31 años de World Wide Web

31 años de World Wide Web

Imagen de Chris RubberDragon

Hoy, 12 de marzo, se conmemora el trigésimo primer aniversario de la world wide web. La fecha no es tan sonada, claro, como la del año pasado, en la que se hizo una gran celebración en el CERN, su lugar de nacimiento, pero aun así sigue siendo un buen moment.para reflexionar sobre los años que separan a la web de su cuarenta aniversario.

Los inicios de la WWW

Y es que el muy utópico inicio de la web comienza a quedar muy, muy lejos. Ha llovido mucho desde que Tim Berners-Lee —un físico que por aquel entonces era fellow en el centro de investigación europeo alojado en la frontera franco-suiza— se subiera a hombros de muchos gigantes para hacer la propuesta de lo que hoy es la web.

Con la genial idea de combinar el protocolo TCP creado en los años 70 por Vint Cerf y Bob Kahn con el incipiente DNS (o sistema de nombres de dominio).

Esto permitía asociar automáticamente nombres de dominio a las direcciones numéricas de los servidores de internet (un trabajo que hasta la aparición del DNS hacía a mano Elizabeth Feinler) y el concepto de hipertexto, una idea que ya encontramos en la biblioteca infinita de Borges, de 1941, y que como mínimo se remonta a 1895 y el Mundaneum de los belgas Paul Otlet y Henri La Fontaine.

Los lectores curiosos pueden leer la propuesta original de Berners-Lee, que está archivada aquí. También se conserva la primera página web. No nos podemos resistir a comentar un aspecto bastante doloroso visto desde la perspectiva del profesorado universitario de 2020, acostumbrado a redactar propuestas de proyectos de tamaño descomunal: la propuesta de la world wide web, sin duda uno de los inventos más relevantes de todo el siglo XX, «mide» menos de 5000 palabras. Con ilustraciones incluidas, unas trece páginas. Aunque pueda no parecerlo a ojos del lector sin experiencia en estas lides, todo investigador que haya pasado por un proceso similar recientemente sabrá apreciar la brevedad y concisión del documento.

La WWW hoy

Pero nos perdemos demasiado en detalles históricos, siempre interesantes pero probablemente menos que otear el horizonte de la web. Y es que de aquel sistema pensado para que la comunidad científica compartiese y organizase sus conocimientos hemos pasado al coloso actual, dominado por un puñado de enormes corporaciones, y cuyo control se ha convertido en el objetivo de todas las grandes potencias.

Tanto es así que se han alzado ya muchas voces de alarma sobre los múltiples riesgos que amenazan la web hoy: la EFF (Electronic Frontier Foundation), por ejemplo, lleva años hablando del tema. Probablemente todos tengamos en la cabeza el peligro que supone la comercialización desmedida y la pérdida de la privacidad, pero no deberíamos olvidar nunca el riesgo de fragmentación de la web en una web «occidental», una web china, una web rusa… cada una de ellas con sus reglas y sus contenidos.

Y tampoco deberíamos olvidar los peligros de las leyes que aprueban cada vez más países. Podríamos hablar del caso ruso o el “gran firewall chino”, pero también del caso español, que les permiten tomar el control de internet y la web sin todos los controles y garantías que cabría esperar.

Además de gobiernos y las grandes empresas de la red, los proveedores de Internet (ISPs) también intentan incrementar su control sobre la gallina de los huevos de oro. Por este motivo, los ISPs siguen presionando para acabar con la neutralidad de la red, el principio según el cual todo el tráfico en Internet debe ser tratado de la misma forma independientemente de su origen, destino y contenido. El fin de la neutralidad daría más poder a los proveedores de Internet en detrimento de los usuarios y los creadores de contenidos.

Un contrato para la World Wide Web

De entre las muchas voces que, como decíamos, se han alzado para hablar de estas amenazas y cómo luchar contra ellas, para esta pieza nos vamos a quedar con la del propio Sir Tim Berners-Lee, que aprovechaba la ocasión del 30 aniversario para hablar de estos retos y cómo afrontarlos. La propuesta de Berners-Lee pasa por el Contract for the Web que ha promovido desde la World Wide Web Foundation (y que la UOC suscribió a finales del año pasado).

El contrato se articula alrededor de unos principios esenciales muy sencillos: los tres primeros se orientan a los gobiernos:

  • Principio 1. Asegurarse de que todo el mundo pueda conectarse a Internet
  • Principio 2. Hacer que la totalidad de Internet esté disponible en todo momento
  • Principio 3. Respetar y proteger los derechos básicos de las personas sobre sus datos y su privacidad en la red

Tres principios más se orientan a las empresas:

  • Principio 4. Hacer que Internet sea asequible y accesible para todo el mundo
  • Principio 5. Respetar y proteger la privacidad y los datos personales, con el fin de generar confianza en la red
  • Principio 6. Desarrollar tecnologías que promuevan lo mejor de la humanidad y contribuyan a mitigar lo peor

Y los tres principios finales se dirigen a la ciudadanía:

  • Principio 7. Crear y colaborar en la Web
  • Principio 8. Construir comunidades sólidas que respeten el discurso civil y la dignidad humana
  • Principio 9. Luchar por la Web

Desde esta modesta tribuna opinamos que estos nueve principios deberían resultar obvios para todo el mundo. Pero también nos tememos que todos ellos están en riesgo hasta tal punto que muchos podrían tacharlos de utópicos. Un cierto grado de optimismo es necesario, no obstante, debemos prepararnos para defender cada uno de ellos con todas nuestras fuerzas, porque algunos de nuestros derechos fundamentales dependen de ellos.


César Córcoles, director del Máster Universitario de Sitios y Desarrollo de Aplicaciones Web. Forma parte del Observatorio tecnológico de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la UOC

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