora en Matemàtiques per la Universitat de Barcelona (UB). Llicenciada en Matemàtiques per la Universitat de Barcelona y en Humanitats per la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). És professora dels Estudis d’Informàtica, Multimèdia i Telecomunicació de la UOC. El seu treball de recerca se centra en la Lògica y l’e-Learning.

3 Comments

  1. Muy interesante, muchas gracias. Recomiendo a quien “tenga tiempo” la lectura reposada del libro de Wajcman. :–)

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    • Me lo he comprado justo hace una semana. Pero me da la impresión que se queda en la exposición del problema. Aporta estrategias o soluciones?

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  2. Parece que al final es una cuestión de establecer y fijar prioridades, y ser muy escrupulosos con el tiempo que se dedica a las nuevas tecnologías que también nos roban tiempo.

    Se hace necesario dedicarnos más tiempo a nosotros mismos.

    En vuestra opinión qué estrategias serían las más eficaces para sentir que tenemos más tiempo?

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