Lo que no veremos en el Mobile World Congress

Lo que no veremos en el Mobile World Congress

A estas alturas hasta viviendo debajo de una piedra todos los lectores de este blog, ya sabéis que este año no se celebra el Mobile World Congress… Pero el mercado del móvil no se para y la no celebración del congreso de ninguna forma para la maquinaria de una industria perfectamente engrasada para intentar llevar al consumidor a adquirir un móvil nuevo. Así pues, aún sin Mobile, siempre es interesante estar al tanto de lo que nos va a traer este año…

Pantallas flexibles

Sin duda los móviles con pantallas flexibles habrían sido la estrella de la cobertura mediática del congreso… Aunque sus elevadísimos precios y las dudas razonables sobre si son lo suficientemente resistentes seguramente habrían hecho que vendiesen pocas unidades. Es curioso observar cómo la industria del móvil imita la de los coches, con grandes marcas que lanzan cada año prototipos carísimos que combinan funcionalidades revolucionarias con una funcionalidad a veces muy discutible pero, a diferencia de los prototipos de cuatro ruedas, además de enseñarlos los pone a la venta.

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Si el año pasado algunos fabricantes (Huawei y Samsung) lanzaron unos primeros móviles que usaban la flexibilidad de las pantallas para transformarse en pequeñas tablets, este año lo que vemos es un regreso al pasado, con los alargados móviles «de concha» que solíamos usar antes de la era del smartphone. Será muy interesante, además, observar cómo aplicaciones y sistemas operativos se adaptarán a estos móviles «transformer», que hacen que quien diseña las interfaces ya no pueda asumir que el formato de pantalla está en torno al 16:9 al que nos habíamos acostumbrado hasta ahora, y deberán funcionar razonablemente bien también en formatos mucho más alargados (más allá del 20:9) pero también casi cuadrados.

Si bien, como decíamos, la durabilidad de las pantallas sigue estando en duda, Samsung ha presentado una novedad importante: a diferencia del resto de pantallas de esta categoría, la que usa su Galaxy Z Flip no es de plástico sino de cristal (aunque la firma coreana ha sido muy parca en detalles sobre este cristal), que debería ser considerablemente más resistente que sus predecesores… aunque solo el tiempo lo dirá con seguridad.

Cámaras, más y mejores

Es muy fácil ver por qué los fabricantes apuestan por las pantallas flexibles: en un mundo en el que todos los móviles son prácticamente el mismo paralelepípedo de cristal, un móvil con una forma ligeramente diferente es el factor que permite diferenciar el producto estrella de una marca de todas las demás.
Las cámaras no consiguen jugar este rol diferenciador con tanto éxito, pero aun así es uno de los factores que llevan al potencial comprador a optar por una u otra solución. Y, en consecuencia, los fabricantes este año han seguido con su muy particular carrera de armas.

Particularmente me parece reconfortante ver cómo esta carrera ya no se centra tanto en el número de megapíxeles: parece que el mercado se ha dado cuenta de que a partir de unos ciertos números la resolución de una foto deja de tener sentido. De hecho, este será el año en que las cámaras de la gama media comenzarán a tener más megapíxeles en el sensor que en las fotos que este produce. Y es que un poco de software puede convertir una captura de 48 megapíxeles, por ejemplo, en una foto de «solo» 12… pero con mucha mejor definición y reproducción de color.

Y esto nos lleva a hablar de fotografía computacional y a plantearnos qué es hacer una foto. Porque cuando con un móvil de gama alta disparamos, casi nunca se toma una captura, sino varias. Y a apartir de esas capturas, el software del móvil, como si un profesional del Photoshop se tratase, toma todas esas imágenes y les aplica todo tipo de filtros para presentarnos una «foto» que nos es mucho más agradable a la vista en muchos casos (aunque inevitablemente también habrá casos en que la inteligencia artificial no sea capaz ), aunque haya dejado de ser lo que llamábamos «una foto» hasta hace tan solo dos o tres años.

Y aunque el software es cada vez más lo que diferencia a las cámaras de un fabricante de otro —no lo olvidemos: hay una infinidad de fabricantes de móviles, pero muy pocos fabricantes de sensores—, también veremos este año cómo mejoran esos sensores. Se volverá cada vez más extraño, por ejemplo, ver un móvil con una única cámara. Será difícil que el móvil no combine la óptica habitual con un zoom (a veces logrado a través de montar un periscopio dentro del teléfono) o un ojo de pez, acompañados a su vez de sensores «time of flight» que generan un mapa de profundidad que nos ayuda a desenfocar los fondos o incluso a reenfocar las fotos después de hacerlas.

¿5G?

Tras los nuevos formatos físicos conseguidos a partir de pantallas flexibles y las cámaras, un tercer factor de venta, probablemente menos llamativo, sea el de las funcionalidades 5G. El advenimiento de esta nueva generación de la telefonía móvil tendrá efectos nada despreciables: al inevitable aumento del ancho de banda le acompañarán también una reducción de la latencia que puede ser muy importante para aplicaciones de telepresencia, por ejemplo, y la capacidad de dar servicio a muchos más dispositivos por kilómetro cuadrado. No queda tan lejos el momento en que en una manifestación, un concierto o un gran acontecimiento deportivo no tengamos que desesperarnos porque la antena de turno se colapsa ante diez mil usuarios intentando enviar la foto del día a sus contactos.

Pero para muchos usuarios las diferencias que trae el 5G no van a ser lo suficientemente aparentes como para resultar un factor diferenciador. Y esto, sumado a que el despliegue de las redes 5G va a tardar todavía un poco, hace que el énfasis en el 5G sea menor del que uno podría haber imaginado hace unos meses. Y, no lo olvidemos, la mayoría de fabricantes no tomará la decisión de ofrecer una determinada gama con 5G: deberán esperar a que los fabricantes de chips, con Qualcomm a la cabeza, decidan ofrecer en sus chipsets el soporte para 5G a precios asumibles.

…e Internet de las Cosas

La Internet de las Cosas no habría acumulado tantos titulares, pero en los pabellones periféricos de la Fira habríamos visto cómo a todo objeto imaginable alguien le habría añadido unos sensores, o una pantalla, y una conexión, muchas veces Bluetooth, en algunos casos WiFi y en menos ocasiones, pero cada vez más, con 5G. Y es que a medida que crece la posibilidad de conectarlo todo, los fabricantes lo intentarán todo, a la caza de «the next big thing». En un mundo en que los grandes fabricantes de móviles no necesitan en realidad el bazar del Mobile World Congress para presentar sus novedades, personalmente es esta categoría la que más echaré de menos por culpa del dichoso COVID 19 y el miedo que ha suscitado entre los expositores del congreso.

En cualquier caso, para todos los que no podemos evitar seguir las novedades del sector, los próximos doce meses vendrán, seguro, cargados de todo tipo de novedades, de las más útiles a las decididamente bizarras.

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