Smart City Expo World Congress: empoderando a la ciudadanía

Barcelona acogió del 14 al 16 de noviembre la séptima edición del congreso Smart City Expo World Congress (SCEWC), organizado por la Fira de Barcelona en el recinto de Gran Via. El evento, referente mundial, alcanzó un récord de participación con más de 700 ciudades de todo el mundo, donde algunas como Ámsterdam, Chicago, Roma, Londres, Nueva York o Yokohama, entre muchas otras, analizaron el empoderamiento ciudadano como un elemento clave del desarrollo de ciudades alrededor del mundo.

En esta ocasión, el SCEWC ha repetido la fórmula de combinar las oportunidades de negocio, mediante la presencia de 675 expositores (un 14% más que en la edición de 2016), con la difusión de conocimiento, en una área de ponencias que contó con 420 expertos, que hablaron sobre gobernabilidad, economía, sociedad, sostenibilidad, movilidad, datos y tecnología, seguridad y economía circular.

En la edición de este año, el SCEWC ha reflejado una tendencia ya vista el 2016 en la maduración del concepto de Smart City, especialmente por lo que respecta a los servicios ofrecidos, en los que la tecnología juega un papel fundamental pero buscando que repercuta en algo tangible para la ciudad y ciudadano. Al igual que en la edición anterior, donde ya vimos cómo las plataformas de gestión integral para las ciudades inteligentes eran una de las protagonistas, en esta edición se ha incidido en cómo la tecnología da servicio a la ciudad y ciudadanos en temas tan importantes como son la seguridad o la movilidad.

Si nos basamos en la definición de ciudad inteligente propuesta por el Grupo Técnico de Normalización 178 de AENOR (AEN/CTN 178/SC2/GT1 N 003 (que podemos leer en el Plan Nacional de Ciudades Inteligentes de España del 2015), donde se explicita que “Ciudad Inteligente es la visión holística de una ciudad que aplica las TIC para la mejora de la calidad de vida y la accesibilidad de sus habitantes y asegura un desarrollo sostenible económico, social y ambiental en mejora permanente…”, podemos concluir que esta séptima edición, sin olvidar la importancia de los sensores, los actuadores y los datos, sí que ha centrado su atención en cómo ciudad y ciudadano se pueden beneficiar de la tecnología y la información disponible, haciendo que algo clave como son los datos y la tecnología no se convierta en el fin, sino en el medio para conseguir los objetivos marcados por la Smart City.

Un aspecto que consideramos fundamental para la Smart City es la gran variedad de perfiles de los expositores: administraciones públicas, grandes empresas, start-ups y centros académicos y de investigación, que siguen apostando por la ciudad inteligente, proponiendo gran variedad de soluciones para superar los retos que las ciudades encuentran en su día a día y afrontar con garantías su futuro. De este modo, la innovación orientada a mejorar la vida de los ciudadanos ha sido el factor común de las propuestas vistas estos tres días.

Otro aspecto interesante ha sido poder comprobar los avances realizados en la explotación de la información disponible, los sistemas de recogida de datos a partir de sensores y actuadores, energía y su monitorización, sistemas de iluminación y de transporte, mejorando la gestión de las ciudades. Quizás, en esta edición la movilidad sería una de las grandes representadas.

Esta edición, por otro lado, ha sabido introducir al ciudadano en la ecuación en la que datos y tecnología jugaban un papel muy importante. Este hecho abre las puertas a la concreción de servicios dentro de la Smart City, interconectados para permitir que, por un lado, el ciudadano tenga más información sobre el lugar donde vive y, por otro lado, la administración pueda centrar sus esfuerzos allí donde existe una preocupación real de sus conciudadanos.

Como conclusión, la presencia de grandes empresas tecnológicas, startups y centros de investigación confirma el papel fundamental de la tecnología en la Smart City, sin olvidar la importancia del papel del ciudadano y de la creación de servicios transversales en las ciudades. También desde la UOC seguimos de cerca este fenómeno y participamos de forma activa en la formación de los futuros profesionales del ámbito de las ciudades inteligentes mediante el Posgrado en Smart Cities: Ciudad y Tecnología. Las ciudades inteligentes han demostrado que no son ni una moda ni un concepto pasajero: han madurado y ahora son una realidad imparable en todo el mundo. El hecho que 700 ciudades hayan acudido al SCEWC para compartir su experiencia en la transformación hacia la ciudad inteligente, las preocupaciones que las mueven y la apuesta por seguir mejorando su relación con los ciudadanos demuestra esta madurez, reflejada en los diferentes ámbitos del congreso.

