Premios a los Mejores Trabajos Finales de los EIMT 2017-2018

El 22 de noviembre de 2018 se celebró el acto de entrega de los premios a los mejores Trabajos Finales (TF) de Grado y Máster de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación (EIMT). Además de presencialmente, el acto pudo verse vía streaming.

Estos premios tienen tres objetivos: reconocimiento, visibilidad y ejemplaridad.

Reconocimiento

El primero de ellos es reconocer el esfuerzo realizado tanto por los estudiantes como por sus directores. Cabe decir que el TF no es una asignatura al uso, puesto que se trata de la asignatura con más créditos de la titulación –un total de 12 ECTS– y se realiza en el mismo período de tiempo que el resto, es decir, un semestre. Asimismo, para superar con éxito el TF, el estudiante debe demostrar la adquisición de un gran número de competencias aprendidas a lo largo de toda una titulación, incluyendo además la presentación y defensa con argumentos de su trabajo.

Por todo ello, los ganadores y finalistas (uno de cada para las categorías Mejor TF de Grado/TFG y Mejor TF de Máster/TFM) deben estar orgullosos de que sus trabajos hayan culminado con este reconocimiento. Sin ir más lejos, en el curso académico 2017-2018, aprobaron un total de 1427 TF en las titulaciones oficiales de los EIMT, los cuales se distribuyen en 562 TFG y 865 TFM. Así pues, ser el ganador o finalista de entre tantos trabajos es, por sí solo, motivo más que suficiente de celebración.

Visibilidad

Gracias a los premios se presenta a la sociedad una muestra de la variedad de temáticas que tratan los TF de los EIMT. Actualmente el repositorio institucional O2 custodia más de 4800 TF procedentes de las diferentes titulaciones (oficiales y propios) de los EIMT. En la imagen se puede ver cómo se distribuyen los TF por temáticas.

Ejemplaridad

Por último, los trabajos seleccionados en cada edición de los premios a los mejores TF son ejemplo para futuros estudiantes de Trabajo Final. Sin duda estos trabajos son la mejor muestra de lo que se espera de una asignatura como es el Trabajo Final.

Ganadores y finalistas

A continuación se presentan los trabajos ganadores y finalistas de cada categoría de la última edición.

Grado

  • “Disseny i implementació d’un sensor remot via LoRa de senyals analògics” de Josep Maria Riberà Currià (Grado de Tecnologías de Telecomunicación). Ganador. Más información aquí.
  • “Ha-Bits. «Videojoc seriós educatiu en l’àmbit de les ciències de la salut»” de Marc Segura Molina (Grado de Multimedia). Finalista. Más información aquí.

Máster

  • “Análisis y diseño de una antena de parche Microstrip” de Roberto Domínguez Vázquez (Máster Universitario en Ingeniería en Telecomunicación). Ganador. Más información aquí.
  • “Desarrollo de aplicación Android: Sinlosofía” de José Antonio Crespo Toral (Máster Universitario en Ingeniería en Informática). Finalista. Más información aquí.

 

David García Solórzano es Doctor por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) e Ingeniero en Informática y Multimedia por la Universitat Ramon Llull (URL). Es profesor de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la UOC donde ejerce actualmente como responsable de trabajos finales y asignaturas de programación.

Modelos de agilidad en escala

Scrum es probablemente la aplicación más conocida de los principios de agilidad en la construcción de software y en otros ámbitos de conocimiento y de práctica. De hecho, scrum nació a finales de los 80 en el mundo del marketing y del desarrollo de producto. En TI, algunos de los fundadores de scrum fueron parte del grupo que publicó el Manifiesto Ágil. La idea es conocida: cada incremento o mejora de producto (product increment) se puede descomponer en ciclos de desarrollo menores (sprints) de los que se ocupa un equipo pequeño de participantes de diferentes procedencias, incluido el cliente, situados en el mismo espacio físico y dedicados de forma intensa y entusiasta. El despliegue es incremental e iterativo y el resultado siempre es imperfecto, pero se puede poner en producción rápidamente. Algun0s otros artefactos y roles de scrum, como el product owner, el backlog, las reuniones cortas diarias, el scrum master, las retrospectivas y los papelitos pegados en una pizarra forman parte ya del instrumental de la producción de sotware en cualquier parte.

