Adiós, Internet Explorer. No te vamos a echar de menos

22 junio, 2021
Foto: Thom (@thomweerd) en Unsplash.

Queda menos de un año. Quince de junio de 2022. Esa es la fecha en la que Microsoft ha dicho que retirará —como si de un replicante se tratara— definitivamente Internet Explorer (IE), azote de diseñadores y desarrolladores web durante años. Nos lo anunciaban hace un mes. Estoy seguro de que más de uno ya ha comenzado a planificar la celebración.

Aunque, de hecho, probablemente no desaparezca nunca del todo, a pesar de que Microsoft lleva años intentando matar al «monstruo» (de hecho, a finales del próximo mes de agosto ni siquiera las aplicaciones web de la propia Microsoft darán soporte a IE). Dentro de un año quedará un reducto, cual aldea gala, en la forma del «Long-Term Servicing Channel» de Windows 10, en que seguirá vivo al menos algunos meses más. Y todo parece indicar que Microsoft Edge, el navegador con que Microsoft sustituyó a Explorer hace ya un tiempo (hablamos de él por aquí hace unos dos años y medio), seguirá teniendo un «modo Explorer» durante una temporada más.

El 15 de junio de 2022 Microsoft retirará definitivamente Internet Explorer.

(Existe un motivo para que sigan quedando esas trazas de IE. Hace muchos años, cuando IE6 parecía gobernar el universo, algunos desarrolladores web comenzaron a crear aplicaciones no para la web, sino para ese navegador en particular. Esas aplicaciones siguen sobreviviendo en las intranets de algunas compañías. Y esas empresas, enormes, presionan a Microsoft para que no acabe de matar un fósil informático. Y así Microsoft ha incorporado durante años modos de compatibilidad a las sucesivas versiones de IE. Quién sabe si Explorer acabará sobreviviendo a COBOL, a este ritmo.)

Pero, en cualquier caso, dentro de un año muy, muy poca gente podrá navegar con el odiado IE. Albricias. Pero…

¿Siempre hemos odiado así a Explorer?

De hecho… no. Hubo un tiempo (a caballo de los siglos XX y XXI), durante la primera guerra de los navegadores, en que la comunidad del diseño y desarrollo web saludó con entusiasmo la llegada, primero, de Internet Explorer 5.5 para Mac (en aquella época Internet Explorer era el navegador por defecto de los Mac: Safari no llegaría hasta 2003) y después de IE6.0, que representaron una verdadera revolución frente al entonces hegemónico Netscape Navigator (y las anteriores versiones de IE, que no eran ninguna maravilla, por decirlo amablemente). La revolución venía de que el navegador de Microsoft comenzaba a respetar los estándares, como CSS, que el W3C llevaba ya un tiempo intentando imponer para que los diseñadores y desarrolladores pudiesen crear sus páginas con la esperanza de que funcionasen en cualquier navegador, pero que Netscape había ignorado con devoción. Lágrimas de alegría derramó más de uno. De verdad.

Durante la primera guerra de los navegadores la comunidad del diseño y desarrollo web saludó con estusiasmo la llegada de Internet Explorer 5.5.

¿Y entonces?

Decía en el párrafo anterior que IE 5.5 y 6.0 comenzaban a respetar los estándares. El problema es que se quedaron en eso: en un inicio prometedor.

Microsoft había llegado tarde a esa cosa llamada web. Cuando se dieron cuenta del error cometido, pusieron toda la carne en el asador para recuperar el tiempo perdido. Y lo hicieron por dos vías. En primer lugar, a través de toda una serie de prácticas monopolísticas que acabaron en los juzgados. Pero también a base de desarrollar rápido y bien un navegador que comenzó balbuceante, pero que para 2001 era mejor, sin lugar a dudas, que el de Netscape (para rabia de muchos, entre ellos el que suscribe, a los que los comportamientos de Microsoft nos provocaban un rechazo total, y que usábamos IE cuando no nos quedaba más remedio).

La victoria de Microsoft fue tan rotunda que se quedaron prácticamente sin competencia. En cuestión de meses la cuota de mercado de IE superó el 90%. Microsoft se vio no solo líder, sino sin rival. Netscape se vio abocada al fracaso, por la competencia, leal y desleal, de Microsoft, pero también por multitud de garrafales errores propios. Y Microsoft decidió lo que deciden muchas empresas una vez alcanzado el monopolio de facto: echarse a dormir. Y desarticuló el equipo que había desarrollado el navegador. ¿Para qué dedicar recursos a una batalla ganada? Y el progreso de los estándares web se detuvo en seco, para desgracia de todos los que habían aplaudido (con razón) la llegada de IE 6.0.

La llegada de Mozilla, Firefox, Safari y Chrome hizo que, poco a poco, estos navegadores implementasen cada vez mejor los estándares y la vida de diseñadores y desarrolladores web se hizo cada vez más cómoda.

Afortunadamente, de las cenizas de Netscape surgió Mozilla y en 2002 tuvimos la primera versión de Firefox. Como decíamos antes, en 2003 llegó Safari. Bastante más tarde, en 2008, llegaría Chrome. La competencia hizo que, poco a poco, estos navegadores implementasen cada vez mejor los estándares, y con ello la vida de diseñadores y desarrolladores web se hizo cada vez más cómoda: siguiendo las mejores prácticas a la hora de escribir HTML, CSS y JavaScript se acercaba el sueño de escribir tu código una sola vez y confiar en que funcionase razonablemente en todos los navegadores. Todos, menos IE…

De ídolo a paria a zombIE

…y es que el coloso Microsoft tardó en despertar. No lanzó un nuevo IE, el 7, hasta 2006. El 8 llegó en 2009, el 9 en 2011… El ritmo de mejora de IE no podía competir con el dinamismo de sus rivales, que aceleraban cada vez más el ritmo con el que lanzaban sus sucesivas versiones, hasta el punto de que hoy no somos conscientes de la versión de Chrome o Firefox con que trabajamos. Y todos los que escribimos HTML, CSS y JavaScript comenzamos a odiar profundamente tener que dar soporte al navegador de Microsoft y sus manías ancladas en el pasado. Pero no nos quedaba más remedio que «hacerle casito». Y es que mientras el mundo evolucionaba, poco a poco, hacia los estándares web, las grandes empresas que como comentábamos antes, habían creado sus aplicaciones para IE6, ahora necesitaban que IE siguiese vivo. Resultado: Internet Explorer se convirtió en el zombIE que todos queríamos matar (comenzando por la propia Microsoft) pero parecía resistirlo todo.

Internet Explorer se convirtió en el zombIE que todos queríamos matar (comenzando por la propia Microsoft) pero parecía resistirlo todo.

Han pasado casi veinte años (varias eras, en «tiempo internet») del lanzamiento de Internet Explorer 6. Casi seis desde que Microsoft intentase finiquitar la marca IE con el lanzamiento de Microsoft Edge. Y tan solo falta uno para que podamos despedirnos ¿definitivamente? del navegador que todos hemos aprendido a odiar. Nunca tanta gente habrá celebrado con tanta alegría una muerte. Hasta nunca, Internet Explorer.

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