 

Carlos Monzo es Ingeniero de Telecomunicación y Doctor por la Universidad Ramon Llull. Actualmente trabaja como profesor en la Universitat Oberta de Catalunya, donde es el Director académico del Posgrado en “Smart Cities: Ciudad y Tecnología”.

Joan Melià es Ingeniero de Telecomunicación por la Universitat Politècnica de Catalunya y Doctor por la Universidad Oberta de Catalunya. Actualmente trabaja como profesor en la Universitat Oberta de Catalunya, donde participa en el Posgrado en “Smart Cities: Ciudad y Tecnología”.

COO: una evolución natural del CIO

Martha Heller, redactora de la revista CIO del grupo IDG, famosilla, entrenadora y reclutadora de CIOs, ha hecho una carrera de pensar todo lo que los CIOs pueden ser antes, durante, después o en vez de ser CIOs. El primer ejecutivo de la información y de la informática, el CIO (Chief Information Officer) vive frecuentemente en la ambigüedad y la frustración, emparedado entre las exigencias del control del riesgo y las promesas de la aportación estratégica al negocio. Lo llamamos “Las cien caras del CIO”, en un artículo de hace unos meses. De manera que muchos aspiran a ser otra cosa, a ser posible más sexy y actual: Chief Innovation Officers (o sea, líderes de la innovación en la empresa), Chief Digital Officers (responsables de la transformación digital), Chief Data Officers (orquestadores del gobierno de datos)… o lo que sea que facilite el acceso al comité de dirección y mejore su sueldo.

Una silla vacía en la playa de Ibiza. Fotografía de Adolfo Molina en Flickr.

Heller, hábil olfateadora de tendencias, le ha encontrado una nueva-vieja silla, la de director de operaciones o Chief Operation Officer.  En una entrada reciente de su blog,  que os recomiendo, Marta Heller entrevista a Phil Fasano, que fue CIO de AIG y de algunas de otras grandes compañías financieras, como Kaiser Permanente, Capital One, el Deutsche Bank o JP Morgan Chase. Fasano señala la fusión de tecnología y operaciones en los bancos y entidades financieras (ya ha venido ocurriendo en España desde hace tiempo), en las empresas industriales (con la convergenia de IT y OT en la Industria 4.0) y en las empresas puramente digitales, donde es imposible separar los procesos de negocio de la tecnología. Los COO tradicionales están enfocados a la eficiencia del proceso y el control de costes, no suelen tener formación tecnológica ni visión estratégica, no saben ver las oportunidades que tiene la tecnología para transformar la empresa. Los CIO, por su parte, necesitan completar su formación de empresa y su diálogo y prestigio entre la dirección.

Hasta aquí, vamos bien. La cosa se complica cuando empezamos a definir “operaciones”. Las operaciones deberían ser los procesos clave de la cadena de valor, los procesos del core business, al menos los que tienen que ver con el diseño de productos y servicios y la fabricación o la entrega del servicio (order to cash): el diseño de procesos, la gestión de la capacidad, la planificación y control de la producción, el control de inventarios y la gestión de la calidad. Suelen ser procesos (y tecnologías) sofisticados y con un elevado expertise profesional: cosas que hacen ingenieros químicos o industriales, médicos y enfermeros, profesores universitarios o expertos en riesgo financiero, según cada sector. La operación, “la fábrica”, es intrínsecamente sectorial. El conocimiento sectorial y la aceptación entre esta clase de técnicos suele limitar el acceso de los outsiders. 

En muchos casos, cuando se habla del director de operaciones, se está hablando, sin embargo, de la gestión de los procesos de soporte al negocio, así en la gestión como en la informática. Operaciones en este sentido más limitado (y para mi gusto, insuficiente) serían los procesos de biblioteca o atención al estudiante en una universidad; los procesos de gestión de admisiones, hotelería o pruebas diagnósticas en un hospital; o los procesos de gestión de las hipotecas o la emisión de recibos en un banco. Todavía estamos lejos de que gestores profesionales dirijan a médicos, profesores universitarios, actuarios de seguros o expertos en riesgo.

