Posicionamiento en interiores (indoor positioning)

Hace tan sólo 30 años, para viajar comprábamos un mapa en una librería o una gasolinera y era común comentar la calidad que había entre los mapas de los diversos proveedores. Los mapas eran auténticas proezas de compresión de información en papel que permitían calcular la distancia entre puntos, saber el tipo de carretera, etc. A finales de los 90 la situación cambió: los mismos fabricantes de mapas ofrecían páginas web que calculaban las rutas y ofrecían indicaciones más o menos precisas del recorrido (el famoso “se pasa cerca”, o tomar una rotonda que según el tramo tenía un nombre de carretera u otro), pero aún era aconsejable llevar el mapa en papel. Básicamente porque la gente no se llevaba los ordenadores personales a cuestas. Ambas situaciones generaban no pocas discusiones en el interior de los vehículos, pero la mayoría de las veces acabábamos en el destino esperado (aunque no siempre a la hora esperada). A principios de los 2000 la situación cambió: se popularizaron los navegadores por satélite (conocidos como GNSS, de los que los más populares son el GPS estadounidense o el GLONASS ruso, aunque Europa ha empezado a desplegar Galileo). Estos navegadores nos guían, nos dicen cuando nos equivocamos, nos dan una estimación de la hora de llegada, y en muchos casos nos evitan discusiones. Y actualmente, estos navegadores han pasado a los dispositivos móviles y nos guían en coche, a pie e incluso en bici, y nos guían tanto por la ciudad como por la montaña. Pero quedan unas zonas que se resisten: los espacios interiores, más conocidos en el mundo científico por entornos indoor....