Presentación a alto nivel de los artefactos de SAfe

Scrum funciona bien en esfuerzos donde el alcance es abierto y los requerimientos pueden cambiar frecuentemente. Va mejor con equipos y proyectos no muy grandes y que no requieran un gran número de interdependencias o integración con otros proyectos o con aplicaciones heredadas (legacy). Funciona mejor con perfiles relativamente homogéneos de desarrolladores acostumbrados a trabajar así. Es una organización muy plana, sin jerarquías ni grandes especialidades. Requiere  una cultura organizativa propicia y tiene una curva de aprendizaje, pero no es dramático. Puede ser bonito, excitante, divertido y los resultados, en general y bajo las condiciones anteriores, pagan.

En las circunstancias que hemos descrito, scrum se ocupa más que bien  de la ejecución del proyecto (la producción de software), pero no es un método integral ni para la gestión de proyectos ni para el ciclo completo de delivery de productos de TI; o sea lo que hay antes (la selección y definición de los proyectos y la asignación de recursos) y lo que hay después (el mantenimiento, evolución y protección de los activos). Y, por supuesto, no es un modelo de gestión de los departamentos de TI u otros de la empresa.

Animados por el éxito y la oportunidad, algunos de los fundadores de scrum (como Jeff Sutherland y Craig Larman) y otros epígonos han desarrollado modelos o amplicaciones que aspiran a vencer las limitaciones anteriores, como son Scrumban o MoP (para el mantenimiento de aplicaciones), Large Scale Scrum, Scrum the scrums, DAD (Disciplined Agile Delivery) o SAFe (Scaled Agile Framework), para la planificación y gestión de muchos esfuerzos o proyectos (portafolios) de diferente tamaño y complejidad en organizaciones grandes y con muchos equipos, es decir, para escalar la agilidad.

SAFe, por ejemplo, es una combinación de principios de Lean y Agile dentro de un marco metodológico bastante completo que podéis descubrir en su web, que está bastante bien, El framework de alto nivel se creó en 2007 y ya va por la versión 4.6 de este mismo año. Para mí, sus temas más interesantes son:

  • el backlog jerárquico, que permite relacionar y priorizar cualquier tipo de demanda (lo nuevo, lo evolutivo o lo incidental) contra cualquier tipo de oferta (lo que se hace ágil, en cascada o la gestión de servicios bajo diferentes métodos).
  • los mecanismos de priorización, con un mayor peso de la visión económica (“take an economic view” es uno de sus principios), sobre la visión técnica.
  • la limitación del trabajo en curso (WIP), de manera que no puede entrar en cada fase del ciclo más trabajo del que podemos hacer con la capacidad disponible.
  • el concepto de producto, donde se fusionan los proyectos y servicios en flujos de valor únicos.
  • la sincronización de entregables (lo que llaman release train), que planifica y gestiona con detalle el flujo continuo de producción y la colaboración justo a tiempo de los diferentes participantes.
  • un conjunto (quizá exagerado y poco “ágil”) de puntos de decisión a lo largo del ciclo de delivery.
  • nuevos roles, responsabilidades y relaciones de trabajo, procedentes en su mayoría de Lean Agile (de nuevo me parecen muchos y a veces difíciles de entender). En SAFe la responsabilidad (acountability) nunca se difumina y la transparencia es completa. Puedes correr, pero no puedes esconderte.
  • procesos iterativos y de aprendizaje, bastante parecidos a los de Scrum the Scrums.

SAFe, aunque tiene su terminología abstrusa, sus cofradías y certificados, resulta bastante modular y versátil, es decir, se pueden adoptar algunos de sus artefactos sin necesidad de importarlos todos. SAFe es agnóstico, pero funciona mejor en culturas ágiles. Según los que administran la marca, la mitad de las empresas del Dow Jones lo utilizan ya, en todo o en parte. Para las tribus más radicales de Ágil, SAFe resulta dirigista y burocrático. Es posible. Pero para los que nos dedicamos a la gestión, resulta una plataforma potente para socializar Ágil fuera del mundo de la producción de software y escalar de forma más efectiva la agilidad a la organización de TI en su conjunto.

En informática, el diablo está en los detalles. En la implantación de SAFe o cualquiera de los modelos de agilidad en escala, el diablo está en diseñar cuidadosamente el proceso de implantación, adaptarlo a cada contexto empresarial, iterar y aprender. Seguiremos por esta vía en algún momento.