En la informática, en cambio, vamos estando más cerca de que la tecnología no sólo integre los datos que vienen de los sistemas de producción (el mundo tradicional de los MES, o Manufacturing Execution Systems, frecuentemente embebidos en el propio ERP), sino que también maneje los sistemas de programación, control y gestión de la producción: los SCADAs o los PLCs en la manufactura; las tecnologías médicas de diagnóstico e intervención de los hospitales; o los sistemas de gestión del aprendizaje, las aulas y recursos docentes en las escuelas y las universidades. Y la robótica, en todas partes.

Creo que es probable que este camino facilite el diálogo entre los profesionales expertos de cada sector y los directores de la tecnología y, en definitiva, la evolución de los CIOs a posiciones de COOs. Tendrá competencia: el nuevo ingeniero industrial también quiere ser CIO.

 

José Ramón Rodríguez es profesor de dirección de las TIC en diferentes programas de la UOC y consultor independiente. Investiga la planificación y gestión de proyectos de transformación empresarial facilitados por los sistemas y tecnologías de la información.

Aplicando el principio de prudencia en las radiaciones electromagnéticas

En el post anterior se habló de la posible vinculación de la reciente aparición de patologías como la hipersensibilidad electromagnética con la exposición a campos electromagnéticos de diferente índole. La comunidad científica internacional así como las asociaciones profesionales tanto del campo de la medicina como de las telecomunicaciones deben ahondar en la investigación en este ámbito para garantizar una exposición segura a los campos electromagnéticos. Mientras los científicos trabajan en investigar sobre las diferentes hipótesis, ya bien sea a favor o en contra de los supuestos efectos, no está de más aplicar una serie de medidas preventivas para evitar la exposición excesiva a los campos electromagnéticos que ya forman parte de nuestro hábitat natural.

Hemos de pensar que los efectos de las radiaciones requieren de estudios longitudinales a lo largo del tiempo para poder tener garantías de los efectos, no de forma instantánea, sino también acumulada, algo similar a lo que ocurre con la radiación solar sobre la piel, que no deja de ser una radiación electromagnética. Es necesario recordar que se tardó años en detectar el efecto acumulativo cancerígeno de la radiación solar sobre la piel, y que actualmente la mejor medida es ser prudentes en nuestra exposición, puesto que si bien una exposición corta y limitada tiene efectos beneficiosos, una exposición larga y continuada a lo largo de los años puede agotar nuestro capital solar y aumentar el riesgo de enfermedades degenerativas de la piel.

La historia está repleta de casos similares, donde la falta de prudencia o el atrevimiento de la ignorancia han producido efectos excesivamente nocivos sobre el ser humano, efectos que se podrían haber minimizado de haber tenido una actitud más humilde ante el conocimiento científico. Recordemos casos como los de las tuberías de plomo o el amianto, que durante años se utilizaron perjudicando gravemente la salud por el hecho de no conocer sus riesgos ni estar científicamente demostrados en su día.

El Ingeniero de Telecomunicación es la profesión con atribuciones profesionales sobre el uso de las radiaciones en este país, y ante la falta de estudios concluyentes o a la espera de tener datos científicos fiables, tiene la responsabilidad de actuar sobre el diseño y uso de elementos radiantes de forma prudente y ética. Recientemente la organización mundial de la salud en su centro de prensa informó del estado de la cuestión hasta el momento, así como de los pasos a seguir en el futuro, e indica claramente que a día de hoy no hay nada demostrado a favor, pero tampoco hay nada demostrado en contra. De hecho, citando literalmente de la misma nota de prensa de la OMS:

“Basándose en buena parte en estos datos, el CIIC (Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer) ha clasificado los campos electromagnéticos de radiofrecuencia como posiblemente carcinógenos para los seres humanos (grupo 2B), categoría que se utiliza cuando se considera que una asociación causal es creíble, pero el azar, los sesgos o los factores de confusión no pueden descartarse con una confianza razonable.”

