La Comunificadora, un programa para impulsar otra economía colaborativa

(Trobareu la versió en català més avall) ¿Quieres aportar tus habilidades de desarrollo para un proyecto de tecnología libre, una plataforma colaborativa o una app con orientación social y por el bien común? ¿Tienes un proyecto de este tipo que necesita acompañamiento o quieres colaborar con otros para llevarlo a cabo? La Comunificadora es un programa de impulso de Barcelona Activa para proyectos de economía colaborativa orientados al procomún, el cooperativismo y/o la economía social y solidaria. El programa empieza a finales de octubre y termina en abril. Incluye un itinerario de talleres, formación, asesoramientos específicos, tutoría y sesiones regulares de colaboración entre equipos. El procomún es un modelo económico donde las necesidades de las personas se satisfacen a través de un recurso compartido co-producido y autogestionado por una comunidad en lugar de hacerlo a través de intercambios y transacciones. Los equipos participantes en La Comunificadora exploran la sostenibilidad de su proyecto en este marco, con posibles hibridaciones con modelos de mercado social. Proyectos de tecnologías libres, plataformas colaborativas abiertas o de economía circular, son algunos de los que se podrían beneficiar de lo que el programa ofrece. Se puede participar en el programa como un equipo que tiene un proyecto pero también se facilitará que personas individuales puedan incorporarse o colaborar con equipos a los que les falta su perfil. También es posible vincular un trabajo de fin de grado o de posgrado en un proyecto al que pueda ser útil. La fecha límite para solicitar la participación en el programa es el 7 de octubre. Antes de esta fecha se harán dos sesiones abiertas para facilitar la explicación y...

El código (The code)

Cada vez más, las personas que trabajamos en el mundo de la informática, especialmente desarrolladores/as, investigadores/as, expertos/as en IA, seguridad, etc. nos encontramos con manifiestos y códigos de conducta sobre cómo debemos comportarnos ante ciertas situaciones. Es cierto que de manera fulminante nuestros productos, algoritmos y código se han convertido en omnipresentes y se hace difícil vivir sin interactuar con ellos. A lo largo de la historia no es difícil encontrar ejemplos de avances científicos que, tras ser una gran promesa de mejora de la vida de las personas, acababan generando, normalmente por el uso dado, el efecto contrario (bueno, aquí podríamos discutir si el primer uso objetivo del avance era el “bueno” o el “malo”). Es por esto, quizás, que actualmente se levantan muchos avisos de PELIGRO INMINENTE ante ciertas tecnologías que se están desarrollando. Pasa con los vehículos no tripulados, los robots, los drones, la inteligencia artificial, la gestión de la información masiva, la protección de la información personal, etc. Algunos de los vídeos enlazados anteriores son solo supuestos de lo que podría pasar si no se gestionan bien ciertas tecnologías, no os asustéis. El resto son totalmente reales. En fin, si seguís la serie Black mirror, ya sabéis. 🙂 Aquí nos encontramos con dos opciones: la primera es formar a los perfiles técnicos en ética, legislación, etc. Muchas universidades, por ejemplo, ya ofrecen asignaturas para intentar cumplir con este objetivo. La pregunta es ¿con una asignatura es suficiente? ¿Y con dos?… La otra alternativa suele surgir de investigadores/as, o de asociaciones profesionales, que proponen los manifiestos o códigos de conducta ya comentados. En este sentido, posiblemente, el...

MOOC de Introducción a la gamificación a través de casos prácticos

L@s informátic@s nos movemos, a menudo, entre buzzwords y modas tecnológicas. Algunas vienen y se quedan, otras van y vuelven, y otras caen en el olvido. Yo (Dani) creo recordar hace ya algunos años, que la primera vez que oí hablar de gamificación (NOTA: El término correcto es ludificación) fue con el servicio Foursquare (?). Posteriormente, la he visto en Stackoverflow, Facebook, LinkedIn, Endomondo, y en un larguísimo etcétera de servicios y aplicaciones (Bueno, con Joan tendríamos una larga discusión sobre cuáles de estas incorporan gamificación y cuáles no). Joan y yo siempre insistimos en que la gamificación no es un recurso que implique desarrollo tecnológico. Se puede gamificar con papel, lapiz, piedras… y con lo que se nos ocurra. Y eso lo decimos porque, a parte de ser cierto, puede echar atrás a alguien que tenga buenas ideas pero no conocimientos de programación (o presupuesto para contratar a alguien). Por lo tanto, gamificación y tecnología (digital) no son dependientes… pero la gamificación puede ser una herramienta valiosísima para cualquier persona que pretenda desarrollar una aplicación, un portal, una tienda de comercio electrónico, etc. La gamificación os puede ayudar a dar a conocer vuestro “servicio”, a que tengan una entrada más suave, a mejorar la experiencia una vez dentro, etc. Y sabéis que podéis desarrollar el mejor servicio del mundo, y fracasar. Por lo que, un recurso extra nunca está de más. Es importante, eso sí, no ver la gamificación como una panacea. Es una herramienta que nos puede ayudar si se utiliza en la situación adecuada y de la manera correcta. Como ingenieros que somos, Joan y yo insistimos mucho...