 

 

 

 

World Wide Blink

Cuando el martes de la semana pasada saltaba el rumor de que Microsoft iba a tirar la toalla con EdgeHTML no quería dar crédito a mis ojos. Pero muy a mi pesar, el jueves se confirmaba la noticia:

We will move to a Chromium-compatible web platform for Microsoft Edge on the desktop.

Es decir: “nos pasaremos a una plataforma web compatible con Chromium para Microsoft Edge en el escritorio”. EdgeHTML ha muerto.

¿EdgeHTML?

Edge, el navegador de Microsoft, va a seguir existiendo (hoy en día nadie se podría plantear tener un sistema operativo sin un navegador preinstalado, y claramente Microsoft no está dispuesta a montar por defecto un navegador que no lleve la marca Microsoft).

¿Qué es exactamente EdgeHTML? La parte del navegador que se encarga de interpretar el HTML y el CSS de las páginas web y mostrarlos se suele llamar motor de renderizado. Como si se tratara del motor de un monoplaza de competición, con algo de trabajo podemos montar un motor cualquiera en nuestro “vehículo”. Hasta ahora Edge montaba un motor propio, llamado EdgeHTML. Cuando Joe Belfiore, uno de los vicepresidentes de Microsoft, dice que “nos pasaremos a una plataforma web compatible con Chromium para Microsoft Edge en el escritorio” quiere decir que van a coger Blink, el motor de renderizado de Chromium (el proyecto de código abierto sobre el que Google monta Chrome, y que también es la base de Samsung Internet, el navegador preinstalado en los móviles de Samsung, Opera y un puñado de otros pequeños navegadores) y lo usarán como motor para Edge. (Además del motor de renderizado, los navegadores usan un motor de JavaScript, y de momento no queda claro si Edge seguirá utilizando el motor desarrollado por Microsoft hasta ahora, Chakra, aunque también podría ser abandonado.)

¿Y por qué?

Fabricar motores (aunque sean de software) es un esfuerzo costoso. La cantidad de estándares que hay que soportar es más que notable. Además, el equipo que desarrolla Chrome/Chromium (liderado desde Google, pero con la participación de profesionales en la nómina de compañías de la talla de Samsung o Adobe, y de múltiples colaboradores al proyecto de código abierto desde todo tipo de ámbitos) corre a una velocidad de vértigo (lógico, si tenemos en cuenta las motivaciones de Google, cuyo negocio depende de manera fundamental de que naveguemos por la web tanto como sea posible, viendo y haciendo clic en la publicidad que representa la mayor parte de sus ingresos. Incluso desde la escala de Microsoft se hace muy complicado seguir el ritmo (que le pregunten a Apple, por ejemplo: Safari tampoco evoluciona ni de lejos a la velocidad de Chrome, y eso que Apple le dedica una buena cantidad de recursos a Safari).

Complica la tarea de Microsoft, además, que los diseñadores y desarrolladores web se están volviendo bastante “comodones” a la hora de verificar que sus webs funcionan correctamente: en un mundo en el que Chrome/Chromium se ha convertido en estándar de facto. Es muy fácil probar las cosas solo en Chrome: ¿para qué probar la versión de escritorio en Firefox o Edge, si su cuota de mercado está en apenas un 10% y un 5%, respectivamente? (La respuesta, en mi opinión, es clara: porque son diseñadores y desarrolladores web, no Blink.)

(Y no olvidemos los daños autoinfligidos: Microsoft decidió en algún momento ligar el ciclo de desarrollo de Edge al de Chrome. El resultado es que mientras Google y Mozilla lanzan una nueva versión de su navegador cada seis semanas, Microsoft lo hace cada vez que saca una nueva versión de Windows: aproximadamente cada seis meses. Y si tu empresa decide no actualizarse a la última versión de Windows, Edge se queda anclado en el tiempo. Ese lastre añadido, naturalmente, complica mucho el poder competir…)

Todo esto ha resultado en que los usuarios de Edge tengan una experiencia web “de segunda categoría”. Lo que acaba redundando en que cada vez más usuarios de Edge abandonan el navegador (habitualmente por Chrome). Y eso, a su vez alimenta la rueda y… en algún momento Microsoft se ha cansado de invertir todos esos recursos en perder continuamente usuarios.

¿Y cómo?