Este escenario, junto a la aparición de nuevas patologías potencialmente vinculadas a la radiación electromagnética como la hipersensibilidad electromagnética (no demostrada científicamente hasta el momento, pero tampoco descartable por la falta de estudios científicos) invita a utilizar el principio de prudencia en el uso de los elementos radiantes.

Como representantes de una profesión al servicio de la sociedad, conviene ser prudentes en el diseño y uso de las tecnologías, especialmente orientadas a los niños y adolescentes, que son los más susceptibles del posible riesgo electromagnético. Algunos países como Francia han dado un paso adelante en el principio de prudencia tal y como se puede leer en el enlace y donde se puede encontrar la referencia la ley LEY n ° 2015-136 del 9 de febrero de 2015 relativa a la sobriedad, la transparencia, la información y la consulta sobre la exposición a las ondas electromagnéticas, donde se impulsan medidas para proteger a los niños pequeños de las radiaciones.

Ante este escenario no está de más aprender a convivir con las nuevas tecnologías y promover un uso razonable y prudente de las mismas mientras la ciencia avanza en sus investigaciones.

Si pensamos en nuestro hogar o lugar de trabajo, son ya un gran número de elementos radiantes los que pueden venirnos a la cabeza de forma rápida. Wifi, bluetooth, teléfono móvil y mandos de consolas son elementos que frecuentemente conviven con nosotros generando campos electromagnéticos a nuestro alrededor.

A continuación, se presentan una serie de pautas que pueden ser de utilidad para minimizar nuestra exposición y hacer un uso prudente de las mismas:

Uso de los sistemas de telefonía inalámbricos: Restringir el uso de los teléfonos celulares o los teléfonos domésticos DECT a conversaciones cortas. Aquellas personas que pasan largas horas al día al teléfono por motivos personales o profesionales pueden optar por el teléfono clásico o sistemas de telefonía por IP de cable libres de radiación. En el caso del móvil, conviene utilizarlo siempre en zonas de buena cobertura, puesto que la mayor radiación que recibimos viene normalmente del terminal. Si estamos en una zona de baja cobertura el terminal está obligado a transmitir con más potencia y aumenta la radiación.

WIFI: Limitar el uso de las WIFIs para la descarga masiva de datos. Si bien los sistemas inalámbricos son extremadamente útiles por su portabilidad, actualmente se están convirtiendo en elementos de descarga masiva de contenidos audiovisuales. No conviene que, especialmente niños o adolescentes, consuman contenido digital audiovisual como películas o vídeos (que requieren una gran transmisión de flujo de datos) a través de la WIFI cuando pueden hacer uso de estos contenidos en dispositivos conectados por cable. Ordenadores y Smart TVs son dispositivos mucho más apropiados para el consumo de contenido audiovisual de forma masiva cuando se utiliza la conexión por cable Ethernet. En caso de tener un sistema de televisión contratado en el hogar siempre es preferible que esté conectado por cable y evitar el uso de WIFI para contenido de TV. Finalmente, siempre es preferible parar la WIFI por las noches para evitar radiaciones durante el sueño y no dejar descargas de contenido masivo de forma inalámbrica durante la noche evitando la radiación durante las horas de descanso.

Conexiones de datos 3G-4G: Las conexiones de datos están centrando últimamente un gran consumo de datos inalámbricos por parte de los usuarios. Requiere concienciación por parte de los más jóvenes que se están convirtiendo en consumidores de datos durante gran parte del día, con un gran volumen de contenido audiovisual.

Uso de microondas: Sin entrar en valoraciones culinarias de si esta es la forma más sana de cocinar, parece prudente no permanecer delante del microondas cuando se está utilizando (momento de máxima radiación)  ya que la parte frontal del microondas de vidrio no evita la salida de radiaciones hacia el exterior, hecho fácilmente medible con un Gaussímetro (Dispositivo de medida para campo magnético). Tan sólo hemos de pensar en el efecto que las radiaciones están teniendo sobre el plato para intuir que nos pueden afectar.

