El fractalista: Benoît Mandelbrot

La suerte (buena o mala) de tener un buen amigo que en estos tiempos que corren se arriesga a poner una librería, y que este amigo conozca las debilidades de uno, es que acabas acumulando demasiados libros pendientes de leer en la mesilla de noche. Entre mis debilidades (en todas sus acepciones) están la informática (por supuesto), la física (frontera, si es posible y si me es posible) y la historia de la ciencia y l@s que la dictan. Es así como cayó en mis manos la autobiografía del matemático Benoît Mandelbrot, conocido principalmente por acuñar (y trabajar en) el concepto de fractal. Como informático, de los recuerdos que me quedan de la carrera, los fractales me traen a la cabeza los gráficos por ordenador y la compresión de datos. Supongo que si fuese “teleco” me sonaría también a antenas. Y si fuese matemático, incluso los entendería. 😉 Antes de hablar del libro, eso sí, permítanme una pequeña (extremadamente divulgativa ausente de notación matemática) aproximación al concepto, para saber de qué estamos hablando. Los fractales son objetos geométricos que muestran la misma estructura a diferentes escalas de “zoom”. En la naturaleza, son frecuentes, y de hecho, antes que Mandelbrot los “nombrase” por primera vez, ya se habían identificado varios. Un ejemplo claro, para visualizar el concepto, es la imagen que acompaña a esta entrada: el brócoli. Dejando de lado otras características de este vegetal, si observamos su geometría, nos damos cuenta que al aproximarnos y aislar una de las partes, volvemos a tener una estructura similar a la original,… Una vez tenemos una ligera idea de qué es un...

La importancia de la Historia de la Informática

Se han ido Prince, Bowie, Lou Reed. Y algún día, mal que nos pese, lo harán los Coen, Springsteen, Jagger… ¿Os suenan? Este año también ha fallecido Wesley Clark, por ejemplo. ¿Os sonaba? 2011, un año fatídico para la historia de la informática, se recordará como el año en que falleció Steve Jobs. Pero también es el año de las muertes de John McCarthy, Jean Bartik, Dennis Ritchie o Paul Baran, por ejemplo. ¿Os suenan estos? Clark diseñó el primer ordenador personal. Bartik fue una de las programadoras originales del ENIAC. McCarthy fue el padre de la tan de moda inteligencia artificial. Ritchie, quizá el más conocido de este grupo, coinventó el lenguaje C y fue pieza clave del nacimiento de Unix. A Baran le debemos muchas de las innovaciones que nos dieron las redes informáticas. Y algún día se nos irán los Cerf, los Kay, los Metcalfe…. Nos acordamos de Jobs y todo el mundo conoce a Gates y a Zuckerberg, sí (como mínimo estos dos últimos programaron lo suyo en su momento, especialmente Gates, pero a pesar de su fama ninguno de ellos ha hecho ninguna gran aportación técnica a la historia de la informática). También es conocido Alan Turing (gracias a una película que, por cierto, es lamentable desde el punto de vista histórico, ya hablamos de ella por aquí en su momento). Pero el imaginario popular de la informática va muy poco más allá, desafortunadamente. De Claude Shannon (este año se celebra su centenario) o Grace Hopper (inventó el compilador, y también le hemos dedicado algún espacio en este blog) se acuerdan pocos, muy pocos....
Informáticos en la tele: Halt and Catch Fire

Informáticos en la tele: Halt and Catch Fire

Hemos hablado alguna vez por aquí de cómo trata Hollywood a los informáticos, tanto cuando lo hace bien (el caso de Juegos de Guerra) como cuando no (es el caso de la reciente The Imitation Game). Desafortunadamente, lo malo es bastante más frecuente que lo bueno. Es por ello que cuando surge un buen ejemplo uno corre a ponerse delante de la tele…. Y este es el caso de Halt and Catch Fire, cuya segunda temporada acaba de comenzar, tanto en Estados Unidos como en España, de la mano de AMC (disponible en plataformas digitales y cable). La temporada pasada AMC se atrevió a producir un drama de época (sí, hacer una serie ambientada en los ochenta es ya hacer una serie de época, mucho me temo). El éxito que habían acumulado con Mad Men les animó a seguir picando piedra a la caza de una nueva veta del filón (algo poco habitual: los dramas son más caros de producir que las comedias y el precio se dispara aún más si hace falta trabajar los decorados porque son de otro tiempo). Para bien o para mal, decidieron fijarse en un periodo que es especialmente relevante para la audiencia de este blog: el momento en que la informática personal comenzó a popularizarse, a inicios de los ochenta. La crítica fue buena pero la audiencia no acompaño demasiado. Aún así, afortunadamente, la perseverancia y la capacidad de asumir riesgos son mucho mayores a la hora de producir series televisivas que con las películas y, así, AMC se ha atrevido con una segunda temporada. La primera temporada se centra en las aventuras...

