Halt and Catch Fire: más allá de la informática

Halt and Catch Fire: más allá de la informática

A finales de 2011 el canal de televisión de pago americano AMC comenzaba a anticipar el final de una de sus series de más prestigio, Mad Men. Mientras buscaban un producto con el que sustituir uno de sus “buques insignia” se cruzaron con Christopher Cantwell y Christopher C. Rogers, dos guionistas que buscaban hogar para una serie que estaban desarrollando. 

Como Mad Men, se trataba de una serie “de época” que giraba alrededor de una industria. En lugar de los años cincuenta y la publicidad nos encontraríamos en los ochenta y la primera mitad de los noventa. En lugar de la industria de la publicidad y Madison Avenue tendríamos la informática y Silicon Valley (y otro de sus lugares clave: la mucho menos conocida Silicon Prairie).

Con esta premisa se puso en marcha Halt and Catch Fire, que AMC comenzó a emitir en 2014 y que se ofreció también en la versión española del canal. A una primera temporada interesante le siguieron tres más que acumularon aplausos tanto de la crítica generalista como del mundillo de la tecnología, por su retrato de unos personajes en crisis constante en medio de una revolución que ha definido nuestros días. En la actualidad la serie puede verse en España en la plataforma de vídeo bajo demanda Filmin.

Cada vez somos más los que consideramos Halt and Catch Fire una joya seriéfila que va mucho más allá de la informática: asistimos a momentos clave de la revolución tecnológica y personal de los protagonistas.

En este artículo trataremos de aportar argumentos y reflexiones sobre algunos temas que la serie trata con especial acierto y sensibilidad: la evolución cronológica de la tecnología (¡ojo spoilers!), y el tratamiento del género a través de sus personajes. 

La serie: ¿sobre qué trata Halt and Catch Fire?

Halt and Cath Fire cuenta con cuatro temporadas y cuatro grandes personajes. Cada temporada viajamos a un momento cronológico distinto de la trepidante revolución informática que vivió los Estados Unidos en la década de los 80 y principios de los 90: desde los ordenadores personales, los juegos en línea, el almacenamiento de redes y datos… hasta Internet.

Estos grandes momentos de la Historia (en mayúscula) los protagonizan: Joe McMillan (Lee Pace), un visionario, Cameron Howe (Mackenzie Davis), una programadora brillante, y Gordon y Donna Clark (Scoot McNairy y Kerry Bishé), un matrimonio de ingenieros inicialmente estancados en su vida laboral, cuya vida da un vuelco al cruzarse con Joe y Cameron.

La evolución de la tecnología: hilo conductor de la serie

No: a pesar de que a los tecnólogos nos obsesione cómo se nos retrata y cómo se representa la tecnología en series y películas, no es este el principal factor que hace que una obra dramática sea o no una buena obra. Aun así, está bien reconocer las ficciones bien documentadas que hacen lo posible por insertarse en la historia. Y Halt and Catch Fire es brillante también en ese aspecto.

Advertencia: spoilers.

La serie comienza en 1983 “en algún lugar de Texas” (en el área metropolitana de Dallas, de hecho) durante el nacimiento de la industria del PC, el ordenador personal de IBM, cuando a alguien se le ocurre crear un clon de esos ordenadores y para ello debe usar unas cuantas triquiñuelas tecnológicas. ¿Sucedió eso así? Más allá de las aventuras puramente ficticias de Cameron, Joe, Donna y Gordon, sí. Es más: sucedió en Texas. En aquella época en las afueras de Dallas emergía una “Silicon Prairie” que en algún momento pudo competir con Silicon Valley, con compañías como Texas Instruments, RadioShack… o Compaq, una compañía fundada por tres mánagers de Texas Instruments en 1982 y que fue la primera en fabricar un “PC compatible”. La Cardiff Electric de la ficción no es Compaq, pero bien podría haberlo sido. 

Si queréis oir (o leer) más sobre la verdadera historia de Compaq y cómo difiere de la que nos cuentan en Halt and Catch Fire, podéis recurrir a este episodio del Internet History Podcast con uno de sus fundadores.

La segunda temporada nos vuelve a encontrar en Texas. Cameron y Donna están lanzando uno de los primeros servicios en línea dedicado a la comunidad y los videojuegos. Y en 1985 se lanzaba en la realidad un servicio llamado Quantum Link, orientado a los ordenadores Commodore 64 y 128, ubicuos en la serie y  que, en aquel momento, se encontraban entre los más vendidos en el mundo, y que más tarde se convertiría en el gigante tecnológico America OnLine. ¿Es Quantum Link la inspiración de Mutiny?

La tercera temporada nos lleva de 1986 a 1990 y arranca con el paso de Mutiny de una comunidad a lo que vendría a ser el bisabuelo pre-web de eBay o Wallapop, algo que realmente se dio en los servicios en línea de la época. Algo más tarde presenciamos cómo Joe McMillan funda MacMillan Utility. A alguien le podría recordar a McAfee, la empresa fundada en 1987 por John McAfee, un personaje muy diferente a nuestro Joe, pero de historia igual de tortuosa. O más, si cabe, pero McAfee es un espejo más interesante para Joe que el Steve Jobs que podríamos haber intuido al inicio de la serie. Y sí, los primeros productos antivirus, y entre ellos el de McAfee, salieron al mercado en 1987.