Evitar dormir con elementos radiantes en la habitación: Los dispositivos radiantes cada vez utilizan más aplicaciones que consumen datos durante todo el día y la noche, de forma que durante los periodos de descanso conviene dejarlos en otra habitación para limitar radiaciones en las áreas de descanso. Es importante tener en cuenta que existen también elementos radiantes de baja frecuencia, como por ejemplo los motores de la nevera. Si nuestro dormitorio se encuentra pared con pared con la cocina y el motor de la nevera queda cerca de la cabecera de la cama también estaremos recibiendo radiaciones de forma continuada durante el periodo de descanso.

En casos donde el nivel de la radiación sea superior existen técnicas de apantallamiento que permiten evitar la radiación electromagnética. Resulta habitual en el campo de la ingeniería realizar apantallamientos para evitar la interferencia entre dispositivos radiantes. Técnicas basadas en los mismos principios pueden utilizarse para evitar las radiaciones sobre lugares laborales o domésticos en el caso que sea necesario, existiendo soluciones basadas en pinturas e incluso telas de blindaje para la confección de cortinas.

Como podemos observar, la ciencia actualmente no está en disposición de dar respuesta al efecto de las radiaciones y su posible riesgo sobre la salud. En este escenario, a falta de pruebas concluyentes de los estudios científicos en un sentido u otro, no está de más hacernos responsables de un buen uso de las tecnologías, ser conscientes de que tenemos diferentes alternativas para su uso, y escoger aquellas que mejor se adapten a las necesidades y que supongan un riesgo menor.

La prudencia no previene todos los males; pero su falta nunca deja de atraerlos.”  Lingrée

Jose Antonio Morán Moreno es doctor en Ingeniería de Electrónica por la Universidad Ramon Llull. Actualmente trabaja como profesor en la Universitat Oberta de Catalunya, donde es el director académico del Máster Universitario en Ingeniería de Telecomunicación.

Los valores en informática

En un post anterior Sobre el valor de los Sistemas y Tecnologías de la Información introduje el ‘valor’ económico y los ‘valores morales’ en los SI+TI. 

Por ‘valores’ se entiende generalmente el conjunto priorizado de creencias básicas, personales o sociales, que nos orientan sobre cómo actuar en la vida, sobre cómo valorar nuestras acciones y cuáles preferir.

Es el terreno de la ética, la axiología y la filosofía. Algunos destacados contribuyentes: Lao-Tse, Confucio, Platón, Aristóteles, Séneca, Agustín de Hipona, Thomas Hobbes, Baruch Spinoza, David Hume, Immanuel Kant, Jeremy Bentham, John Stuart Mill, Karl Marx, Peter Singer, John Rawls, Michael Sandel y B-C. Han.

También se han ocupado de estos temas algunos tecnólogos, como:

Aunque el tema de los valores debe interesarnos como personas y no sólo como profesionales, porque somos personas profesionales, me limitaré en estas líneas a citar algunos aspectos de las TI en que los profesionales deberíamos prestar particular atención a los valores.

David y Brooks plantean cuestiones de ética y de ‘derechos’  de las máquinas. Dice Brooks que estamos viviendo dos revoluciones paralelas: la de la robótica —robots inteligentes— y la de la bioingeniería, y por ello:

No tiene sentido preocuparse por una posible revolución de los ‘robots’ contra los ‘humanos’, porque, en un futuro próximo (¿20 – 40 años?), robots y humanos formarán un “continuo”: robots con componentes orgánicos; y humanos con órganos robóticos. [Los humanos seremos una combinación de biotecnología, de “carne y máquinas”: título del libro de Brooks].

Ciertas máquinas no sólo tendrán sintaxis y tecnología (de reproducción, p. ej.) sino que manifestarán (tendrán o simularán) emociones, deseos, amor y orgullo. (pp. 93-95).

Al igual que históricamente se han ido reconociendo ciertos derechos (p. ej. a un trato digno) a muchos animales superiores (y, sobre todo a las mascotas), es plausible que surjan corrientes de reconocimiento de derechos a algunas de esas máquinas, sobre todo a las más antropomorfas, androides, y a las que ‘convivan’ en nuestros hogares –robots domésticos– (pp. 114 ss., 150-171).

También la Informática en general tiene derecho a la ‘presunción de inocencia’, tantas veces violada, imputando a ‘fallos informáticos’ evidentes ‘errores humanos’.