Inteligencia artificial: algoritmos genéticos

Mi investigación gira alrededor del modelado, simulación y optimización. Y en principio, en la universidad, la docencia suele ir alineada con la investigación. Así, pertenezco al equipo docente de Computación e Inteligencia Artificial (IA). Pero curiosamente, una de las asignaturas de las que soy responsable* es Biología Molecular (BM). Realmente es una coincidencia interesante porque si bien es cierto que como informático nunca tendré los conocimientos en Biología Molecular que tiene un biólogo, difícilmente no habré oído hablar de Algoritmos Genéticos (AG). Pero ¿qué son y de dónde vienen? Uno de los campos más interesantes y estudiados de la BM es la genética. A todos nos suenan científicos como Darwin, Mendel, McClintock y conceptos como genoma, mutación, adaptación, etc. Todos ellos, de manera más o menos directa están relacionados con la genética. Pero ¿por qué nos puede interesar a l@s informátic@s? Pues, por la misma razón que observamos a las hormigas, el cerebro humano, o las abejas: todos ellos son sistemas/procesos/… capaces de solucionar problemas complejos. En el caso concreto de la genética nos fijamos en qué mecanismos utiliza la naturaleza para seleccionar individuos y asegurar la persistencia (o no de las especies que conforman). Dándole la vuelta y simplificando, l@s informátic@s recogemos de ésta una serie de mecanismos que evolucionan un conjunto de soluciones, mejorando iteración tras iteración, hasta encontrar las mejores posibles. La implementación de la idea de John H. Holland (en los años 70) no es excesivamente compleja: Partimos de una población de individuos, en que cada uno representa una solución factible del problema que se quiere resolver. Cada solución tiene una calidad asociada (fitness) y evidentemente, debe...

¿Cómo pueden las metaheurísticas ayudarnos a conseguir un mundo más inteligente?

Las metaheurísticas, de las que ya se ha hablado en anteriores entradas en este blog, son algoritmos de optimización que se encuentran en la frontera entre la computación, la inteligencia artificial, y la investigación operativa. Algunos de estos algoritmos tienen nombres y orígenes bien curiosos (e.g. colonias de hormigas, algoritmos genéticos, búsqueda tabú, recocido simulado, etc.), y la mayoría de ellos usan estrategias de búsqueda que permiten hallar soluciones óptimas (o, como mínimo, de gran calidad) a complejos problemas de optimización. Hasta aquí, se podría pensar que estos algoritmos pertenecen sólo al ámbito teórico. Pero nada más lejos de la realidad: en casi todos los ámbitos de la vida nos encontramos con este tipo de problemas de optimización, que surgen normalmente para dar apoyo a la toma de decisiones en áreas tan diversas como los sistemas informáticos distribuidos (e.g., sobre qué nodos conviene desplegar servicios a fin de lograr una determinada disponibilidad al mínimo coste posible), los sistemas de transporte (e.g., qué plan de rutas proporciona una distribución más eficiente), los sistemas de producción (e.g., cómo programar la producción para lograr finalizarla en el menor tiempo posible), los sistemas financieros (e.g., qué productos debo incluir en un portafolio –y en qué cantidad– a fin de minimizar el riesgo a la vez que garantizo un retorno mínimo), los sistemas de telecomunicaciones (e.g., dónde debo ubicar las antenas a fin de lograr la calidad de servicio deseada al menor coste posible), y en casi cualquier otra área imaginable. De hecho, es fácil sostener la hipótesis de que nos encontramos en un mundo cada vez más complejo (por ser más global y...