El jefe de proyecto como un espía

En los últimos tiempos, he descrito el estupor de la profesión de dirigir proyectos, en la vorágine de la agilidad y la transformación digital. ¿Es el jefe de proyecto una especie en extinción? Las cosas no son lo que eran y uno no sabe si todavía es de los nuestros. Sirvan estas líneas de hoy para reivindicar al jefe de proyecto de nacimiento, de raza, a quien necesitamos más que nunca y que tantas veces echamos de menos.

Un hombre decente, último libro de John le Carré para hablar del jefe de proyecto
Portada del último libro de John le Carré

Escribí hace tiempo aquí que la naturaleza de los jefes de proyecto se parece a la de los espías. Gente orientada a la acción, a conseguir que las cosas pasen, con una limitación de medios y de tiempo. Los códigos y procedimientos aspiran a convertirlos en burócratas, que hacen actas y avisan de todos sus pasos. Es en vano. El jefe de proyecto de raza «va por libre. Puede que reciba órdenes de Londres, pero sobre el terreno es dueño de su destino y de los agentes que controla». «Como decimos en el oficio, es demasiado bueno para detenerlo». Esto es a veces un problema: el jefe de proyecto no siempre avisa a tiempo o lo hace cuando está angustiado y el daño es irreparable para el cliente, para el servicio y para sí mismo.

El jefe de proyecto es un tipo sin bandera, o con una bandera muy vaga, que «se adapta a las circunstancias y no tiene escrúpulos morales insuperables», pero, en realidad, «es un hombre fundamentalmente honrado», que trabaja en beneficio del cliente. Esta ambigüedad a veces se interpreta como manipulación y puede producir a su alrededor incertidumbre y desconfianza. Y es verdad que algunos jefes de proyecto, como los espías, se pierden por este camino o es mejor dejarlos perder sin daño.

En la operación, el jefe de proyecto, como el espía, está atento a las señales y dedica tiempo al análisis. El análisis es la estrella de la inteligencia, dijimos aquí una vez. «Los indicadores no caminan en la dirección que señalan». Es el jefe de proyecto el que tiene que hacer las buenas preguntas, saber interpretarlos y decidir el curso de acción.

«Algunos espías son pesos ligeros que se hacen pasar por pesos pesados. Otros son esto último, aunque no lo parezcan.» Un peso ligero puede llegar a ser un peso pesado, con la madurez y la práctica, bajo la supervisión inteligente de los más veteranos. Los lugares donde se encuentran supervisor y supervisado son la planificación y las sesiones de control. La planificación no es un hoja de cálculo sino básicamente una preparación cuidadosa de los escenarios y los medios. «El tiempo empleado en planificar nunca es tiempo perdido», decían en Sarratt, la escuela del servicio secreto británico.

Aunque se tecnifique y se automatice, la dirección de proyectos es un oficio de personas, «simples mortales». El jefe de proyecto de raza cuida de su gente y de la gente del cliente, para que puedan alcanzar sus objetivos. Y no les falla. «Unas veces nos portamos como cabrones, otras somos buenos samaritanos, y en ocasiones nos equivocamos de medio a medio. Pero si fallas a un agente cuando más te necesita, le fallarás siempre.»

Notas:

Las citas entrecomilladas pertenecen a diferentes libros de John le Carré, especialmente al último, traducido aquí como Un hombre decente.

Mi libro Jefe de proyecto ++, elaborado a partir de algunas entradas de este blog, contiene otras ocurrencias más o menos literarias alrededor de la profesión y la práctica de la gestión de proyectos.

Jose Ramon Rodriguez es profesor de los Estudios de Informática, Multimedia i Telecomunicación de la UOC.

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