Eso en cuanto a derechos, porque en cuanto a obligaciones de los robots, ya fueron introducidas por Asimov en sus Leyes de la Robótica (¡1942!), luego evolucionadas a ‘Roboética’.

La ‘ética propia de los algoritmos’ es otra cuestión muy debatida, sobre la que estoy trabajando. Por el momento, dicha ética viene siendo reflejo de la de quienes los desarrollan, aunque con el progreso de la AI —inteligencia artificial— y el aprendizaje no basado en reglas, y el de AML automatic machine learning—, quizá lleguen los artefactos a alcanzar una adquisición autónoma y no transparente de valores, lo que puede plantear problemas éticos y jurídicos insospechados, por déficit de trazabilidad.

El ‘dilema del tranvía recurrentemente planteado para el caso de los inminentes vehículos autónomos yo lo he ejemplificado como: “¿Atropello a la viejecita o al joven CISO que están, una u otro, en mi camino inevitable?”.

Manolo Palao Garcia-Suelto es colaborador docente de las asignaturas de Planificación y Dirección Estratégica de Sistemas de Información de la Universitat Oberta de Catalunya y miembro de ISACA y del ITTrends Institute.

Plataformas y ecosistemas en BI, BA, Big Data y Data Science

No es la primera vez que hablamos sobre ecosistemas y plataformas, de hecho el interés viene de lejos. Últimas noticias de las anteriores semanas nos hacen volver a poner la atención en este punto. De hecho un par. Por un lado, la reciente compra de Fast Forward Labs por parte de Cloudera para reforzar su línea de Data Science (fundamentada en otra adquisición – Sense Platform – en 2016). Por otro, la disponibilidad de un nuevo backend para MongoDB llamado Stitch, que buscar facilitar la integración de la base de datos en desarrollos y aplicaciones.

Como ya sabemos, en los últimos años las tecnologías para capturar, almacenar, procesar, analizar y visualizar datos tiene un marcado acento open source. Existen múltiples componentes alrededor de Apache HadoopApache SparkApache Flink o MongoDB, por nombrar algunas. Aunque existen tantas que es complicado seguir la pista a como evoluciona tantos actores. Un buen intento es el Big Data Landscape.

Escoger la mejor plataforma de datos, se convierte en una tarea titánica y es natural que surjan plataformas integradas (y empresas que den soporte a dichas plataformas) como las conocidas Hortonworks, Cloudera, Data Artisans o Databricks.

¿Hacía dónde se dirigen estas plataformas?

En anteriores movimientos de mercados, vimos cómo los proveedores de mercado complementaron su solución incluyendo módulos de analítica de negocio (proporcionando análisis basados en parámetros). Por lo que emergieron las plataformas combinando módulos de inteligencia y analítica de negocio.

En esta etapa los últimos movimientos del mercado nos ofrecen otro panorama. Los fabricantes de plataformas empresariales de negocio están interesado en capitalizar el movimiento de Data Science, e integran componentes de Machine Learning, entornos de trabajos flexibles (basados en JupyterApache Zeppelin o similares) e incluso fichando equipos para ofrecer servicios profesionales. Cloudera no han sido los primeros (por ejemplo, ya vimos movimientos similares en Teradata, con su adquisición de ThinkBig Analytics) ni tampoco serán los últimos.

Lo que es interesante de este movimiento es que, de nuevo, estamos ante una fase de adquisiciones en el mercado. Y sin embargo, cada vez más empresas crean sus plataformas integradas (como en caso de Uber con Michelangelo o Airbnb con AeroSolve).

Sin duda alguna, en la era de las empresas orientadas al dato, es necesario decidir qué arquitectura (y plataforma) será la que nos permitirá explotar el valor de nuestros datos.

Como siempre, tendremos de continuar atentos al mercado.

Nota: Este artículo ha aparecido previamente en el blog de Análisis y Ciencia de Datos de la UOC: http://dataanalysis.blogs.uoc.edu/.

 

Josep Curto es director académico del Máster en Inteligencia de Negocio y Big Data (MiB) en los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la Universitat Oberta de Catalunya. También es director de Delfos Research, empresa especializada en la investigación de los mercados de Business Intelligence, Business Analytics y Big Data.