Sin descifrar a Turing

Hacer una película absolutamente realista sobre el trabajo de un matemático o un informático —o casi cualquiera que se dedique principalmente a resolver problemas— sería un ejercicio fácil… y extremadamente tedioso. Ver a alguien enfrentarse a un trozo de papel, a una pizarra, o al teclado y la pantalla, o quedarse absorto mirando las nubes, o pensando mientras escucha música y pone cara de poker es, para qué vamos a engañarnos, aburrido hasta el infinito. Es por ello que toda película que aborde dicha temática debe centrarse en otros aspectos (que, desde luego, pueden ser igualmente importantes) o tomarse determinadas “licencias poéticas”. En el cine, con demasiada frecuencia, esas licencias nos han hecho escandalizar a todos los que tenemos una mínima idea del tema (no, ni el desarrollador teclea código a 200 pulsaciones por minuto ni ‘hackear’ un sistema informático es como jugar a un videojuego). En ocasiones, desde luego, Hollywood lo hace bien (hablamos por aquí de una de ellas hace cosa de medio año). Pero en otros… para qué hablar del tema, si a todos nos va a provocar dolor de barriga. Estos días se estrena por aquí The Imitation Game, sobre las andanzas y el trágico fin de Alan Turing (ya hemos hablado de él en este espacio, en tres partes, y también dedicamos un par de entradas a Bletchley Park). Por suerte o por desgracia los medios de hoy se mueven a mucha más velocidad que en los tiempos de Turing, y antes de ir al cine podemos informarnos todo lo que deseemos sobre la película, tanto desde el punto de vista cinematográfico como desde...

El Museo del Videojuego de Berlín

No hace mucho pude visitar Berlín y encontrar un hueco para ver algunos museos. Uno de los que primero me llamó la atención por su nombre fue el DDR Museum. Aunque ya de entrada me parecía demasiado extraño, no pude evitar una cierta desilusión al ver que no era exactamente sobre lo primero que me había venido a la cabeza, sino que se refería a la antigua Deutsche Demokratische Republik, o República Democrática (por así decirlo) Alemana. Esto de las iniciales es lo que tiene, Según el contexto varía el significado, como cuando a mi profesora de redes el dentista le dijo que tenía problemas en la ATM. Afortunadamente, la desilusión duró poco, pues más tarde pude descubrir que en la calle Karl Marx de Berlín está el Computerspielemuseum, o museo del videojuego. Está claro que me faltó tiempo para dirigirme directo hacia allí. En una esquina de un edificio gigantesco se encuentra su entrada, no demasiado visible a simple vista. Eso sí, a pesar del tamaño del edificio, el espacio dedicado al museo es más bien chiquitín, pero suficiente para satisfacer al visitante. Lo primero que uno encuentra no es ni un videojuego ni hardware, pero ya deja clara la filosofía del museo: satisfacer a los amantes de lo antiguo y el vintage, y sobretodo, los amantes de los orígenes de los videojuegos. Se trata de una edición original de la White Box de Dragones & Mazmorras. ¿Aplica a un museo de videojuegos unos libros que nada tienen que ver con la informática? Que cada uno decida, pero a mi me pareció perfecto. Inmediatamente después se puede observar...

Internet Archive, preservando la web para el futuro

En un futuro no muy lejano, l@s informátic@s de hoy en día deberemos explicar a las nuevas generaciones como era la tecnología de principios del siglo XXI. Un aspecto importante en esta explicación será explicar cómo funcionaba el software de la época y cómo eran los contenidos y tecnologías de la World Wide Web. Vaya, aunque sólo sea para explicar batallitas de lo que hacíamos en nuestros años mozos… Presentar la informática del pasado es una tarea con un cierto grado de dificultad. Un museo como Bletchley Park está orientado a exponer objetos físicos, de forma que sólo puede ilustrar cómo era el hardware, los dispositivos de almacenamiento (diskettes, CDs, DVDs, …) y el embalaje del software. Una biblioteca física puede encargarse de almacenar el material publicitario, los manuales de usuario y de instalación y el resto de material impreso. Pero la parte intangible, el software y los contenidos de las web, quedan fuera del alcance de estos archivos del conocimiento “tradicionales”. Precisamente con el propósito de crear un archivo digital de contenidos para generaciones futuras, se creó en 1996 el Internet Archive. Inicialmente estaba orientado exclusivamente al World Wide Web, a través del servicio “Wayback Machine” que actualmente almacena 416 miles de millones de páginas web. Este servicio es como una máquina del tiempo que nos permite retroceder a momentos pasados y visitar cómo eran ciertas web en su día (Geocities, qué tiempos aquellos). A pesar de su utilidad y valor histórico, este servicio ha tenido sus más y sus menos con la justicia por temas de propiedad intelectual. El propósito del Internet Archive se ha ido ampliando...