Microsoft, con todas las críticas que se le pueden hacer (que son muchas), no es la misma compañía que estuvo a punto de ser troceada por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos por sus prácticas monopolísticas en los años 90 y es, hoy en día, una compañía que contribuye mucho y bien al mundo del software de código abierto. Hace ya tiempo que empleados de Microsoft contribuían a Chromium, ostensiblemente para asegurar que el rendimiento de los navegadores basados en Chrome corrieran bien sobre Windows para arquitecturas ARM. Lo que va a hacer ahora Microsoft es dedicar más recursos al desarrollo de Blink y asegurarse de que el motor de Blink se integra bien en la “carrocería” de Edge.

¿Y eso es malo?

A corto plazo, no: el día en el que se lance la siguiente versión de Edge, con Blink como motor de renderizado (a falta de anuncio definitivo podemos suponer que pasará en primavera) los usuarios de Edge pasarán a tener una mejor experiencia web. Y diseñadores y desarrolladores pasarán a tener un motor de renderizado al que dar soporte, con lo que su trabajo se volverá más sencillo y eficiente…

Win-win, ¿no?

No. El primer problema es que hemos reducido notablemente la diversidad del ecosistema. Un sistema diverso es un ecosistema más resistente. Es por ello que intentamos mantener esa diversidad aunque sea caro. Y con el abandono de EdgeHTML tan solo nos quedan tres “especies” en el ecosistema: el todopoderoso binomio Chromium/Blink y los dos “pequeños” Firefox/Gecko y Safari/WebKit (que no lo había comentado hasta ahora, pero así se llaman los motores de renderizado de Firefox y Safari). Es la última de las extinciones de este ecosistema: hasta 2013 los navegadores Opera (muy implantados en algunos países de Asia y África) usaban su propio motor, Presto… hasta que los responsables de Opera tomaron básicamente la misma decisión, y por los mismos motivos, que toman ahora en Redmond. En apenas seis años habremos perdido a dos grandes jugadores y nos habremos quedado con apenas tres motores.

 

¿Y es eso tan malo?

Nuestro referente histórico más claro es el final de lo que se ha acabado llamado primera guerra de los navegadores. En 1996 el navegador imperante era Netscape Navigator, en parte por la desidia de Microsoft en crear un buen navegador web. Desde ese momento la compañía de Redmond puso toda la carne en el asador para ganar la “guerra”, tanto poniendo todos los recursos necesarios para crear un navegador que pudiese competir con Navigator como usando tácticas más que discutibles legalmente para explotar su entonces posición dominante en el mercado de sistemas operativos para acabar con el dominio de Netscape, algo que consiguieron en 2003. Conseguirlo, aunque cueste recordarlo ahora, supuso grandes avaces para la web: Explorer 6.0 era un navegador mucho más respetuoso con los estándares que Netscape Navigator y, por el camino, Microsoft presentó innovaciones revolucionarias que acabaron dando lugar, por ejemplo, a AJAX y las actuales aplicaciones web. Pero (siempre tiene que haber un pero) una vez ganada la “guerra”, los incentivos para seguir mejorando Internet Explorer se esfumaron y Microsoft abandonó casi por completo su desarrollo, lo que dio pie a un “invierno nuclear” sin apenas innovación en el campo hasta que Firefox se convirtió en una alternativa viable a Internet Explorer 6.

¿Significa esto que Google también va a parar el desarrollo de Chrome/Chromium? No. Como decíamos antes, el progreso de los navegadores web es un interés primordial para Google, y nada hace anticipar un invierno como el que vivimos en 2003.

¿Y entonces?

Ahora mismo Google controla, a través de Chrome/Chromium los navegadores usados por dos tercios de los usuarios de internet, y todo hace suponer que en un año ese dominio será aun mayor. Aproximadamente un 15% más del mercado está en manos de Apple. El 80% de nuestra manera de navegar por la web está en manos de tan solo dos empresas que se deben a sus clientes… y a sus accionistas. Con la situación actual, son esas dos empresas las que van a decidir durante los próximos años cuál es la evolución de la web. El nivel de confianza que tenga cada uno en esas dos organizaciones dependerá de la opinión personal de cada uno (de la misma forma que lo que uno pueda pensar de Microsoft, naturalmente), pero tal concentración de poder, en el mejor de los casos, debería provocar una cierta inquietud. Esperemos que la gobernanza de ambos proyectos sepa anteponer los intereses de todos a los de unos pocos. Pero, en cualquier caso, mantengámonos vigilantes.

