Posicionamiento en interiores (indoor positioning)

Hace tan sólo 30 años, para viajar comprábamos un mapa en una librería o una gasolinera y era común comentar la calidad que había entre los mapas de los diversos proveedores. Los mapas eran auténticas proezas de compresión de información en papel que permitían calcular la distancia entre puntos, saber el tipo de carretera, etc. A finales de los 90 la situación cambió: los mismos fabricantes de mapas ofrecían páginas web que calculaban las rutas y ofrecían indicaciones más o menos precisas del recorrido (el famoso “se pasa cerca”, o tomar una rotonda que según el tramo tenía un nombre de carretera u otro), pero aún era aconsejable llevar el mapa en papel. Básicamente porque la gente no se llevaba los ordenadores personales a cuestas. Ambas situaciones generaban no pocas discusiones en el interior de los vehículos, pero la mayoría de las veces acabábamos en el destino esperado (aunque no siempre a la hora esperada). A principios de los 2000 la situación cambió: se popularizaron los navegadores por satélite (conocidos como GNSS, de los que los más populares son el GPS estadounidense o el GLONASS ruso, aunque Europa ha empezado a desplegar Galileo). Estos navegadores nos guían, nos dicen cuando nos equivocamos, nos dan una estimación de la hora de llegada, y en muchos casos nos evitan discusiones. Y actualmente, estos navegadores han pasado a los dispositivos móviles y nos guían en coche, a pie e incluso en bici, y nos guían tanto por la ciudad como por la montaña. Pero quedan unas zonas que se resisten: los espacios interiores, más conocidos en el mundo científico por entornos indoor....

¿Por qué es tan difícil conseguir software de calidad?

Es curiosa la doble reputación que tiene hoy en día la informática. Por un lado, ha permitido crear dispositivos “mágicos” de capacidad casi ilimitada, que pueden substituir (o superar) a los humanos y que hasta pueden dejarnos sin trabajo en el futuro. Pero, simultáneamente, se le acusa de construir dispositivos y programas difíciles de usar y que fallan muy a menudo. ¿Por qué hay tantas quejas sobre la calidad del software? ¿Acaso en 2016 aún no hemos aprendido a desarrollar software? ¿Es tan complejo el proceso de desarrollo? En primer lugar, en relación a la calidad del software hay dos cuestiones complementarias que hay que resolver: La primera cuestión es la verificación (“is the product right?“): que consiste en asegurar que el software está libre de errores. Esta comprobación puede realizarse mediante pruebas de diferentes clases (pruebas unitarias, pruebas de integración, …) o bien mediante herramientas automáticas que analizan el código para encontrar errores. La segunda cuestión es la validación (“is it the right product?“): estudiar si el software satisface los requisitos y expectativas de todos los stakeholders. Los requisitos pueden ser de tipo funcional (“la aplicación debe hacer X”) o de tipo no funcional (“la aplicación debe funcionar aunque no  haya conexión a Internet”). Es decir, no es suficiente comprobar que no hay bugs, también es importante hacer todo lo que se espera. Si la aplicación no hace lo que se quería, o va demasiado lento o no es lo suficientemente seguro tampoco me servirá. Y recoger los requisitos de una aplicación puede ser complejo: tal vez no seamos expertos en el dominio, puede que los usuarios no tengan requisitos bien definidos. Por otro lado, existen múltiples factores que dificultan conseguir...

Los bitcoins y su escalabilidad

[versió en Català] Desde que se empezaron a estudiar los sistemas de dinero electrónico hacia los años 80, una de las problemáticas más complicadas de resolver ha sido el doble gasto (double-spending), es decir, evitar que una moneda digital pueda gastarse más de una vez. La facilidad y sencillez con la que la información digital se puede replicar hace que esta propiedad sea una de las más complicadas de lograr. Explicado de forma muy simplista, los bitcoins resuelven el problema del sobre-gasto anotando en un registro único todas las transacciones del sistema. Si este registro se puede mantener de forma íntegra sin que las transacciones inseridas se puedan modificar, en todo momento todo el mundo puede consultar el registro para saber cuál es el estado de cuentas de cualquier dirección de bitcoins y, por lo tanto, cuántos bitcoins de saldo tiene cada dirección. De este modo, nadie puede gastar más del que tiene, puesto que todo el mundo lo puede verificar en cada momento, y el sistema evita así el sobre-gasto. Este registro único es lo que se denomina blockchain. Afortunadamente, el sistema bitcoin no fue propuesto en el ámbito académico, puesto que la idea hubiera sido rechazada frontalmente por la comunidad científica por, digámoslo suavemente, inocente. Fijémonos que proponer un sistema de moneda electrónica que pretende ser global utilizando un único registro que guarda absolutamente todas las transacciones no parece una idea muy interesante cuando pensamos en la escalabilidad del sistema. Cómo decíamos, el sistema bitcoin no fue propuesto en el ámbito académico sino que fue directamente desarrollado y puesto en marcha, de forma que nadie cuestionó este sistema de prevención del doble gasto....

Ciberextorsión: ¡el Bitcoin o la vida!