¿El paso de la primigenia ARPANET a la Internet que conocemos hoy en día? Lo que vemos en la ficción, de nuevo, cuadra lo suficiente con lo que pasó en la realidad como para no chirriar más allá de lo estrictamente necesario. Tal vez la mejor pirueta de la serie tiene lugar al final de esta temporada: es poco probable que en el Comdex de invierno de 1990 Donna hubiese podido hablar de la primigenia world wide web, pero pudo pasar: la feria se celebró en Dallas del 12 al 16 de noviembre de 1990. ¿La fecha de la propuesta original de la web? 12/11/1990. Que alguien le dé un premio al equipo de documentación de Halt and Catch Fire :-), porque nuestra Donna podría haber sido realmente una de las primeras personas en apreciar el potencial de la propuesta de Sir Tim Berners-Lee.

Quizá sorprenda menos al lector la verosimilitud de la última temporada de la serie. Estamos inversos en los 90 y las leyendas fundacionales de la web han tenido suficientemente recorrido como para llegar a ojos y oídos de muchísima gente. Aún así, la explosión de los inversores de capital de riesgo tanto hicieron crecer la web de la época y provocaron la enorme burbuja financiera del 99) o la lucha entre buscadores e índices para navegar por la web vuelven a insertarse en el contexto de la ficción como para no molestar demasiado a los que no podemos abstraernos del contexto histórico al verla :-).

Mujeres y tecnología sin artificios

Los aplausos por la excelente documentación histórica de la serie se pueden extender al tratamiento de los personajes y a su profundidad. 

En la primera temporada seguimos el hilo narrativo de la mano del tándem Joe-Gordon y asistimos a las nada sorprendentes historias y trifulcas de un sector informático eminentemente masculino. 

Es una grata sorpresa para el espectador observar cómo, en la segunda temporada, Cameron Howe y Donna Clark se abren paso de una forma de lo más natural como nuevo tándem. Su protagonismo no es solamente un ejemplo de representación femenina liderando un proyecto y un equipo (de hombres) sino que, además, permite a la serie ir mucho más allá de la pantalla del ordenador y ahondar en lo que realmente construye lo seres humanos: los sueños, proyectos, miedos, frustraciones y victorias. 

Cameron Howe es una joven promesa de la programación con una inteligencia privilegiada y una percepción un tanto romántica e idealista de la informática y su función en la sociedad. Eso la lleva a volcarse ciegamente en sus proyectos hasta hacerlos brillar. Cameron quizás no lo sabe pero es una artista, pues concibe sus creaciones y proyectos con emoción, vocación artística y nada más. No se ablanda ante el dinero ni las inversiones y es fiel a la naturaleza de su proyecto, algo incompatible con el liberalismo capitalista que la rodea y que domina en la escena de start-ups tecnológicas de Sillicon Valley.

Al otro lado, Donna Clark es una ingeniera informática, madre, esposa, que lleva una vida de lo más heteronormativa y familiar. Su rumbo profesional da un giro al conocer a Cameron y unirse a su proyecto Mutiny. Así, vemos cómo es una mujer la que catapulta un cambio radical en la vida de otra mujer. Ese cambio significará un renacer profesional para Donna y también el inicio de una eterna lucha entre su profesión y su rol como mujer-madre-esposa. No obstante, la suya es una visión mucho más empresarial y ambiciosa, lo cual será motivo de conflicto con su socia Cameron.

Ambos personajes representan perfiles femeninos opuestos pero con un denominador común: son dos mujeres informáticas al frente de una empresa en un mundo hipermasculino. Las trabas y dificultades con las que tienen que lidiar son constantes y nada alejadas de nuestra realidad. Todos estos obstáculos van rompiendo a la vez que fortaleciendo a nuestras protagonistas, pero es un placer ver cómo luchan, avanzan y consiguen lo que se proponen. En ese sentido, el motor detrás es la constancia, inteligencia y tenacidad de Donna y el genio creativo de Cameron que, consciente de ello, pronuncia: “Mucha gente querrá que fracasemos, pero eso es porque somos el futuro y no hay nada más aterrador que eso.”

Una serie que suena muy bien

Antes de cerrar esta pieza queremos destacar el cuidado tratamiento que se da en la serie a la música. AMC creó en Spotify un perfil para la serie y creó playlists para sus personajes y los diferentes años en que se desarrolla (que a ello contribuyera que bandas sonoras así sean hoy en día imposibles de publicar como disco es tema para otro momento). Os dejamos con una de nuestras playlists favoritas, la de Cameron:

César Córcoles es profesor de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la UOC y director del Máster Universitario en Desarrollo de Aplicaciones Web de la UOC.

Cristina Fort es editora de contenidos de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la UOC.

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