Lecturas extra

Reflexiones sobre el Smart City Expo World Congress

Barcelona volvió a acoger del pasado 13 al 15 de noviembre una nueva edición del congreso Smart City Expo World Congress (SCEWC), organizado por la Fira de Barcelona en el recinto de Gran Via. Con esta ya son ocho las ediciones que nos muestran cuáles son los avances que se están llevando a cabo y las líneas de trabajo para mejorar la vida en nuestras ciudades.

Este evento se consolida como un referente mundial, no solamente como un espacio donde se muestran las últimas tecnologías disponibles para la transformación urbana, sino como una auténtica plataforma de debate sobre el futuro de las ciudades, donde los principales actores pueden tratar sobre los retos a resolver.

En esta ocasión el SCEWC ha vuelto a saber combinar las oportunidades de negocio que brinda el contexto de las ciudades inteligentes, así como hacer difusión del conocimiento a partir de charlas repartidas tanto en las “ágoras” repartidas por el espacio de exposición como en la propia área de ponencias. De acuerdo con las cifras oficiales, el número de expositores fue de 844 (un 25% más que en la edició del 2017), con más de 700 ciudades participantes y de 400 expertos que trataron sobre transformación digital, entorno urbano, movilidad, gobernanza & finanzas y ciudades inclusivas & compartidas.

La presente edición ha reflejado la tendencia iniciada en 2016, especialmente por la maduración del concepto de Smart City, tanto en el enfoque de la zona de exposición como de las ponencias de expertos. La tecnología, siendo fundamental y la base sobre la cual la ciudad inteligente se cimienta, deja espacio a iniciativas donde su uso permite crear servicios de valor para ciudades y ciudadanos, sin ir en detrimento de generar valor económico. Uno de los puntos quizás más relevantes en este sentido es la alta participación de expositores, donde la presencia de países, ciudades, o en general territorio, muestra el trabajo y los avances que se están realizando en la transformación urbana hacia la smart city.

Un aspecto a resaltar es la visión transversal de este evento. Mientras la elevada participación de ciudades y alcaldes (más de 100 en esta edición) refleja la apuesta de la administración pública por aprovechar lo que la tecnología ofrece para mejorar sus ciudades, el congreso nos ha mostrado soluciones tecnológicas que abogan por un uso más responsable y limpio de las mismas. Un aspecto clave es la presencia de temas tan importantes en el contexto smart como sería la economía circular, con la keynote del Premio Nobel de la Paz Muhammad Yunus, y la inclusividad de las ciudades con la ponencia inspiracional de Víctor Pineda, temáticas que se tratan de forma prioritaria. No obstante, otro punto a favor de esta edición es que, a pesar de no centrarse solamente en los avances tecnológicos, estos no quedan relegados a un segundo plano, y se puede ver como IoT, comunicaciones 5G, blockchain o vehículo autónomo juegan un importante papel.

Un aspecto interesante ha sido poder comprobar como se sigue apostando por un uso de la información disponible en las ciudades, con el objetivo de mejorar aspectos tan importantes como la movilidad. Esta tendencia sobre movilidad ya la vimos en la edición anterior y, según nos pareció, no ha perdido interés, hecho que hace que las soluciones propuestas por los expositores sean más completas y maduras. Un ejemplo en este sentido es la Plataforma Digital de gestión de las Smart Cities que Huawei presentó en este evento.

Por otro lado, otro punto interesante sobre la salud del ecosistema Smart es la apuesta de las startup y de empresas en desarrollar y presentar su hardware, software, plataformas, servicios, etc. que pueden ser aplicados por ciudades u otras empresas.

Como conclusión, la presencia de empresas tecnológicas, startups y centros de investigación, confirma el papel fundamental de la tecnología en la Smart City, sin olvidar la importancia del papel del ciudadano y de la creación de servicios transversales en las ciudades. Desde la UOC seguimos de cerca este fenómeno y participamos de forma activa en la formación de los futuros profesionales del ámbito de las ciudades inteligentes mediante el Posgrado en Smart Cities: Ciudad y Tecnología. Las ciudades inteligentes están madurando y se han convertido en una realidad imparable en todo el mundo. El hecho de que más de 800 ciudades y de 100 alcaldes hayan acudido al SCEWC para compartir sus experiencias, así como todo el debate generado y las sinergias encontradas entre visitantes, expositores y administraciones públicas, demuestran esta madurez.