Un cliché de las películas de gangsters es la visita del mafioso que ofrece un “servicio de protección”. Por un precio razonable, el gangster garantiza seguridad frente a criminales peligrosos… como él mismo, por poner un ejemplo. Frases como “sería una pena que le pasara algo malo a tu negocio” dejan implícita la amenaza en caso de impago. En el mundo digital, los cibercriminales han visto la extorsión como modelo de negocio más que rentable. ¿Quién quiere escribir un gusano para hacerse una reputación y salir en las noticias, cuando puede estar ganando dinero? Paga o perderás tus datos, tu negocio, tus clientes, … La ventaja es que Internet permite un cierto anonimato para transmitir la amenaza inicial (un correo electrónico o una notificación en nuestro ordenador) y también a la hora de recibir el pago de forma electrónica y difícil de rastrear. En este sentido, hace un tiempo se pedía el pago por PayPal pero ahora está más de moda pedir el pago en Bitcoins. Así pues, podríamos decir hemos evolucionado desde el clásico “¡La bolsa o la vida!” de los salteadores de caminos al moderno “¡el Bitcoin o la vida!” de los ciberdelicuentes. Fuente: Wikipedia – Licencia CC BY-SA 4.0 Según el tipo de amenaza que se plantea, hay diversos modus operandi: Denegación de servicio: En este caso, la amenaza es el envío masivo de peticiones a la red de la organización atacada, haciendo que no pueda atender peticiones legítimas de sus usuarios y clientes. El atacante contacta con la organización por correo electrónico, informando que tiene la preparación y la infraestructura necesaria para realizar un ataque de denegación de servicio, solicitando dinero a cambio de realizarlo. El atacante puede realizar alguna...

¿Los robots nos dejarán sin empleo?

Desde hace años, la ciencia ficción ha pronosticado que en el futuro los humanos no necesitarían trabajar: los robots realizarían la mayoría de actividades. Y el problema del futuro es que tarde o temprano acaba convirtiéndose en presente. Y este escenario, en principio idílico, esconde una reflexión más profunda: ¿cómo nos ganaremos la vida si no trabajamos? “The last job on earth“. Fuente: The Guardian Históricamente, la evolución de la tecnología ha hecho desaparecer puestos de trabajo, al mismo tiempo que ha creado otros nuevos. Por ejemplo, el coche dejó en el paro a jinetes y criadores de caballos, pero al mismo tiempo generó empleo para conductores y mecánicos. Internet amenaza con dinamitar industrias como el cine, la televisión, las editoriales o los periódicos en papel, al tiempo que construye nuevos canales y modelos de negocio para generar, difundir y consumir cultura y entretenimiento. Visto así, todo parece business as usual, quejas de alarmistas preocupados por la tecnología y prediciendo catástrofes tecnológicas que nunca se llegan a cumplir. El problema del momento actual es que se prevé que a corto-medio plazo pueden desaparecer una gran cantidad de los empleos que existen en la actualidad. Concretamente, la previsión de los expertos es que un 50% de todos los puestos de trabajo puedan ser automatizados en un plazo de 30 años. Estas previsiones (optimistas o alarmistas según se mire) están motivadas por los avances en inteligencia artificial y robótica. Los coches autónomos podrían dejar sin empleo a los conductores y transportistas, los drones podrían acabar con el negocio de correos y mensajería y los robots…. Los robots podrían continuar acaparando los trabajos en fábricas, además de realizar gran variedad de trabajos manuales...

Profesiones, del elitismo a la universalización mediante EQF

La motivación para redactar este artículo es la percepción de cierta o bastante confusión en cuanto a la necesidad y justificación social, hoy en día, de la existencia y misión de los colegios profesionales. Aún siendo un artículo generalista, se realizarán diversas referencias al ámbito sectorial de este blog y el mío propio: el informático. En primer lugar, es necesario comentar el controvertido término “profesión”. Podemos comprobar que tanto el Diccionario de la Lengua Española (DLE) como el Diccionari del Institut d’Estudis Catalans (DIEC) no nos ayudan demasiado. El origen del uso terminológico de “profesión” proviene del mundo anglosajón, donde en la era industrial se extendió su uso medieval (Derecho, Medicina y Sacerdocio) a otros ámbitos, pero manteniendo el criterio de exclusividad para calificar ocupaciones con un alto nivel de cualificación para su ejercicio, o incluso simplemente de capacitación (educación) elitista aunque no se ejerciera. Esta acepción del término “profesión” en el mundo anglosajón, parece mantenerse vigente como se manifiesta en diferentes fuentes terminológicas. En 2001, Eliot Freidson publicó el artículo “La teoría de las Profesiones. Estado del Arte.” que es sumamente ilustrativo al respecto del uso y acepciones del término “profesión”. En nuestra sociedad, se aplicaba también dicho criterio tradicional anglosajón elitista para la calificación de profesión de determinadas ocupaciones, e incluso está así todavía reflejado en algunas normativas vigentes, donde se considera una diferenciación entre oficios/ocupaciones y profesiones. Hoy en día, esta diferenciación tiene poca aceptación social y ya no es utilizada en las normativas más recientes como las de INCUAL (Instituto Nacional de la Cualificaciones), y que queda bien evidenciado con este ejemplo. Actualmente, en nuestra...