 

Carlos Monzo es Ingeniero de Telecomunicación y Doctor por la Universidad Ramon Llull. Actualmente trabaja como profesor en la Universitat Oberta de Catalunya, donde es el Director académico del Posgrado en “Smart Cities: Ciudad y Tecnología”.

Joan Melià es Ingeniero de Telecomunicación por la Universitat Politècnica de Catalunya, y Doctor por la Universidad Oberta de Catalunya. Actualmente trabaja como profesor en la  Universitat Oberta de Catalunya, donde participa en el Posgrado en “Smart Cities: Ciudad y Tecnología”.

Los productos de TI en la era digital (y II)

El proyecto no ha muerto. Ágil lo ha cambiado todo. La combinación de Ágil y Lean permite potencialmente escalar la agilidad desde proyectos pequeños y auto-contenidos al nivel de la organización de los departamentos de informática y de toda la empresa. A introducir estas ideas dedicamos la primera parte de este post. Seguimos ahora.

 

 

7. Los departamentos de TI construyen y mantienen productos y servicios, que sirven a las necesidades de grupos de clientes internos o externos. Esos chismes son flujos de creación de valor para diferentes negocios o procesos empresariales. La creación de un nuevo producto o la sustitución por entero de uno existente tiende a ser un proyecto, pero eso pasa sólo algunas veces. Se podría decir que un proyecto es una parte de un flujo de producción o, a veces, un flujo de producción en sí mismo. El flujo de creación de valor representa la transformación de unas necesidades, convenientemente priorizadas, en unos productos para unos clientes. El flujo de producción tiene que asegurar: 1) el conocimiento y la comprensión profunda de las necesidades muy variadas de un cliente (qué hay que hacer), 2) su valoración y cualificación estratégica y económica (por qué hay que hacerlo y por qué haremos ésto en vez de otra cosa), 3) el diseño, construcción y aprobación del producto de acuerdo con las capacidades existentes (cómo y cuándo lo haremos), 4) la entrega y puesta en producción en todo o en partes y 5) el mantenimiento y protección de los activos creados.

8. Desde un punto de vista, este proceso se puede ver como una máquina, una fábrica, una cadena de producción. Importa que el espectáculo (el “tren” lo llaman algunos métodos) no se pare y que sus diferentes componentes y participantes actúen de forma sincronizada, justo a tiempo. Ya no es más que alguien escriba un anteproyecto que se pasa a una oficina de compras que se pasa a un diseñador que se pasa a un contratista y así y así. Enfoques como Lean o DevOps intentan establecer un flujo continuo de trabajo, sin paradas, o con pocas paradas y muy cortas. El tren digital no puede esperar, porque el cliente no espera.

9. Desde otro punto de vista, todos los participantes en el proceso juegan en el mismo equipo. El producto (o el programa, o el proyecto) manda sobre las especialidades y las estructuras jerárquicas de los departamentos de Informática: los de la Demanda, los de Desarrollo, los de Operaciones… También el cliente, que es un miembro activo del equipo, con distintas formas y roles. La responsabilidad es compartida (la del equipo), pero no se diluye, porque el diseño del flujo establece cuál es el papel de cada uno y en qué momentos debe actuar. El recorrido del tren es conocido y transparente.

10. Aparecen nuevas formas organizativas, nuevos roles y capacidades. No he dicho nuevos organigramas, al menos necesariamente. Lo importante son los roles: ingenieros de proceso que se ocupan de la gestión del flujo, arquitectos de empresa, scrum masters, responsables de producto, creadores y mantenedores de épicas complejas… Y las relaciones de trabajo que establecen: equipos ágiles, comunidades de práctica, comunicación continua, enfoque a la resolución de obstáculos, ubicación física de proximidad, feed-back y aprendizaje continuado…

A partir de estos principios, basados en Agile y Lean,  y de la práctica profesional y empresarial en su implantación, en los últimos años se han comenzado a desarrollar y codificar nuevos modelos de referencia para la gestión de servicios de TI y se ha empezado a evaluar su ejecución para obtener algunos consejos y guías.

Pronto, les dedicaremos algunas entradas.